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jueves, 2 de enero de 2014

El capitalismo de las patatas

Cuando iba al pueblo de pequeño siempre me contaban la misma historia:
"Este año, nadie sembró patatas, ha habido pocas y se venden caras. El año que viene, todo el mundo sembrará patatas, habrá muchas y se venderán muy baratas. Así, al siguiente, nadie querrá sembrar patatas y vuelta a empezar".
Era una especie de ciclo natural capitalista inevitable. Y es que, me explicaron luego en el instituto, Adam Smith ya definió el mercado, como una "mano invisible" que todo lo controla y todo lo equilibra. La oferta y la demanda lo rigen todo. Si la demanda de un bien aumenta, el precio sube. Pero si la oferta es mayor que la demanda, el precio, mágicamente, bajará. Así es la economía de mercado. Esa es la gran ventaja del capitalismo, me dijeron, respecto al rígido sistema de economía planificada de los países comunistas.
Luego, llegaron los años 90 y el comunismo se derrumbó. El capitalismo se erigió vencedor; se proclamó el único sistema que realmente podría llevar a la humanidad al progreso y al bienestar. Atrás quedaba un comunismo fracasado que solo había sabido crear pobreza y esclavitud.
Hoy, sin embargo, le contaba a mi hijo la historia de "El capitalismo de las patatas", como algo de ciencia-ficción.
Nos cuentan los que mandan que vivimos en una economía de libre mercado, pero sí, por ejemplo, se nos ocurre comprar menos gasolina, nos la suben, a la vez, todas las compañías que trabajan "en libre competencia".
Si consumimos menos electricidad (entre otras cosas por la cantidad de empresas y comercios que han cerrado...), cada vez nos la venden más cara. Nos explican que es un por "déficit de tarifa", que nadie sabe de dónde viene, pero, más o menos es la cantidad que las compañías eléctricas esperaban ganar y no han conseguido hacerlo.
Yo la verdad, no acabo de ver la "ley de la oferta y la demanda" (ni otro tipo de leyes...) por ningún lado. Aunque, la verdad, sí que vemos más de una "mano invisible"...
Esas manos, no tan invisibles que, en cuanto llegan al gobierno, toman medidas, aún más perversas en nombre de "el mercado":
Si se nos ocurre no ir a médicos privados, se encargan de hacer cada vez más penoso acudir a hospitales públicos, despidiendo médicos, cerrando centros de salud o haciéndonos pagar cada vez más por lo que ya pagamos cada mes...
Si no queremos llevar a nuestros hijos a colegios privados, se dedican en cuerpo y alma a desprestigiar la enseñanza pública, deslegitimando las demandas de los profesores, recortando presupuestos a los centro o reduciendo becas y ayudas de comedor...
Si se nos ocurre no hacernos planes privados de pensiones para la jubilación, nos auguran que no cobraremos una pensión digna aunque trabajemos más y más años.
Creo que en realidad, nuestro régimen actual de gobierno no es desde luego una democracia, porque el pueblo no gobierna; ni su voluntad política se ve reflejada en sus "representantes" electos, ni siquiera sus necesidades de compra influyen en los mercados.
No acabo de encontrar el término que refleje nuestra situación. No me vale monarquía, ni siquiera oligarquía. He estado intentado encontrar cómo se diría en griego "gobierno de los avariciosos", pero no he conseguido encontrarlo. Pero, para mí, ese sería término más exacto. Nos gobierna un grupo de gente que espera ganar una determinada cantidad de dinero a nuestra costa; y si, por lo que sea, no lo consigue, no duda en cambiar normas, leyes, decretos, constituciones, lo que haga falta, con tal de conseguirlo. Caiga quien caiga.

Yo la verdad, si el comunismo ya murió, preferiría volver a "el capitalismo de las patatas".

jueves, 29 de agosto de 2013

¿Impuesto sobre los sueños?

El gobierno español, por increíble que parezca, quiere cobrar impuestos por el Sol.
Les da igual que se rían de ellos en el resto del mundo. Los españoles, por desgracia, sabemos que a este gobierno, ensoberbecido por su mayoría absoluta, cuando algo de le pasa por la cabeza, lo hace.
¿Qué será lo próximo? ¿Un impuesto sobre el aire respirado? ¿Una tasa de desgaste de aceras? ¿Un medidor obligatorio de deposiciones?
Ayer pensaba que lo más terrible sería que nos aplicaran un impuesto sobre los sueños. Quizá sea la única libertad que nos va quedando en este país, la libertad de soñar una sociedad mejor, un país diferente, otro mundo posible. Un futuro.
Parece algo exagerado, una cosa de todo punto imposible. Pero, la verdad, me da un poco de miedo que, en el fondo, ya lo hayan logrado.
Los mensajes siempre son los mismos: "hacemos lo que haya que hacer", "éstas son las únicas medidas posibles", "no hay otra salida". La sucesión incesante de estos discursos trata de mermar nuestra capacidad de soñar, hasta que ésta desaparezca por completo.
No tenemos un impuesto sobre los sueños, pero sí nos van imponiendo, poco a poco, medidas políticas, laborales y sociales para que dejemos de soñar.
Tal vez nuestra situación sea como la de la rana en la olla de agua caliente:

viernes, 12 de julio de 2013

Ciudadanos, clientes, usuarios o incordios

Esta mañana he ido, como se suele decir, "a hacer unos recados" y he pasado por la puerta del ayuntamiento del pueblo en el que vivo. El edificio ha sido "reinaugurado" hace pocas semanas, tras estar años en obras. El coste de dichas obras, como tantas otras cosas, es difícil de conocer para el común de los mortales, a pesar de haberse realizado con dinero público.
Y eso debe ser lo único público en ese ayuntamiento, pues si uno se asoma desde la calle, lo primero y único que se ve son dos carteles, un tanto cutres, de "prohibido el paso".
Sin duda, la idea de "transparencia" de esta corporación local es colocar las prohibiciones de acceso a sus instalaciones sobre una puerta de cristal...
Para culminar "mis recados" tenía que ir a una agencia de una entidad bancaria a ingresar dinero en efectivo en una cuenta perteneciente a esa precisa agencia de esa misma entidad. 
Ya sabía, por una transacción anterior, que, aunque llevara el dinero en efectivo y lo depositara en el mostrador delante del cajero, me iban a cobrar un euro por "gastos de gestión". 
Lo que ya, en mi opinión ha rizado el rizo hoy es que el cajero no ha cogido los billetes porque "no pueden aceptar dinero en efectivo después de las diez y media de la mañana"... Me daba, eso sí, la opción de hacer una transferencia por internet, por la que me cobrarían dos euros y medio.
Si, como queda claro, los bancos no trabajan para las personas, sino que, más bien, les incomodan, (al menos las que no madrugan...), ¿por qué toda la política parece trabajar al servicio de "salvar" al sistema bancario?
Desde luego, como queda patente en la puerta de nuestro ayuntamiento, a la política también le incomodan los ciudadanos, incluso los que madrugan...
Y es que ya no sé si soy ciudadano, cliente, usuario o un simple incordio...






lunes, 1 de julio de 2013

Pólvora del Rey

Este es el título de mi primera colaboración en "El Agitador", una interesante, variada y muy recomendable web de un grupo autodenominado "Bajoragonesa de Agitación y Propaganda":
"El Agitador" está repleto de interesantes artículos y colaboraciones, relacionados, en principio, con temas cercanos a Caspe, aunque no de manera exclusiva.
Espero estar a la altura del nivel de calidad demostrado hasta ahora en sus páginas y que esta colaboración no sea la última.


lunes, 4 de marzo de 2013

El valor del dinero II

Durante la "Jornada de Economía sin Dinero" a la que asistí el pasado fin de semana, recordé también una de las "costumbres ancestrales" que conocí durante los años que viví en el altiplano de Bolivia.
Es una tierra dura y áspera, donde una de las maneras de sobrevivir es apoyarse en la comunidad. El "trabajo comunitario" es vital para sacar adelante la agricultura, la ganadería y las obras públicas.
En la sociedad andina todos se apoyan, pero también se controlan, continuamente.
Así, si una familia, por alguna razón, prospera económicamente mucho más que sus vecinos, se ve "obligada" a organizar algo así como una "macrofiesta" comunitaria en la que se gastará todo aquello que la hace sobresalir respecto a lo demás, lo compartirá con todos aquellos que le rodean. Así, de alguna manera, se volverá a un "equilibrio" en la comunidad.
Para nuestra "civilización occidental" esto puede llegar a parecer una de las razones por las que los pueblos indígenas andinos no avanzan, no termina de salir del subdesarrollo... Con este tipo de costumbres nadie puede "levantar cabeza" y todo lo que prosperan se lo terminan "gastando en fiestas"...
Realmente no es fácil de entender. 
Pero tampoco me resulta sencillo entender lo que hacemos por aquí. Nuestro sistema capitalista nos enseña, al parecer, que si una empresa, o un banco, prospera tanto, tanto, tanto, que se convierte en lo que los angloparlantes llaman "too big to fall" (demasiado grande para caer), somos los ciudadanos de a pie, la clase trabajadora, los que tenemos que "apretarnos el cinturón" y sufrir toda clase de recortes en nuestros derechos políticos y servicios sociales para "apoyar" a esa gran empresa o ese gran banco cuando alguna "crisis" haga que entren en pérdidas, o disminuyan sus ganancias...
En el altiplano, los vecinos pobres exigen al rico que deje de serlo y reparta con ellos sus ganancias. Aquí,  por lo visto, son los ricos los que exigen a los más pobres que lo sean aún más para que ellos puedan seguir siendo ricos.


domingo, 3 de marzo de 2013

El valor del dinero

Ayer tuvo lugar en el pueblo donde resido una "Jornada de Economía sin dinero". Mientras escuchaba las exposiciones y las experiencias de los participantes recordé una curiosa historia que leía hace algún tiempo:

Es un día tranquilo en un pequeño pueblecito azotado por la crisis económica. Las calles están desiertas. Los tiempos son duros, todo el mundo tiene deudas y todo el mundo vive del crédito.
Ese día en concreto un rico turista alemán llega conduciendo al pueblo, se detiene en el único hotel y deja un billete de 100 euros en el mostrador, diciéndole al propietario que quiere echarle un vistazo a las habitaciones para poder elegir la que más le guste para pasar la noche.
El dueño del hotel le da varias llaves y le invita a subir las escaleras para que vea las habitaciones con tranquilidad. Acto seguido coge el billete y se va corriendo al local de al lado para pagar sus deudas al carnicero. El carnicero coge el billete de 100 euros y corre calle abajo a saldar su deuda con el criador de cerdos.
El ganadero coge el billete y sale a toda prisa a pagar su deuda con el fabricante de piensos. Este último también sale corriendo billete en mano camino de pub para pagar las cervezas que le debe al hostelero. El propietario del pub le pasa el billete inmediatamentte a una prostituta que está sentada en la barra, y que le ha hecho “a cuenta” un par de favorcillos sexuales.
La prostituta coge entonces el billete y sale a toda prisa hacia el hotel para pagarle al propietario el alquiler de las habitaciones. El dueño del hotel sitúa entonces el billete de nuevo sobre el mostrador de modo que el rico turista alemán no sospeche nada.
En ese momento el viajero baja las escaleras, coge el billete de 100 euros, afirma que en el hotel no hay ninguna habitación que le agrade lo suficiente, guarda su cartera y abandona el pueblo.
Nadie ha producido nada. Nadie ha ganado nada. Sin embargo, todo el pueblo ha quedado libre de deudas y sus habitantes miran ahora el futuro con mucho más optimismo. 
¿Cuál es el verdadero "valor del dinero"?