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viernes, 4 de enero de 2013

Libros al rescate

Esta mañana he visitado un santuario.
No pertenecía a ninguna religión en concreto, pero, sin duda, era un lugar de culto.
Como los verdaderos lugares de culto, no está a la vista de todos, aunque en modo alguno está oculto ni resulta inaccesible.
Al contrario, podemos encontrarlo en pleno centro de la ciudad, a la vista de tod@s. De tod@s aquello@s que, como iniciad@s, sepan verlo y apreciar todo lo que contiene, todo lo que puede ofrecernos.
Se trata de "Libros del Rescate", un local que nos ofrece una cuidada selección de libros de viejo y discos de vinilo. Un aparente anacronismo en este siglo XXI post-apocalíptico, pero que, sin duda, puede albergar gran parte de las respuestas que necesitamos l@s supervivientes al frustrado fin del mundo de 2012... e incluso puede plantearnos nuevas e interesantes preguntas para lo que nos quede de camino.
Personalmente ha sido una experiencia casi mística. Confieso que soy infiel al libro de papel desde que convivo con mi E-reader, pero todavía olfateo con ansia ese aroma de los libros viejos.
Por otro lado, mi hijo es un neo-converso a los discos de vinilo, una pasión que yo nunca tuve, pues mi infancia y juventud solo conoció los "placeres" y vicisitudes de los "cassettes". Sin embargo, estoy apoyando, con una mezcla de ternura y curiosidad, este retorno a los orígenes de la música comercial, en medio de tanto "E-chisme" de obsolescencia controlada...

sábado, 17 de noviembre de 2012

Solo le pido a Dios



Que la reseca muerte no me encuentre
Vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.
Que lo injusto no me sea indiferente,
Que no me abofeteen la otra mejilla
Después que una garra me arañó esta suerte.
Es un monstruo grande y pisa fuerte
Toda la pobre inocencia de la gente.
Si un traidor puede más que unos cuantos,
Que esos cuantos no lo olviden fácilmente.
Que el futuro no me sea indiferente,
A vivir una cultura diferente.

Creo que, por desgracia, Dios no escucha nuestras peticiones, pues todavía somos indiferentes a demasiadas cosas.



miércoles, 8 de febrero de 2012

La banda sonora de mi Vida


Estos días estoy inmerso en un experimento psico-sociológico.
He “heredado” de mi hija un chisme de esos “con manzanita”, que permite almacenar cientos de canciones y escucharlas en cualquier lugar. El aparato, desde el punto de vista de la generación de mis hijos es un poco arcaico, pues ellos ahora lo hacen ya todo con sus teléfonos móviles, pero yo lo he cogido con gusto.
Como además, en el disco duro de mi ordenador tenía almacenadas y casi olvidadas miles de canciones, ese aparato ahora me sirve para amenizar mis trabajos en el campo o mis viajes con mi propia “emisora de radio”.
¿Qué emite esa emisora? Pues lo que he dado en llamar “la banda sonora de mi Vida”.
Cada vez que alguien me pregunta qué música me gusta, no tengo ni idea de qué contestar. Pues nunca he tenido un estilo ni unos gustos muy definidos…, ni en la música ni en nada…
Entonces, ¿qué música guardaba en el ordenador? No sé muy bien. Toda aquella que ha ido significando algo para mi a lo largo de todos estos (bastantes ya) años…Algunas piezas “más clásicas” y otras mucho más “eclécticas”… Es curioso cómo la música es capaz de transportarnos con unas cuantas notas, diez, veinte, treinta años atrás… para recordarnos momentos de esa época. Momentos importantes o futiles; alegres o tristes; hermosos o ridículos; importantes o patéticos…
¿Qué queda de las personas que escucharon esa música? De nosotros y de los que la escucharon con nosotros. Algunas todavía nos acompañan o están cerca. De otras muchas, sin embargo, hace tiempo que no sabemos nada. Desaparecieron de nuestra vida; o incluso, a veces, de este mundo…
¿Y qué queda de ese ser que tenía nuestro mismo nombre y un cuerpo parecido cuando escuchaba esa música? ¿Sigue viviendo en nosotros o ha desaparecido también de este mundo…?
Hay que ver todas las preguntas que me hago ahora mientras trabajo o mientras conduzco… ¡Todo lo que puede evocar la música!


martes, 27 de diciembre de 2011

Cultura y "pirateria"


El nuevo ministro de Cultura del gobierno de España, en sus primeras declaraciones públicas ha afirmado que este país “no se respeta la Cultura” porque, según él se encabeza el ranking de la “piratería”…
Dejo aparte del tema de que, actualmente, se considere “piratas” a los que comparten música, películas y libros a través de Internet. A otros que, con la sola brújula de su avaricia y a embarcados en oscuras naves llamadas “mercados”, especulan con países enteros, los roban, violan y saquean para luego esconder sus ganancias en islas perdidas del Caribe, se les denomina “agentes financieros”.
Con esa salvedad, debo decir que estoy de acuerdo con el ministro. En España no se respeta la Cultura. Porque no creo que los “creadores” hayan deseado nunca que sus obras estuvieran inmersas en el “tsunami publicitario” en el que se nos suelen presentar.
Me gustaría saber qué opinan los músicos de que sus canciones se presenten como un breve intervalo musical entre la programación normal de las emisoras, que no viene a ser mucho más que anuncios y publirreportajes de grandes almacenes, bancos, y compañías de seguros o telefónicas. Y en las emisoras locales puede ser peor, pues la música aparece entre anuncios de fruterías o talleres de ruedas…
El cine no lo tiene mejor. Pocos directores creo que soportarían sin un ataque de nervios los cortes (despieces, más bien) publicitarios que sufren sus películas. ¿Qué trama, por muy bien hilada que esté, puede soportar diez minutos de anuncios cada cuarto de hora? ¿Y en qué ambiente especial puede conseguir introducirnos un director, si sus imágenes vienen “emparedadas” entre el Burguer King y Media Markt?
Y si vamos a ver la película en una sala de cine, tendremos que soportar también, como “penitencia previa”, anuncios publicitarios o avances de películas que no nos interesan lo más mínimo, pero eso sí, siempre a un volumen ensordecedor.
Los libros, de momento, vienen sin anuncios; pero escritores prestigiosos, algunos de los cuales claman también por el respeto a la cultura, escriben en revistas donde apenas podemos encontrar sus artículos, “hábilmente” envueltos en el celofán de anuncios de colonia y coches de lujo.
Por todo eso, estoy de acuerdo con el ministro, en España no se respeta, en general la Cultura. Por eso, los que queremos escuchar música sin anuncios y ver películas sin interrupciones, tenemos que recurrir, a menudo, a compartirlas con amigos y verlas tranquilamente, en un ambiente adecuado, sin ser asaltados sin piedad por mensajes indeseados que destrozan toda la magia del arte.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Zombis en el purgatorio


Este sábado fui conduciendo solo por primera vez de Jacmel a Puerto Príncipe.
En todo el tiempo que he estado aquí solo he ido a Puerto Príncipe por obligación. Hay quien dice que esa ciudad es el infierno. Yo no estoy de acuerdo.
No creo que pueda ser el infierno una ciudad donde viven cientos de miles de niños. Niños que van a la escuela con sus uniformes limpios y planchados y una sonrisa en los labios. Y donde viven otros miles de niños que no pueden ir a la escuela porque no tienen quién les pague ni les lave y les planche el uniforme, pero, con la misma sonrisa, tratan de ganarse el pan de cada día limpiando coches, por ejemplo.
Pero, sí que es cierto que, Puerto Príncipe es una especie de purgatorio. Un lugar donde millones de almas parecen expiar sus pecados. Pecados que tal vez ellos no han cometido. Pecados tal vez de otros. Tal vez, incluso nuestros propios pecados. Aunque esos pecados no sean los que nos enseñó la Santa Madre Iglesia; sino otros, pero tal vez igual de capitales como el Olvido, el Desinterés o la Apatía.
En cualquier caso, esta vez me dirigía a Puerto Príncipe por placer. Recorrí las procelosas curvas de la montaña de Jacmel al amanecer escuchando algunas de mis canciones favoritas. Puedo asegurar que escuchar “Zombie” de The Cranberries en esas circunstancias, adquiere un sentido especial.
El sábado acudí a Puerto Príncipe por primera vez por placer porque iba a buscar al aeropuerto a mi “sorpresa inesperada de última hora”: a mi hija, que viene a pasar conmigo mis últimos días en Jacmel.

viernes, 20 de mayo de 2011

miércoles, 9 de febrero de 2011

Sonidos del hotel

Aunque de pequeños nos enseñen que tenemos cinco sentidos, creo que la Humanidad actual se guía casi exclusivamente por uno: la vista. Por los ojos nos entra todo; por los ojos nos venden todo. Vivimos rodeados de imágenes. Soñamos con imágenes.

Sin embargo, a veces nuestra mente no recuerda que tenemos otros sentidos. Hoy la mía me ha hecho pensar en los sonidos que me rodean. La verdad es que vivo en un lugar bastante tranquilo; alejado del bullicio del centro de la ciudad. Pero también me he dado cuenta de que es un lugar bastante curioso; al menos, a tenor de la peculiar sinfonía de sonidos que podría considerar habituales.

Como el camión que pasa todos los días a las seis y cuarto de la mañana, tocando su estridente bocina. ¿Quién necesita un despertador?

El joven borrico que vive en la parcela a la que da la ventana de mi habitación, y que todavía no ha aprendido a entonar bien su “dulce” voz.

La tele siempre alta del vecino de dos puertas más allá, tan aficionado a las telenovelas francesas, que también las hay.

La llamada a la oración de un cliente musulmán cada tarde, recordándonos que, en este mundo globalizado, cualquier lugar está cerca de La Meca.

Los chasquidos provenientes de la habitación del chino, al lado de la mía, que me tuvieron varios días intrigado. Hasta que descubrí que el hombre usaba un curioso chisme, parecido a una raqueta de tenis eléctrica para cazar mosquitos.

La música típica haitiana, pero un tanto machacona para mi gusto, de las fiestas que organiza la dueña de hotel para sus amistades. Porque la señora, con sus setenta años recién cumplidos “adore dancer”.

Y, mucho más relajante, el concierto de música clásica que escucha todos los domingos mi vecino canadiense.

Todo esto forma parte del particular pequeño universo sonoro que me rodea.


domingo, 22 de agosto de 2010

Los 40 Principales de la NASA

La agencia espacial pone en marcha un concurso para elegir entre 40 canciones con las que despertar a los tripulantes de las misiones.
Se puede consultar la lista y votar en: https://songcontest.nasa.gov/top40.aspx

Yo, personalmente, añadiría esta otra propuesta: