sábado, 8 de mayo de 2010

La teoría del movimiento

Estuve pensando en las razones por las que se mueven actualmente los seres humanos en la sociedad occidental.
En primer lugar, llegué a la conclusión de que la mayoría realmente no se mueven en absoluto, o lo hace solo de manera aparente. Sobreviven como peces en una pecera. Van de una esquina a otra: casa, trabajo o centro de estudios, casa de nuevo; ocio los fines de semana (bar, discoteca, futbol),... Como los peces, no se dan cuenta de que están encerrados en un espacio limitado. Mientras reciban comida habitualmente y se mantenga la temepratura y la salinidad del agua, no tendrán problemas. Incluso pueden llegar a reproducirse, dando lugar a nuevas generaciones, capaces de vivir sin mayores traumas en la pecera de sus antepasados.


Pero un pequeño porcentaje de seres humanos no son capaces de vivir en esas condiciones. Necesitan algo más.


El problema es que las motivaciones de la mayor parte de este grupo de "insatisfechos" son solamente tres: el dinero, el poder o ambas cosas a la vez. Siguiendo con un símil acuático, serían como los tiburones. Estos animales son depredadores casi perfectos, extremadamente capacitados para cazar y desarrollarse a costa de los demás. Aunque tienen un problema: su fisiología no les permite detenerse nunca, siempre tienen que estar en movimiento, cazando, matando, "desarrollándose"... Cómo ellos, existen seres humanos que siempre parecen estar en movimiento; pero sólo en busca de más. Más poder, más dinero... Y siempre necesitan más.


Finalmente, creo que existe otro pequeño grupo de personas, incapaces de vivir en una pecera, pero sin vocación de tiburones. Les gustaría nadar libres en aguas abiertas, descubrir nuevos mares, océanos más limpios donde criar a su descendencia. Pero también sienten la necesidad de compartir esas experiencias con sus congéneres. Descubrirles que hay otros mundos posibles fuera de los estrechos límites de sus peceras.


Sienten, como todos, la amenaza de los tiburones, pero tienen la esperanza de que unidos en un gran banco de peces libres, podrán liberarse de esos depredadores "en continuo desarrollo".

jueves, 6 de mayo de 2010

Bienvenidos al Norte

Hace un par de noches vi una película francesa. Se trata de "Bienvenidos al Norte".
En general, no es fácil en España ver cine francés. Ellos fueron los creadores del invento, pero, salvo muy contadas excepciones la cinematografía de nuestros vecinos nos es casi desconocida.
En este caso, se trata, según dicen, de "la película más taquillera de la historia del cine francés". Aunque yo, más que guiarme por ese dato, la vi tras la recomendación de una joven francesa que acaba de pasar unos días de intercambio con nosotros.
Al principio me parecía que el tema iba a ser demasiado local. Algo que les haría mucha gracia a los franceses, pero que nosotros no íbamos a ser capaces de entender. La película se basa en estereotipas regionales: un funcionario es destinado a trabajar en una región que la mayoría de sus compatriotas consideran "un horror".
Se va desarrollando así una trama en la que el "choque cultural" no es sino la consecuencia del desconocimiento del otro. La base no son sino prejuicios derivados de un cierto sentido de la superioridad de unas culturas, dominantes, sobre otras.
Como se puede ver, es un tema bastante más universal de lo que pensaba en un principio. Así, el protagonista va descubriendo que bajo una apariencia algo "extraña", "exótica" o "salvaje", encuentra seres humanos como él, con parecidas inquietudes y preocupaciones.
Claro que, la clave del éxito de la película está en el tono en el que está contada. Es una comedia que, lejos de caer en la chabacanería, tiene momentos de muy fino humor. No busca arrancarnos la carcajada fácil, sino que, poco a poco, una sonrisa se vaya instalando firmemente en nuestro rostro.
Curiosamente he leído que, la región en la que está ambientada la película ha visto revitalizada su economía, "se ha puesto de moda". No hay como saber reirse de uno mismo para avanzar.
En resumen, me pareció una historia sencilla, pero muy agradable.
Además, de una forma paralela, plantea la teoría de mejora de las relaciones de pareja en la distancia.
No todo el mundo está de acuerdo con este planteamiento. Se dice que " el roce hace el cariño". .. Aunque no hay que olvidar que también puede levantar ampollas...
En cualquier caso, creo que el que una pareja sea capaz de enfrentarse a nuevos desafíos, juntos o por separado, puede que sea una de las claves para que se fortalezca.

sábado, 1 de mayo de 2010

Ladrón de bicicletas

Acabo de ver "El ladrón de bicicletas". Una película italiana de 1948. Considerada un hito en la historia del cine
Tal vez sea, también, una buena película para reflexionar este 1º de Mayo, Día del Trabajo.


Mucho han cambiado las cosas desde los años cuarenta. De la Roma de la posguerra, en blanco y negro, hemos pasado a la Unión Europea de la TDT. Las calles están, generalmente, asfaltadas, y ya no circulan tranvías abarrotados (aunque algunos alcalde"visionarios" se empeñen ahora en recuperarlos para la modernidad).


Pero, sin embargo, podemos encontrar sorprendentes paralelismos.
De la Europa destrozada por una guerra política hemos pasado sentirnos supervivientes de guerras económicas también a escala mundial. Ni una ni otra fueron responsabilidad de las clases trabajadoras, pero en ambos casos, éstas resultan ser las más perjudicadas.
Ahora también, cada mañana, miles de personas buscan un empleo. Antes, al pie de una escalera; ahora, muchas veces, a través de un ordenador.
Hoy en día no acudimos empeñar seis juegos de sábanas (tampoco nos darían nada por ellos...), pero los anuncios de "Compro Oro y joyas", salvan algunas economías.
Si encontramos mañana un trabajo, no nos exigirán que llevemos nuestra bicicleta, ni lo perderemos si nos la roban. Pero nos exigirán "carnet, de conducir, vehículo, propio y disponibilidad para cambiar de residencia"...
Ahora, como entonces, formamos parte de una masa anónima, una estadística. En el mejor de los casos, de "una sincera preocupación por parte de nuestros gobernantes"...


Pero, ¿por qué causan realmente preocupación la falta de trabajo? ¿Porque los parados no consumen tanto como sería deseable? ¿Porque no viajan, no se compran coche o pueden dejar de pagar su hipoteca?
¿O se trata más bien de una cuestión de dignidad personal? En la película puede verse muy claramente expresado ese aspecto en el lenguaje corporal del protagonista. Basta comparar su actitud en la escena al levantarse con su hijo para ir a trabajar, o cuando, finalmente, parece desesperar de poder recuperar su bicicleta y, en consecuencia, su empleo.
Y no sólo es una cuestión de dignidad hacia uno mismo, también, como la película nos muestra, la situación de desempleo tiene implicaciones muy importantes en nuestra relación con los demás. Sobre todo con nuestros seres más queridos. Su apoyo es fundamental para nosotros. Pero cada día sentimos que, precisamente por ese apoyo, se merecen que les demos mucho más por nuestra parte. Y no siempre conseguimos dárselo.

miércoles, 28 de abril de 2010

Compromiso y lucidez

A sus 93 años, pocas personas son capaces de llenar una entrevista de poco más de treinta minutos con tantos contenidos, tanta sabiduría y tanta vitalidad.


martes, 27 de abril de 2010

Revolución tecnológica

Por fin algo novedoso y técnicamente sencillo que nos puede cambiar la vida...


Velas

El día no empezó con muy buenas noticias:
Un error del INE adelanta que la tasa del paro supera el 20%

Lo grave es que el "error" del Instituto Nacional de Estadística español NO ha sido que el desempleo supere el 20%, lo que resulta ser cierto, sino permitir que se publique el dato antes de lo previsto.

Tras tomar su desayuno con algo así, uno siente la tentación de volver a meterse en la cama... Pero otras noticias hacen que veamos la luz, que recuperemos la esperanza en que esta crisis tiene solución.

Por un lado, se ha creado el primer "índice bursátil cristiano de Europa."
Si el Vaticano toma las riendas de las bolsas europeas, no hay duda de que "estamos salvados". Quizá no encontremos empleo para los millones de desempleados; quizá algunas de las empresas incluidas (BP, Shell, GlaxoSmithKline, Nestlé, Vodafone, ...) sigan destrozando el medio ambiente o acosando a pueblos indígenas, pero sin duda, será más fácil que todos nos encaminemos más rápidamente hacia la "salvación eterna".

Y, por si eso no fuera bastante, como algo tendremos que poner también nosotros de nuestra parte, una empresa nos ofrece la posibilidad de poner una vela a nuestro santo o virgen favorita, sin movernos de la comodidad de nuestro sillón, solamente con una llamada de teléfono, un SMS o a través de Internet.


http://www.youtube.com/watch?v=dYqapQhIVNc&feature=player_embedded#!

Me preocupa un poco el asunto por personas como mi madre, bastante achacosa ya la mujer, que si no fuera por ir a misa cada mañana no estoy seguro de que saliera de casa.

Y es que, digan lo que digan, la red cada vez ofrece más posibilidades religiososas. Si no lo creen busquen en Google "confesión" y encontrarán un buen montón de sitios para liberarse de sus pecados. Con un cierto toque de exhibicionismo, eso sí. Algunos incluso, someten a votación entre los visitantes si el pecador debe ser absuelto o no.


En fin, tal como están las cosas, habrá que pensar en lo de poner velas. Pero eso sí, tal vez convenga, por si acaso, poner una a Dios y otra al FMI...


miércoles, 21 de abril de 2010

La Teoría del Pack

Desde muy pequeños, ya nos obligan a elegir: "¿Y tú a quién quieres más, a tú papá o tu mamá?".
Y de ahí para adelante todo son elecciones:
  • Francés o inglés.
  • Ciencias o letras.
  • Izquierda o derecha.
  • Conservador o progresista.
  • Religioso o agnóstico.
  • Perro o gato.
  • Soltero o casado.
La toma de decisiones ante estos dilemas, va definiendo nuestra personalidad, nuestro pensamiento y nuestro estilo de vida. Pero, a la vez, nos va encasillando. De alguna manera es como si decidiéramos, voluntariamente, autolimitarnos. Nos vamos encerrando en nuestra propia prisión.
Porque, si, de repente, hacemos algo o decimos algo que no se corresponde con nuestra pública elección, seremos acusados de "inconsecuentes", frívolos o "chaqueteros".
Es lo que a veces he denominado "la Teoría del Pack". Una actitud política, por ejemplo, parece que lleva, inelidublemente, consigo todo un "pack" consistente en una forma de vestir, un tipo de literatura que leer, un tipo de decoración en tu casa, unos determinados lugares de ocio y de vacaciones...; y lo que es peor, en mi opinión, una serie de cosas que nunca puedes decir o hacer, grupos de personas a los que no puedes ni acercarte, periódicos que no puedes leer, emisoras de radio que no debes escuchar...
Por eso, de repente, conviene que alguien sacuda el árbol bajo cuya buena sombra nos hemos cobijado y haga caer manzanas (o incluso cocos...) sobre nuestras cabezas...
Acabo de leer "La proporción áurea", un libro sobre matemáticas. Dicho así, ya impresiona. Lo que ocurre es que es un libro un poco atípico. No es una lectura científica, aunque no faltan en él fórmulas matemáticas. Se trataría más bien, de un tratado de arte, pues intenta explicar por qué algunas cosas nos parecen bellas y otras no tantos. Pero, a la vez, nos introduce en un concepto "natural" de belleza: los modelos que plantas, animales, e incluso minerales, eligen "inconscientemente" para desarrollarse y que, curiosamente, coinciden con esquemas que, tanto artistas como matemáticos, consideran como los más "perfectos".
"¿Ciencias o letras?" "¿Arte o tecnología?" "Progreso o Conservación?". La Naturaleza no sabe de elecciones. Simplemente, toma lo mejor que tiene a su disposición y con eso, resuelve sus problemas, supera sus crisis y se va reinventando continuamente
Una vez más, tal vez deberíamos plantearnos tomar ejemplo de este tipo de respuestas de la Naturaleza.

viernes, 9 de abril de 2010

Vivir un sueño

Todos recordamos el cuento de "Los tres cerditos" que nos contaron en la infancia. De hecho, creo que es uno de los cuentos que más nos han marcado en la vida.
De este modo, tenemos muy claro que no debemos tener una casa de paja o de troncos, porque puede venir el lobo y "soplar, soplar, para nuestra casa derribar". Así, aceptamos hipotecarnos por quince, veinte o treinta años, para asegurarnos la posesión de una robusta casa de ladrillo. Ahora bien, a veces tengo la impresión de que los lobos que se nos quieren comer están más bien detrás del "ladrillo"...

Pero esa no es la historia que yo quería contar, sino la de una pareja que no tuvo miedo de construir su casa de paja.
Esta pasada Semana Santa hemos pasado unos días en el Mas del Bot, un alojamiento rural en la zona de los Puertos de Beceite.
Es un lugar muy tranquilo y relajante, que transmite buenas sensaciones desde que entras en él.
Sin duda, eso se debe en gran parte a cómo está construido. Las paredes están levantadas con balas de paja sobre una estructura de madera. Los acabados son todos a base pigmentos naturales. La calefacción se basa en un sistema geotérmico de baja profundidad. El resumen sería sentirnos en un ambiente sumamente acogedor. Algo que no recordábamos, pero que parece surgir del fondo de nuestra memoria.
El proyecto es arriesgado. El lugar es pequeño. La construcción no ha sido todo lo sencilla ni económica que pensaban sus propietarios. Pero, y eso es lo que me parece más importante, Nigel y su compañera se empeñaron en hacer realidad su sueño y lo consiguieron.
Ahora nos ofrecen la posibilidad de vivir, por unos días, dentro de ese sueño. Para compartirlo, pero, sobre todo, para disfrutar de un entorno propicio a permitir que nuestros propios sueños fluyan hacia la superficie, rompan las barreras de nuestras mentes bloqueadas y, se muestren en todo su esplendor para animarnos, de una vez, a dedicar todas nuestras energías a hacerlos realidad.
Sin miedo a los lobos.

sábado, 27 de marzo de 2010

El verdadero sentido del negocio

Seguramente nadie compraría botellas de plástico vacías. Pero, si nos las venden con agua dentro, nos las llevamos por docenas. Muchas veces he pensado que, a la fuerza, tiene que valer más la botella en sí que el agua que lleva dentro. Entonces, ¿dónde está el negocio?, ¿en vender agua o en vender las botellas?
Hace unos días leía una reflexión a propósito de la televisión. ¿Por qué cada vez nos parece más sosa y aburrida? Tal vez porque, para los propietarios de las cadenas privadas, el negocio no está en entretenernos. Cada vez más, los programas no son sino excusas, rellenos que hay que colocar entre los distintos bloques de publicidad. Pues es de eso, de los ingresos por publicidad, y no de nuestro entretenimiento, de lo que vive un canal de televisión.
Y ya hace unos años, el presidente de uno de los equipos de fútbol más famoso de España afirmaba que para ellos, el negocio no estaba, ni mucho menos, en llenar los campos de espectadores, sino en la venta de camisetas y en otros ingresos publicitarios. Lo de jugar un partido cada domingo no era sino una mera costumbre; algo que era necesario seguir haciendo, todavía, para mantener la imagen de marca. Así, los miles de espectadores que acuden al campo y pagan su entrada, no hacen sino colaborar a que el espectáculo quede más bonito. ¿A que quedaría feo retransmitir los partidos por televisión con el estadio vacío? Pues en este caso, los figurantes, en lugar de cobrar, pagan.
Parece que la base del éxito empresarial consiste, cada vez más, en ver más allá, en ser capaz de comprender cuál es el verdadero sentido del negocio.

Pero, ¿cuál es la base del éxito político? ¿Cuál es el verdadero sentido de hacer política? El objetivo de los partidos debería ser conseguir el mejor gobierno y el mayor grado de bienestar de los ciudadanos. Pero, a veces me pregunto si toda esta maquinaria electoral, todo este mundo del espectáculo de mítines, debates encendidos y discursos supuestamente ideológicos, no será sino mero entretenimiento. Quizá el verdadero sentido de ese "negocio" sea otro. Algo que los espectadores no llegamos a ver, pero empezamos a sospechar.
¿Nos están vendiendo agua o botellas vacías?

sábado, 20 de marzo de 2010

Garantías

Las navidades pasadas le regalé una cámara fotográfica digital a mi hija. Era un regalo especial, por lo que traté de no buscar un modelo cualquiera, sino un modelo de un cierto nivel. Elegí finalmente una marca alemana. A los tres meses, la cámara se estropeó. La garantía se hizo cargo de la reparación, pero hubo que enviar el aparato a Alemania y durante varias semanas mi hija no pudo utilizar su cámara fotográfica, que tanta ilusión le hacía. El problema no terminó ahí, pues la avería se ha repetido dos veces más. En todas las ocasiones, la garantía del fabricante se ha hecho cargo de la reparación, pero creo poder asegurar que a mi hija ya no le hace tanta gracia el regalo que le hice con la mejor intención.

Hace unos dos años compramos un coche. El fabricante, uno de los "inventores" del automóvil, nos ofrecía tres años de garantía, lo cual nos pareció estupendo. En los últimos tres meses, el vehículo ha estado tres veces en el taller. Siempre con la misma avería. En todas las ocasiones la garantía del fabricante se ha hecho cargo de la reparación. No hemos tenido que pagar nada y, durante algunos días nos han ofrecido un vehículo de sustitución; curiosamente, de otra marca.

Hace unas semanas avisamos a un fontanero para que revisara la cisterna del retrete, que nunca se terminaba de llenar. Vino de inmediato, la arregló enseguida y se fue. Al día siguiente, la cisterna volvía a funcionar mal. Le avisamos de nuevo. Volvió y la revisó de nuevo. No nos cobró nada esta vez. Nos dijo que le había pasado en varias visitas; que le habían enviado piezas defectuosas, pero que nos lo reparaba de nuevo sin coste adicional.

A día de hoy, la cisterna vuelve a funcionar mal. Nuestro coche está de nuevo en el taller. Al menos, la cámara digital de mi hija creo que funciona.
Creo que nunca nos han ofrecido más garantías y nunca han funcionado peor las cosas. Pienso que antes se hacían las cosas bien, por el orgullo de la labor bien hecha.
Ahora existe algo denominado "obsolescencia controlada", también conocido en mi pueblo como "tente mientras cobro". Tanto bienes como servicios no están concebidos para durar, pues esto iría en contra de la idea del "desarrollo", del "crecimiento" y del "consumo". Todo, o casi todo, se hace para proporcionar una "satisfacción" momentánea, para responder a una pulsión del deseo. Pero una vez obtenido, el objeto o el servicio se vuelve desechable y está previsto que sea necesario sustituirlo, lo antes posible, por otro.
Lo que más me preocupa es que los ciudadanos suframos también de esa "obsolescencia controlada". Nos convirtamos, poco a poco, en "desechables".
Nuestros gobiernos nos dan también continuas garantías: Si nos ponemos enfermos, nos atenderán sus médicos y sus hospitales. Si sufrimos una injusticia, podemos reclamar ante los tribunales. Si perdemos el empleo, tendremos un subsidio para sobrevivir... y poder seguir consumiendo.

Pero quizá, pese a tantas garantías, nos estemos apartando del camino de construir una sociedad más sana, más justa y en la que cada uno pueda trabajar, aportando lo mejor de sí mismo. Con el objetivo quizá no tanto de un "desarrollo sostenible", sino de disfrutar, cada uno de nosotros, de la satisfacción de una labor bien hecha.

martes, 9 de marzo de 2010

Félix Rodríguez de la Fuente

Acabo de asomarme a la 2 de Televisión Española y me he encontrado con un capítulo de "El hombre y la Tierra", la inolvidable serie de Félix Rodríguez de la Fuente. Concretamente, uno de los dedicados al lobo ibérico.
Mientras veía esas imágenes que siguen cautivándome y escuchaba su característica banda sonora, me he puesto a calcular cuándo vi la serie por primera vez. Y he llegado a la conclusión de que debe hacer unos 35 años.
Todavía me estoy recuperando del shock.


Hace 35 años España era una dictadura espiritualmente autárquica, muy alejada de veleidades europeístas.


La tele era en blanco y negro. El "canal y medio" que teníamos emitía solo unas horas al día. Pero había momentos en que las pantallas congregaban a españoles y españolas de todas las edades. Uno de esos acontecimientos que nos unían era la emisión de los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente.


A través de ellos, mi generación descubrió que la Naturaleza era algo más que una asignatura de la EGB; era algo que podíamos vivir y por cuya defensa y mejora merecía la pena trabajar.


Han pasado muchos años. Dicen que eso no es malo de suyo. No lo es si hemos vivido realmente esos años.
Muchas cosas han cambiado. En España, que ya es Europa. En la tele, que ya no es única, sino un caleidoscopio extraño y colorido, con decenas de canales que pasamos rápidamente con un movimiento de dedo, sin encontrar nada que estimule nuestra mente, y, desde luego, sin que exista ya ningún programa que vean juntos a padres, hijos y nietos.


Pero, sobre todo, hemos cambiado nosotros. Ahora, somo europeos y demócratas de toda la vida. Nuestro estándar de documentales son los de la BBC, mucho más espectaculares y políticamente correctos. A la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente nos faltó tiempo para sacar a la luz que sus documentales se realizaban en fincas cerradas con lobos amaestrados.
Hemos vivido mucho; hemos visto muchas cosas; pero, ¿hemos aprendido algo?, ¿ya no nos engañan tan fácilmente? Y, sobre todo, ¿amamos algo?, ¿nos apasionamos por algo?
No sé si Félix Rodríguez de la Fuente fue el mejor naturalista, pero, sin duda, amó lo que hacía, se apasionó por ello, y trató durante toda su vida de transmitirnos ese amor y esa pasión.

viernes, 5 de marzo de 2010

La Fe y las montañas

En estos días, de terremotos, ciclogénesis explosivas e "indicadores de confianza del consumidor", me ha llamado poderosamente la atención un texto del maestro del cuento breve Augusto Monterroso:

Al principio, la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios.
Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y era cada vez más difícil encontrarlas en el lugar que uno las había dejado la noche anterior; cosa que, por supuesto, creaba más dificultades que las que resolvía.

La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio.

Cuendo en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de Fe.

No todo está en crisis

Todos los días recibo puntual información de las plazas de funcionarios de todo tipo convocadas por las distintas Administraciones Públicas españolas.
Hace unos días recibí una que me llamó la atención: el Ayuntamiento de Badajoz anuncia las bases de convocatoria para una plaza de Técnico Medio de Cementerios.

No es cualquier cosa. No se trata de una simple plaza de enterrador. Se requiere una diplomatura universitaria. Los interesados deberán estudiarse un programa de 60 temas, sobre el que serán sometidos a dos ejercicios, uno teórico y un supuesto "práctico" (¿?!!).
Es importante señalar que los opositores deberán acreditar "no estar afectados por ninguna limitación psíquica que impida el desempeño de sus funciones".


A estas alturas de la crisis supongo que a pocos nos afectaría psíquicamente trabajar de Técnico Medio de Cementerios. Además, es un sector en el que nunca fallan los clientes. Si acaso cambian.

Un estudio reciente sobre "de qué se mueren los españoles", (realmente, hay gente haciendo estudios de todo...) muestra que los suicidios superan ya a los accidentes de tráfico como la primera causa de muerte "externa".


Supongo que una posible explicación podría estar en los más de cuatro millones de españoles en paro que ya no van todos los días en coche a trabajar y se quedan en su casa, pensando... si preparar oposiciones, aunque sea al Ayuntamiento de Badajoz...

jueves, 18 de febrero de 2010

Consumir(nos)

Nuestros políticos y los "agentes económicos" están de enhorabuena porque las familias españolas consumimos más.
Yo no acabo de encontrar motivos para compartir esa alegría.
El Diccionario de la Real Academia Española ofrece, como definiciones de "consumir":

(Del lat. consumĕre).
1. tr. Destruir, extinguir. U. t. c. prnl.
2. tr. Utilizar comestibles u otros bienes para satisfacer necesidades o deseos.
3. tr. Gastar energía o un producto energético.
4. tr. Dicho de un sacerdote: Recibir o tomar la comunión en la misa. U. t. c. intr.
5. tr. coloq. Desazonar, apurar, afligir. U. t. c. prnl.
6. tr. ant. Dicho de los legítimamente casados: consumar.
7. prnl. Col. y C. Rica. Zambullirse en el agua.


Dudo mucho que la citada euforia de los economistas sea debida a la 4ª definición, ni tan siquiera a la 6ª.
Supongo que ellos están pensado más bien en la 2ª o en la 3ª de la lista del DRAE.
Quizá estén felices porque los españoles ya podamos volver a satisfacer nuestras necesidades o deseos, aunque sea solo comiendo. Sin duda, un buen almuerzo, o una cena bien acompañado, sirve para ahuyentar muchos males y angustias.
Y me temo que la mayoría de los analistas siguen compartiendo la idea de que un mayor consumo energético es indicador de desarrollo...
Pero, en cualquiera de los casos, me planteo, ¿es positivo utilizar más comestibles u otros bienes? ¿es conveniente gastar más energía u otro producto energético? Si todos los humanos que compartimos este planeta hubiéramos cubierta ya todas nuestras necesidades de comestibles, energía y otros bienes, quizá podríamos plantearnos ese incremento.
Pero aún así, no puedo quitarme de la cabeza que el primer significado de consumir no es sino "destruir, extinguir". Quizá por eso me siento afectado por el 5º: "desazonar, apurar, afligir". Sobre todo si recuerdo que el verbo "consumir" se usa a menudo como reflexivo.

Creo que son demasiadas divagaciones para una soleada mañana de jueves. Como una imagen vale más que mil palabras, recomiendo recorrer la galería de imágenes "Consume hasta morir" de Ecologistas en Acción.

P.D: Que me disculpen colombianos y costarricenses por no haberlos tenido en cuenta, pero creo que, de todos modos, ya "me he tirado a la piscina".

martes, 16 de febrero de 2010

Mi cáscara de nuez

Hace muchos años conocí a un danés que, cuando cumplió cuarenta años, organizó una gran fiesta, a la que invitó a todos sus amistades. Quería celebrar que, según la esperanza media de vida en Dinamarca, él estaba en la mitad de su vida. No escatimó nada: comida, bebida ni orquesta en directo. Hasta encargó una especie de “pins” conmemorativos.
El día que yo cumplía cuarenta años estaba a trece mil kilómetros de todos mis seres queridos, recién llegado a otro país, rodeado de desconocidos. Ese día tuve que madrugar mucho, pues había quedado a las siete de la mañana para salir de viaje. Mientras esperaba a mi chófer en una plaza céntrica, me abordaron dos jóvenes veinteañeras. Muy simpáticas, me preguntaron quién era y a qué me dedicaba. Manifestaron su extrañeza de que alguien tan “atractivo” como yo estuviera tan solo y se empeñaron en dejarme un teléfono de contacto por si quería quedar con ellas. Interpreté el suceso como mi regalo de cumpleaños, una señal del cielo de que eso de “la crisis de los cuarenta” era un cuento chino, pues yo me encontraba, claramente, en mi mejor momento. Seguí pensando eso incluso después de deducir que las “jovencitas” no eran sino “profesionales” en busca de un “cliente”. (¿A esas horas? ¡Qué barbaridad, qué mal debía estar el "negocio"...!)
Ha pasado algún tiempo desde esta anécdota, y últimamente no hago sino pensar en que, ahora sí, ya he pasado el umbral estadístico de la mitad de mi Vida. Tengo por delante menos de lo que dejé atrás. Pero no es esa la circunstancia que más me preocupa, sino el hecho de no tener nada claro qué hacer en ese tiempo que me queda.
Creo que empiezo a ser un señor mayor. Incluso en un país tan irrespetuoso como España, la mayor parte de las veces los desconocidos me tratan de usted. Cuando hablo con mis hijos me recuerdo cada vez más a mi padre. De hecho, a menudo me pongo a sacar cuentas de qué estaba haciendo mi padre a estos años.
Y, sin embargo, siento que dentro de mí viven todavía el niño inseguro, el adolescente prepotente y el joven ilusionado…; pero no sé muy bien qué hacer con ellos. ¿Debo mandarlos callar o debo dejarlos que sigan ocupando un espacio en mi interior? Lo malo es que si les dejo, seguirán haciendo que, a menudo, mi comportamiento no sea exactamente el que se espera de un señor de mi edad…
Pero, ¿qué es lo que se espera de un “señor de mi edad”? ¿Qué debo hacer en la Vida? ¿Qué es lo que debo buscar? ¿Dinero? ¿Posición social? ¿Respetabilidad? ¿Reconocimiento público?
Se supone que el ser humano, una vez cubiertas sus necesidades más básicas se dedica a buscar la Felicidad. Pero algo tan sencillo puede adquirir muy diversas formas; tantas que muchas veces sucede que no sabemos reconocerla.
Yo tengo a mi lado el principal motivo para ser feliz: una compañera para lo bueno y para lo malo. Ambos estamos dispuestos a compartir el resto de nuestras vidas, pero ambos también estamos inmersos en un mar de dudas, respecto a qué hacer con esa Vida que nos queda.
Quizá debamos dejarnos llevar por las olas de ese mar; pero, para ello, creo que lo principal será tratar de reforzar la embarcación y repintarla. No dejar que una capa gris la cubra o que la falta de mantenimiento la debilite.
“Navegar sin temor, en el mar es lo mejor. Y si el cielo está muy azul, el barquito va contento por lo mares lejanos del Sur…”

lunes, 15 de febrero de 2010

El secreto de sus ojos

Las mejores películas no son siempre las que más dinero cuestan. Ni las vidas más llenas son siempre las más espectaculares.

“El secreto de sus ojos” es una película llena de pequeños detalles, que la van haciendo crecer poco a poco, con cuidado, encajando como un sutil mecanismo de relojería.

Sus diálogos quizá no sean una extraordinaria pieza literaria, pero son creíbles, cercanos, humanos, con todo lo que esto significa en cuanto a reflejo de flaquezas y debilidades.

Se trata del relato de una trama policiaca que marca la vida de sus protagonistas durante más de veinticinco años; pero no es un thriller al uso. No encontramos aquí héroes, sino más bien las modestas e inseguras existencias de unos cuantos hombres y mujeres que, quizá como nosotros, se plantean a menudo de qué está llena de su vida, cuál es la pasión que les mueve, o si el tren que estaban esperando ya partió sin ellos.

¿Le damos demasiado valor al pasado? ¿Nuestros recuerdos nos dejan vivir el presente? ¿Merece la pena que dediquemos la Vida a imaginar, cómo, si hubiéramos actuado de otra manera, nuestro presente sería de otra manera?

En una escena de la película alguien dice “que tiene demasiados pasados y ningún futuro”. Creo que es una frase que resume muchas cosas.

Tal vez las personas, las sociedades y los países, carguemos con una serie de lastres que nos impiden vivir plenamente el presente y ser capaces de imaginar un futuro diferente.


lunes, 8 de febrero de 2010

Sueños de futuro.

Esta semana he visto dos películas muy distintas, pero con un nexo en común: ambas mostraban visiones del fututo de la humanidad, y en ambas el protagonista se encontraba mucho más a gusto soñando que en la cruda realidad de su vigilia.

La primera película era “Avatar”. Finalmente no puede resistirme a la tentación de conocer Pandora, el planeta de los Na´vi.

El argumento no es demasiado original. En ocasiones incluso me daba la impresión de no estar viendo una película de ficción, sino un documental o un noticiario que nos transmitía sucesos que han ocurrido y, por desgracia, siguen aconteciendo en nuestro castigado planeta. La codicia y la ambición por encima de cualquier otra consideración moral.

Pero desde luego, la recreación de un nuevo mundo resulta fantástica y muy atractiva. No es extraño que el protagonista no quiera abandonarlo y trate por todos los medios de conservarlo.

La segunda película es “The Road”, con un escenario bastante distinto. Un mundo postapocalítptico, donde el único objetivo de la raza humana es conseguir comida y refugio para vivir hasta el día siguiente. Es en ese ambiente hostil, frío y gris, donde ya ni el mar es azul, donde un padre trata de proteger a su hijo y educarle para que sea, a pesar de todo “un buen tipo”. El niño no ha llegado a conocer el mundo antes de la hecatombe, para él siempre ha sido así. Pero el padre lo recuerda a través de los sueños. Sueños de los que le duele despertar y que le obligan a plantearse si el merece la pena la Vida si su único objetivo es sobrevivir.

Al apagarse el proyector, al salir del cine, al encender las luces de nuestro salón, la realidad nos aguarda. En ocasiones tampoco quisiéramos enfrentarnos a ella. Nos gustaría seguir soñando cosas bonitas.

Pero los medios de comunicación parecen tener como único objetivo recordarnos que el sueño terminó, que es hora de despertar y enfrentarnos a la realidad. Ya no somos la octava potencia mundial, el estado del bienestar está deviniendo en insostenible y nos conviene contar solamente con los recursos que tengamos en la mano.

Sin embargo, creo que quizá, paradójicamente, la mejor manera de enfrentarnos a esa dura realidad sea soñar. No meternos bajo el edredón y esperar a que llegue la primavera, sino soñar realmente. Construir nuevos sueños, individuales y colectivos. Dejar que nuestra mente, nuestra imaginación se libere de las pesadas ataduras de la realidad y disponer, uno por uno, y todos en conjunto, a vivir esos sueños, a vivir por ellos.

Necesitamos sueños de futuro.

miércoles, 27 de enero de 2010

Nuestro verdadero enemigo

Creo interesante compartir este fragmento del discurso de un soldado de los Estados Unidos.
Al regresar a su país, después de participar activamente en la guerra y la ocupación de Irak, descubre quiénes son sus verdaderos enemigos.


domingo, 3 de enero de 2010

Sobre la obsesión de viajar

Hace un rato pensaba que, hasta el siglo XX, uno de los lugares más inseguros para viajar debía ser el continente europeo. Un territorio constantemente inmerso en guerras, invasiones y revoluciones, con muchas zonas azotadas por la delincuencia y el bandolerismo
Quizás los habitantes de la Europa del siglo XXI, nos veamos ahora como los portadores de un mensaje de esperanza, de la Buena Nueva de que es posible una comunidad de países en paz, sin fronteras. Y, en consecuencia, nos sentimos impelidos a viajar por todo el mundo como misioneros de esa nueva Fe.
Así, con esa aura como única protección, recorremos todos los rincones del planeta, con nuestro pasaporte color granate, nuestras cámaras digitales y nuestra ropa de marca. Hacemos fotos a diestro y siniestro, sin consultar a los nativos si les importa o no. Recorremos zocos y bazares en pantalones cortos y camiseta de tirantes, preguntándonos por qué esas mujeres tan tapadas, pobrecitas, nos miran raro.
Al fin y al cabo, pensamos desde la piscina del hotel, los euros que nos gastamos en cubalibres, están colaborando al desarrollo económico y social de esos países. Cada vez que viajamos con nuestro 4x4 alquilado a recorrer ruinas, montañas y reservas de vida salvaje, acercamos un pasito más a la democracia, a la igualdad y a la sociedad del bienestar a esos pobres ciudadanos sometidos, todavía a dictaduras militares o religiosas.

Y si , además, aprovechamos esas vacaciones para llevar algo de "ayuda humanitaria", ya sean excedentes de comida, juguetes pasados de moda, móviles en desuso o gafas viajes, entonces podemos, con pleno derecho sentirmos realmente héroes o heroínas.

Aunque tal vez cabría pararse a pensar por qué Europa es ahora un remanso de paz y prosperidad, y de dónde obtuvo los recursos para alcanzar el Estado del Bienestar.

Por otro lado, ¿qué habríamos sentido en un pueblo de la España de principios del siglo XX, azotado por el polvo y por el sol, con los mosquitos de la malaria rondando por la laguna donde llevamos a abrevar a nuestra mula, si nos cruzamos con un chino vestido con un quimono de seda de vistosos colores?.

El hombre podría ser un alto funcionario del Imperio del Sol Naciente, una de las sociedades más ricas y avanzadas de la época, de vacaciones en un lugar exótico. Me lo imagino con un elegante cuaderno, y un finísimo pincel de pelo de marta, tomando apuntes del natural de aquel paisaje con nativos tan pintorescos.

Tal vez el "turista" no acabara de comprender por qué extraña razón, el paisano le lanzaba miradas torvas, frunciendo las cejas bajo la boina desgastada, mientras se secaba el sudor de la frente con una mano y tiraba del ronzal de la mula con la otra...

Planes estúpidos

Este año, durante las tertulias de Nochevieja con mis cuñad@s, el tema de los vuelos en avión fue bastante recurrente.
Por un lado, estaban los, entre indignados y/o fastidiados, por las nevadas que amenazaban la normalidad de sus viajes, o la vergüenza del cierre de la compañía aérea del presidente de los empresarios españoles, que dejó en tierra y sin navidades en familia a cientos de inmigrantes sudaméricanos.
En otro apartado estaban las conversaciones sobre los nuevos protocolos de seguridad en los aeropuertos, implantados ante el incremento de la amenaza terrorista "decretado" por Estados Unidos.
Finalmente, otro sector se dedicaba a compartir sus planes sobre viajes a lugares exóticos.
Yo les estuve escuchando a todos, entre curioso y perplejo, para terminar, finalmente llegando a una conclusión: viajar, sobre todo en avión, se ha convertido en un bien de consumo más, como los teléfonos móviles inteligentes, los GPS o las televisiones de plasma de cuarenta y tantas pulgadas.
El asunto es que yo sigo utilizando el móvil sólo para hacer llamadas; me encanta consultar los mapas de carreteras, desplegarlos y seguir la ruta con el dedo; y respecto a la televisión, no acabo de encontrar la ventaja en ver, ampliada dos o tres veces la cara del portavoz de la oposición rugiendo anatemas o la de la "famosa" de turno contando intimidades.
Para mí, viajar sigue siendo una actividad trascendente, fuente de conocimiento y de descubrimientos, tanto de otras culturas, sociedades y modos de vida, como de uno mismo.
Debo confesar que durante el mes pasado estuve tentado, por dos veces, de emprender algún viaje para "aprovechar" los días festivos de mi familia. Consulté cientos de páginas web buscando vuelos, hoteles y lugares "imprescindibles" a visitar.
Finalmente, deseché la idea, al no acabar de encontrarle sentido a un viaje apresurado, "por hacer algo". Y ello pese a que alguien muy cercano y muy querido, me recomendaba "cambiar de aires".
También sobre el "cambio del aire" trata este impactante vídeo, que quizá nos lleve a replantearnos sobre si tienen o no sentido muchos de nuestros viajes en avión.





Se trata de una denuncia sobre el incremento desmesurado del tráfico aéreo que realiza una organización denominada "Plane Stupid".
No sé por qué, su nombre, en español, me recuerda mucho a "Planes estúpidos"...