viernes, 19 de agosto de 2011

El viejo relojero

Desde hace unos días tenía un problema con mi reloj. Es un reloj que tengo hace muchos años. Me lo regaló la persona que más quiero, supongo que para que en todo momento recuerde el tiempo que hemos pasado juntos… y todo el que todavía nos queda por pasar…

No era un problema grave. Solo una pequeña pieza de la cadena se había roto y era preciso repararla. El asunto es que cosas que en España se solucionan fácilmente, aquí en Jacmel no siempre resultan tan sencillas. Este reloj es, como ya he dicho, una pertenencia muy querida para mí.

Tras darle muchas vueltas, me decidí a preguntar a un jacmeliano si conocía a algún relojero de confianza. Me dijo que sí, e incluso se ofreció a acompañarme.

En una de las calles principales, a la puerta de su casa, y a la sombra de unos porches, allí estaba el viejo relojero. Una silla de madera y su pequeño, muy pequeño y humilde puesto. Me dijo que, por supuesto, podría reparar mi reloj. Al momento, ¿su esposa?, saco de la casa un par de sillas para que esperáramos más cómodamente. Era el medio día, y un calor ardiente azotaba Jacmel.

El viejo relojero comenzó a rebuscar entre sus materiales. Dos gastadas bolsas de plástico con infinidad de piezas de reloj mezcladas. Mientras le miraba trabajar, calculé que en esas bolsas debía haber piezas de los relojes de tres generaciones de jacmelianos, al menos.

Por el sistema de prueba y error, el viejo relojero consiguió encontrar la pieza que necesitaba. Si bien no acababa de ajustar, con una serie de golpecitos, no demasiado delicados, consiguió resolver el problema. Mientras terminaba, se mordía el labio inferior, con la misma expresión que un niño haciendo sus deberes con aplicación.

Finalmente, con cierto orgullo, el viejo relojero me devolvió mi querido reloj. Gracias a él, seguiré viendo pasar el tiempo en esta histórica ciudad que me acoge desde hace meses.


jueves, 18 de agosto de 2011

Hospital Saint Michel


Ayer estuve en el Hospital Saint Michel. Se trata del principal centro médico de Jacmel. Un hospital público. De hecho, creo que el único hospital público del Jacmel.

La primera impresión es que es como una ciudad, dentro de otra ciudad. Nada que ver con nuestros mastodónticos “Hospitales Generales”. En el Saint Michel, hay edificios de una sola planta, calles, jardines e incluso una iglesia bastante grande… Es verdad que las instalaciones no son demasiado nuevas; algunas sufrieron los efectos del terremoto de enero de 2010 y han sido sustituidas por tiendas de campaña provisionales… que ya se han convertido casi en definitivas…

Sin duda es un hospital modesto, sencillo… y superpoblado… Pero, de alguna manera, me parecía más humano que algunos centros hospitalarios españoles… No sé, aquí, por ejemplo no “huele a hospital”… y, sin embargo, puede decirse, en líneas generales, que estaba limpio.

La razón por la que tuve que acudir al hospital fue un tanto curiosa. Por razones laborales, estoy intentando solicitar una visa de residencia en Haití, y uno de los requisitos es presentar un certificado médico en el que conste que el interesado no es portador del virus del VIH/SIDA.

Estos días recordaba que, cuando comenzaron a aparecer los primeros casos de esta enfermedad, se comenzó a denominar como la enfermedad de las tres “H”: Homosexuales, Hemofílicos y Haitianos. El tiempo ha demostrado que ese concepto era totalmente erróneo e injusto con los tres colectivos aludidos.

La verdad es que el trato que he recibido en el hospital Saint Michel para realizar estos análisis ha sido en todo momento correcto y profesional. Iba a decir también “rápido”, pero la rapidez es un concepto muy relativo, y bastante variable a ambos lados del Atlántico…

Como curiosidad, por alguna razón, la consulta a donde tuve que acudir estaba al lado de la sala de espera de las mujeres gestantes que venían a revisar su embarazo. La mañana que fui pude ver a más de treinta mujeres, todas en muy avanzado estado de gestación. Lo que me llevó a plantearme dos cosas: ¿no se colapsará el paritorio el mes que viene? Y, ¿cómo acude al hospital una mujer a punto de dar a luz, si aquí todas los taxis son motos? Me temo que aquí, también, alguna criatura ha nacido en el taxi…


domingo, 14 de agosto de 2011

Sueños infantiles

Hoy en mi paseo matutino me ha dado por fijarme en los niños con los que me iba cruzando por el camino. En qué hacían, cómo jugaban…

Me he encontrado a tres niños jugando en medio del camino a lo que hacía años que no veía: a las canicas. Lo que ocurre es que ellos no tenían esas bolitas de cristal con las que nosotros jugábamos cuando éramos pequeños. Ellos jugaban simplemente con piedras…

Otro niño jugaba a acarrear piedras con su camión de plástico. Un camión hecho con la parte inferior de un bote de plástico y tres tapes rojos como ruedas… (Si, tres. O el cuarto se perdió o el “artesano” no encontró más disponibles…)

Un niño de unos seis años a lo que jugaba era a cuidar de su hermanito de dos. Al menos no daba la impresión de que hubiera ningún adulto cerca al cargo de ellos.

Finalmente, un sudoroso adolescente de unos trece o catorce años pedaleaba bajo el ardiente con una bicicleta BMX del mismo modelo (y de la misma época seguramente…) de las que salían en la película “E.T.”…

¿A qué juegan los niños en España? Ahora, desde luego, juegan poco en la calle. Suelen estar bien “protegidos” en nuestras casas, bajo la “supervisión” de un adulto… Aunque, en muchas ocasiones ese “adulto” sea el programador del canal de televisión correspondiente, el “responsable” de contenidos de internet o el diseñador de video juegos para la Playstation… Asomados siempre a una pantalla, nuestros hijos conocen mucho más del mundo ¿real? que los niños haitianos, que solo conocen el mundo que ven pasar por la puerta de sus casas o de las tiendas de campaña donde viven.

Parecen infancias y adolescencias muy distintas, pero tal vez no tanto. En ambos casos se enfrentan a grandes incertidumbres. La mayoría de los niños haitianos todavía no saben seguro si irán a la escuela en septiembre. Los españoles, sí, (aunque con la que está cayendo, ya no sé si poner la mano en el fuego…). Pero todos ellos, a ambos lados del Atlántico se enfrentan a un futuro incierto. Los padres les decimos que estudien mucho porque así tendrán más posibilidades en la vida, aunque, mientras lo decimos, tanto los padres españoles como los haitianos, nos sentimos profundamente incapaces de asegurarles que esas posibilidades existan realmente.

Se habla de “generaciones perdidas”… ¿Cuántas ya realmente? Creo que son más bien energías desaprovechadas, ilusiones frustradas…, muchos sueños con un duro despertar. Suponiendo que nuestros niños no se hayan olvidado de soñar...

¿Somos capaces realmente de darnos cuenta de cuánta responsabilidad tenemos? Individualmente y como sociedad. Creo que debemos meditarlo bien cada uno, y unirnos después para luchar juntos y exigir también responsabilidades a las instituciones políticas y sociales que hemos creado y que no responden al mandato que les fue otorgado. Y todo esto, tanto en el Caribe como en el Mediterráneo…



La cabra tira al monte

Este viernes hubo otra vez “celebración” en Bainet. Algunos me comentan que parece que aquí no trabajamos y que solo vamos de fiesta en fiesta. Bueno, esta vez se trataba de celebrar todo lo que han trabajado juntos los hombres y mujeres de Bainet, con el apoyo de algunos técnicos, tanto locales como extranjeros. En cualquier caso, este país tan sufrido, o tan “resiliente”, como gustan de decir los técnicos, ama las celebraciones…

Se trataba de hacer un balance de nueve meses de trabajo y de hacer entrega de cabras y útiles agrícolas a algo más de un centenar de familias.

En primer lugar, los “agentes veterinarios”, hombres y mujeres que se han formado para apoyar a sus vecinos en la crianza del ganado, realizaron la revisión y desparasitación de los animales antes de su entrega. Sentí una especial satisfacción de poder compartir con algunos de ellos, pequeñas enseñanzas, o “trucos del oficio”, adquiridos con la experiencia…

Después nos trasladamos al local alquilado para la “celebración”. La verdad es que el local, tanto en su aspecto exterior, como en su decoración interior, resultaba digamos “un tanto sospechosa”… ¿Se imaginan celebrar una asamblea de vecinos en el “Club Venus”…? Pues algo así parecía… Solo la presencia del “pastor” (no el de las cabras, sino el “representante del sector religioso”…), me tranquilizó un poco respecto a la “honestidad” del local del evento…

El acto central transcurrió como de costumbre… Es decir, demasiado largo, protocolario y, a ratos, soporífero… (Para mi vergüenza, alguna cabezadita ya di…). Tras la oración y el himno nacional, “palabras de circunstancias” de todas las autoridades e instituciones presentes…; incluso yo mismo tuve que improvisar un discurso, agradeciendo a tantos hombres y mujeres su esfuerzo por dejar un país un poquito mejor para sus hijos.

Posteriormente se celebró un sorteo de los animales a distribuir y se hizo entrega a los agentes veterinarios de un kit de herramientas para desarrollar su tarea.

Tras la comida, nos dirigimos todos al recinto donde habíamos dejado a las cabras ya desparasitadas y numeradas… para encontrarnos que habían montado un lío respetable… Se habían quedado atadas por parejas formando lotes, pero en el rato que las habíamos dejado solas no se habían estado quietas, claro, ¡son cabras!; de manera que la mayor parte de las cuerdas se habían enredado y ríase usted del famoso “nudo gordiano”… Al final, como en la leyenda, tuve que hacer de Alejandro Magno con mi navaja suiza y liberar a algunos animales que se encontraban especialmente en problemas…

Finalmente, no hubo que lamentar “desgracias caprinas” y solo unas pocas, muy leves, personales (cornadas de machos cabríos inquietos, sobre todo).

Del viaje de regreso, con nuestro “chófer oficial”, ¿qué decir? Si llegamos todos enteros y el coche se podrá volver a utilizar, puede decirse que fue un éxito…


sábado, 13 de agosto de 2011

Concursante

¿El dinero da la felicidad? Algunos dicen que el dinero solo es importante si nos falta. ¿Ganar un premio de tres millones de euros nos haría más felices? ¿Nos haría la vida más fácil? ¿Qué pasaría si, de repente, pusieran en nuestras manos todas aquellas cosas que alguna vez quisimos tener?

“Concursante” nos plantea todas estas preguntas y muchas otras. Nos cuenta una historia, pero, sobre todo, nos enseña Economía. Pero no nos enseña la Economía de la que hablan los telediarios y las páginas sepia de los diarios. Nos habla de esa parte de la Economía que no quieren que conozcamos; de esa que es solo para los “iniciados”.

Pero, ¿es una película o un documental? ¿Se puede hacer una película que enseñe Economía? ¿Se puede hacer una película que enseñe Economía y además sea entretenida? Parece rizar el rizo, pero lo han conseguido. Con un ritmo original, buenos actores y unos hallazgos estéticos impresionantes.

Una película muy crítica, que trata de movernos a pensar más allá de los caminos y los esquemas trillados. Una película totalmente de actualidad: bancos, créditos, tipos de interés, impuestos, mercados…

¿Quién maneja el mundo y por qué? ¿Hay alternativas? Quizá no. Quizá sí. En todo caso, tendremos que buscarlas entre todos. Pero, para eso, deberemos llegar a darnos cuenta de quién es, realmente, no sé si decir “el enemigo” o “la mano que mece la cuna”. Comenzar a ser conscientes de cuantos “regalos envenenados” hay en la sociedad que nos rodea.

No solo hay que abrir los ojos, hay que empezar a ver.

sábado, 6 de agosto de 2011

Energías

Afortunadamente, la tormenta tropical Emily, no descargó sobre Haití con toda la energía que se preveía inicialmente. Algunos titulares de la prensa local afirmaban que “las montañas vencieron a Emily” Incluso, me contaban anoche, algunos campesinos de esta zona están convencidos de que fue una “mágica” intervención de un poderoso empresario local, que colocó grandes camiones en la cumbre de algunas colinas cercanas al mar, la que logró deshacer la tormenta…

En cualquier caso, una de las situaciones que más llamaron mi atención durante el paso de Emily, fueron los esfuerzos incesantes de la dueña de mi hotel por mantener el suministro eléctrico durante todo el día…

En Jacmel, la compañía de Electricidad de Haití (ED’H) produce energía a partir de cuatro grandes generadores diesel. El suministro eléctrico nunca es durante las 24 horas del día, sino durante periodos variables, según criterios bastante incomprensibles. Por eso, la mayoría de las casas y oficinas “de un cierto nivel” disponen de un inversor, un aparato que carga unas baterías mientras hay servicio de ED’H, y que permite transformar la energía acumulada en esas baterías en electricidad doméstica cuando “no hay luz”. Además, algunas instalaciones, como la del hotel, disponen de paneles solares como sistema de carga complementario de las baterías. Por eso, en condiciones “normales”, se puede vivir con la ilusión de que hay electricidad las 24 horas del día.

Lo que ocurre, es que aquí las condiciones son rara vez “normales”. Anoche también, un colega español opinaba que la decisión de cuándo había y cuándo no servicio de ED’H debía estar en manos de un chimpancé enloquecido encerrado en el cuarto de los interruptores…

Para intentar compensar esas “locuras”, algunas viviendas y establecimientos, disponen también de un pequeño generador diesel. Pero, (parece nunca acaban los “peros” en Haití…), he aquí que el abastecimiento de combustibles de Jacmel está controlado por una sola y muy poderosa familia (sí, esa misma de los “poderes mágicos”…). Y que esa familia, por razones que se me escapan, está peleada con el director de la ED’H en Jacmel… Consecuencia, de vez en cuando, les “cortan al grifo” a los generadores de electricidad y toda la ciudad de queda sin luz por un tiempo (incluso el cuarto de interruptores y el mono se quedan a oscuras…). Si ese tiempo no es muy largo, algunas viviendas y oficinas pueden compensarlo con los inversores y las baterías. Pero si se prolonga, hay que echar mano de los pequeños generadores domésticos… si es que queda diesel en la ciudad… Una decisión que depende de una sola persona… Además, aunque esa persona “esté de buen humor”, todo el abastecimiento de combustible de Haití depende de que el barco que lo trae regularmente de Venezuela, no tenga problemas en alta mar…

La dueña de mi hotel, en uno de nuestros desayunos me contaba lo que le gustaría ser autosuficiente energéticamente, y no depender del humor de un par de familias locales. Pensaba en más placas solares y en molinos eólicos. La verdad es que sol nos sobra y viento, en muchas ocasiones también. En general, en Haití, creo que sobra energía; se desperdicia energía; pero es “mala energía”.

Ojalá este país encuentre la manera de canalizar toda esa energía para construir un país, un futuro.


jueves, 4 de agosto de 2011

Un corazón hermoso

Esta tarde, cuando volvía de la oficina caminando, se me ha acercado un hombre. Es difícil saber su edad a ciencia cierta. Quizá era mayor que yo, tal vez era más joven. Lo que sí se le veía es desgastado por el trabajo y un cierto grado de privaciones. Sin embargo, su rostro albergaba una sonrisa franca.

Se dirigía a mí para pedirme trabajo; que lo necesitaba. Directa y abiertamente. No me pidió dinero ni pretendió en ningún momento dar lástima. Transmitía, ante todo dignidad.

Yo le expliqué que trabajo para una organización muy pequeña que no suele contratar directamente personal en Haití. En cualquier caso le pregunté cuál era su oficio. Me dijo que era albañil. Yo le sugerí posibilidad de dirigirse a una de nuestras contrapartes locales que, en ocasiones realiza obras de construcción. Solo era una posibilidad remota, pero el hombre se mostró tremendamente agradecido. Se ofreció a dejarme su número de teléfono, por si yo me enteraba de alguna cosa. Es curioso, pero aquí todo el mundo suele llevar un móvil en el bolsillo. El suyo era un modelo básico, humilde, pero lo llevaba envuelto como una joya; quizá por ser una de sus esperanzas para encontrar empleo. Yo llevaba bolígrafo, pero no llevaba papel. El rebuscó en su gastada mochila y sacó una hoja tamaño cuartilla. Parecía un anuncio de alguna cosa. Esas hojas que nos dan a la salida del Metro y que tiramos de inmediato (y no siempre en una papelera…). Allí estaba escritas ya varias direcciones y números de teléfono. Tal vez, otras tantas ilusiones. Nos detuvimos un momento, tomé del suelo, de un montón de escombros, un trozo de hormigón plano, un fragmento de la pared de alguna casa derruida por el terremoto. Allí me escribió su nombre, su profesión y su número de teléfono. Yo le prometí que si sabía de alguien que necesitara un albañil, le daría sus referencias. El me expresó su agradecimiento diciéndome que el Buen Dios cuidaría de mí. Yo le dije que esperaba que el Señor fuera benevolente con él. Nos despedimos, siempre sonrientes, con un sincero apretón de manos. No sé dónde pasará él esta noche, que se anuncia de tempestad…

Creo que, a veces los nombres, que nos ponen de pequeños pueden marcarnos un poco en la Vida. Este hombre se llamaba Jolicoeur, “hermoso corazón", y me dio la sensación de que, realmente, lo tenía.


miércoles, 3 de agosto de 2011

Interiores haitianos

Estoy teniendo la ocasión de acceder a los resultados de un “experimento” muy interesante.

En el marco de un proyecto de desarrollo rural, una de las actividades ha sido entregar una cámara (de esas desechables) a unos 70 escolares (entre 12 y 17 años) para que hicieran fotos “de temática medioambiental”. Se trataba de que reflejaran su entorno natural, con sus valores y sus problemas y amenazas, así como las acciones emprendidas para protegerlo y gestionarlo mejor. A final de este mes se realizará una exposición de las mejores fotos presentadas.

Como responsable del proyecto, estoy participando en el proceso de selección de fotografías, y está resultando algo apasionante.

Para casi todos era la primera vez que tenían en sus manos una cámara, por eso una de los motivos más abundantes en las fotografías es un dedo en el objetivo… Pero para la mayoría era también la única ocasión que han tenido de hacer fotografías. De manera que han aprovechado para hacer fotos de su familia y sus mascotas, (nunca me hubiera imaginado que tenían tantos gatos en las casas…), así como en “bodas, bautizos y comuniones”. También, muchos han reflejado cómo es el interior de sus casas y cuáles son sus pertenencias más preciadas, (hay, por ejemplos varias fotos de la vajilla familiar…)

Así, independientemente del proceso de selección de fotos para la proyectada exposición, y más allá de la calidad técnica de los resultados, es una ocasión única para ver Haití con los ojos de los haitianos. Cómo ven a su familia. Qué cosas les gusta hacer cuando están con sus amigos, (he encontrado muchos músicos aficionados…). Cómo viven. Como juegan. Cómo rezan. Cómo aman. En suma, esas más de mil fotos me están permitiendo acceder a una parte de sus vidas a la que difícilmente podría haberme acercado de otra manera.

Y en el fondo no somos tan distintos. En general, podría decirse que lo que transmiten esas fotos es que todos los seres humanos compartimos una serie de anhelos e ilusiones parecidos. El hecho de haber nacido en un lugar u otro solo cambia, tal vez, las posibilidades de realizar nuestros sueños.

Pero lo más importante, sin duda, más allá de las dificultades, es que no nos olvidemos de soñar.


lunes, 1 de agosto de 2011

Reforestación urbana en Jacmel

Hoy he salido a hacer unos recados con el auto y he descubierto que ha comenzado a realizarse algún tipo de limpieza en las alcantarillas de Jacmel. Más vale tarde que nunca, dicen, y también, nunca es tarde, si la dicha es buena. Tal vez el anuncio de la muy probable llegada de una tormenta tropical durante esta semana haya movilizado los esfuerzos de las autoridades.

El problema es que aquí los esfuerzos de las autoridades parece que nunca se movilizan mucho, ni con demasiada continuidad.

En el caso que nos ocupa esto supone que se han dejado la mayoría de las bocas de alcantarilla abiertas…; tal vez a la espera de una nueva “movilización”, tal vez definitivamente… Nunca se sabe.

Para paliar, en parte, los peligros que esta situación conlleva para el tráfico rodado y peatonal, se ha optado por señalizar las alcantarillas abiertas de una manera peculiar: en cada una de ellas han puesto un arbolito… Las calles de Jacmel no están muy iluminadas por la noche, pero es casi seguro que si vas en moto y ves un árbol en medio de la calle, vas a tener cierta precaución al pasar por allí.

No sé a ciencia cierta lo que ha de durar esta situación, pero teniendo en cuenta, por un lado, el escaso entusiasmo de la alcaldía de la ciudad por las obras públicas, y, por otro lado, la cantidad de materia orgánica que contienen las alcantarillas de Jacmel, creo que, seguramente sin querer, pero estamos ante un interesante proceso de reforestación urbana…

Nota: la foto no es de Jacmel, pero refleja una situación muy similar.


domingo, 31 de julio de 2011

Concierto político

Hoy he tenido ocasión de asistir a un concierto de Manno Charlemagne en Jacmel. A mí, como imagino a la inmensa mayoría de mis compatriotas, este nombre no les dirá nada. Pero en Haití es una figura casi mítica. Es difícil hacer comparaciones, pero sería una especie de Paco Ibáñez haitiano… Un cantautor muy comprometido políticamente, con varios exilios a sus espaldas.

El evento estaba organizado por una de nuestras contrapartes, CROSE, y tenía como objetivo, básicamente, la formación de su base social, hombres, mujeres, jóvenes y mayores, campesinos y ciudadanos. Durante el acto, el coordinador de CROSE, un personaje también con bastante peso político en la región habló de la necesidad de elaborar un nuevo proyecto de sociedad basado, sobre todo, en la educación, en la creación de capacidades para construir un futuro para este país.

Lamentablemente, mi conocimiento del creole todavía es muy limitado y no fui capaz de comprender y apreciar adecuadamente todo el contenido y los mensajes de las canciones de Manno Charlemagne. Pero puedo decir que, sin duda, es un gran artista que sabe transmitir, con una gran sensibilidad, importantes mensajes de esperanza y de cambio social.

Mientras volvía, los relámpagos iluminaban el cielo anunciando la próxima tormenta, y yo pensaba en España, en sus “tormentas políticas”. En cómo, al igual que sucede con las tormentas de verano, los truenos y relámpagos de los “indignados”, parece que no acaban de cuajar en la fuerte lluvia que el país necesita para limpiar y refrescar la atmósfera política… En lugar de eso, me da la impresión de que, como ocurre en esas pesadas tardes de verano, todo se va quedando en ruido y parece que solo nos deja más calor, más pesadez, más resignación…

También pensaba ¿quién habla en España, en serio, de cambiar el país a través de la Educación?


Mañana de Mercado

Por razones todavía por esclarecer, ha desaparecido mi máquina de afeitar. Los que me conocen un poco saben que no la uso mucho…, pero es un utensilio que me ayuda a mantener una cierta estética.

El caso es que esta mañana me he echado a las calles de Jacmel a tratar de encontrar otra. Era consciente de que no es una tarea fácil.

Las aceras de la ciudad (en los casos en que estas existen, claro) están llenas de hombres y mujeres con mercancías a la venta. En la mayor parte de los casos, ofrecen todo lo que cabe en una pequeña palangana: condimentos, medicinas, champús, cerillas, chucherías…

En otros casos, pequeños locales exponen extrañas mezcolanzas de artículos en la puerta: baldes, equipos de música de segunda mano, ropa usada... Es curioso pero los únicos pequeños comercios especializados que uno puede encontrar en Jacmel parecen ser los de repuestos de automóviles y motos (“autoparts”) y los de ferretería y materiales de construcción (“quincallerie”).

Finalmente, existe otra variedad del pequeño comercio que son una especie de pequeños tenderetes, entre los cuales solo parece haber dos variedades: los de teléfonos móviles y accesorios (cargadores, fundas, baterías…, pero a cientos…) y los tipo “batiburrillo”, donde lo mismo encuentras una plancha, que sandalias, linternas, juguetes, sillas de oficina…, hasta una guitarra eléctrica he visto…

Como novedad, (nunca lo había visto), en una esquina estaba parado un camión, abierto, mostrando su contenido al público interesado: era como una “tienda de chinos” rodante…

Otra peculiaridad del comercio en Jacmel es que los productos, tanto alimenticios como de otro tipo, aparecen por oleadas; tan pronto abundan mucho como desaparecen. Hoy parecía haber una gran oferta en radios y secadores de pelo… Pero no era eso lo que yo buscaba, precisamente…

Cuando ya llevaba varias horas dando vueltas, me encontré con unos amigos; una pareja de ecuatorianos que llevan aquí más tiempo que yo. Tras consultarles, me acompañaron a una tienda que no conocía y donde parecía haber casi de todo… incluyendo un modelo de afeitadora que correspondía exactamente a lo que yo buscaba. El único problema es que no había más que una y estaba, precisamente, en las manos de una señora que se disponía a pagarla en ese mismo momento… ¡No podía ser! ¡Encontrar al fin lo que buscas y que se te lo lleven delante de las narices…! Pregunté a la encargada si recibirían alguna otra en breve y me dijo que sí. El problema es que ya conozco que la base de la cortesía haitiana no es decirte la verdad, sino lo que ellos creen que quieres escuchar…

Bastante frustrado, regresé a mi hotel. A la hora de comer, comenté la situación con la dueña y, ¡oh, maravilla!, ella me ofreció otra solución: su marido tenía un aparato como el que yo buscaba, regalo de su hijo, pero nunca lo utilizaba, de manera que me lo ofrecía en préstamo. Está claro que, lo que uno no quiere, otro lo está deseando…

En cualquier caso, la mañana fue productiva, pues me ha permitido ser mejor conocedor de la oferta comercial de Jacmel.


sábado, 30 de julio de 2011

Tarde de tormenta

Hoy, por fin, ha empezado la tormenta que llevaba días preparándose. El cielo se ha cubierto de nubes negras y pesadas, y la lluvia ha comenzado a caer.

El repiqueteo de las gotas sobre las hojas se ha convertido en la música de fondo. Algún relámpago fractura el horizonte.

Emprendo el camino antes de que la cosa vaya a más. Nunca le he tenido miedo a la lluvia, como parece que sí es el caso de los haitianos. Las calles están vacías. En mi trayecto de todos los días, el bullicio de costumbre se ha transformado en silencio y soledad. Sobre todo porque el medio de transporte habitual, las motos, han desaparecido.

Solo me cruzo con un niño. Tendrá unos 6 o 7 años y alguien le ha encargado que vaya a llenar un par de garrafas la fuente. Lo hace alegre, contento, sin importarle la lluvia. Como un juego.

¿Cuándo empezamos a no querer mojarnos con la lluvia? ¿Cuándo nos olvidamos de jugar?


viernes, 29 de julio de 2011

La Vida en la calle

Hemos cambiado de oficina. Como todo en la Vida, esto tiene sus cosas buenas y sus cosas menos buenas. Pero sin duda, lo mejor, es haber cambiado de vecinos. Ahora, en lugar del omnipresente ruido del enorme generador eléctrico de la Cruz Roja Canadiense, tenemos, como fondo musical, las alegres risas de los niños que asisten a un campamento urbano de verano en la finca de al lado. Aunque solo sea por eso, merece la pena el cambio.

Por lo demás, pocas cosas han cambiado en Jacmel. Aunque hoy me ha llamado poderosamente la atención una imagen. Dos mujeres jóvenes sentadas en sillas de madera a la sombra de una acacia. Una de ellas amamantaba a su bebé de pocos meses, mientras la otra cosía con una máquina como la que tenía mi abuela… Y es que aquí todo se hace en la calle. Cuando tu “hogar” es una tienda de campaña o una vivienda precaria casi sin ventilación, ¿cómo no vas a preferir vivir en la calle? Y así, la peluquería está en la calle; el carpintero trabaja en la calle; el joven músico ensaya con su trompeta en la calle; cuatro hombres juegan al dominó en la calle…

Hace calor. Estamos en época de lluvias. Pero a veces me arrepiento de desear que se eche a llover “para que refresque”. ¿Qué pasará cuando, dentro de un rato, empiece la tormenta? Supongo que todos mis vecinos abandonarán su Vida en la calle y se refugiarán en sus casas. Para la mayoría de nosotros, eso no es un problema, pues en nuestras viviendas disponemos de todo tipo de comodidades y entretenimientos. Aparatos electrónicos que nos hacen la vida más fácil… o a los que entregamos nuestras Vidas… Nuestros hijos, nietos, sobrinos, nuestros pequeños vecinos, ya no juegan en la calle. ¿No quieren? En sus hogares encuentran ¿todo lo que necesitan?...

Tal vez por eso, entre otras cosas, nuestros pueblos y ciudades parezcan, en ocasiones “tomados” por los inmigrantes… La mayoría viven también en casas precarias (en las que ya no querríamos vivir nosotros…), sin muchas comodidades y sin “entretenimientos electrónicos”. Además, su cultura no incluye pasar la mañana y la tarde en el bar, “echando la partida”, o “su presupuesto” no se lo permite…

Diferentes maneras de vivir. Lo importante, en cualquier caso, debería ser conseguir que haya realmente Vida en nuestro diario quehacer.


miércoles, 27 de julio de 2011

Propiedades del tráfico en Haití

Parece ser que las carreteras y las grandes avenidas haitianas no tienen muy definidos ni el número de carriles ni el sentido de los mismos. Eso lleva a que, en muchas ocasiones, veas venir hacia ti, de frente, a camiones, autobuses y todo tipo de vehículos automotrices, en actitud un tanto amenazadora… Esta situación puede ser muy preocupante para un conductor extranjero, pero no afecta para nada a los chóferes haitianos… Supongo que porque ellos confían en algún tipo de propiedad extraña del tráfico en el país, que permite que las carreteras se ensanchen en el momento preciso… o que los vehículos se estrechen en el momento de cruzarse…
Sin embargo, a pesar de ser consciente de eso, no he podido evitar, durante el largo viaje entre el aeropuerto de Puerto Príncipe y Jacmel, dudar de la efectividad de esa creencia en algunas ocasiones… Entre ellas destaca, sin duda, el momento en el que a la vuelta de una esquina casi nos “comemos” a un flamante camión de bomberos con todas sus luces encendidas. Sin desmerecer tampoco el encuentro con un autobús que adelantaba a un camión que estaba adelantando a una furgoneta… “encuentro” que se ha evitado pasando por el arcén… sin, por supuesto, disminuir lo más mínimo nuestra velocidad… Como colofón, ya a punto de llegar a destino, saliendo de una calle hemos prácticamente rozado a un coche de la Policía Nacional que venía a toda velocidad y ha conseguido esquivarnos en el último instante. Los agentes, en lugar de detenernos de inmediato y hacernos dormir en el calabozo, han continuado su camino entre grandes risas…
Como decía otra española, recién llegada a Haití, que nos acompañaba, “los haitianos le echan emoción a la Vida… pero yo me habría conformado con un viaje normalito, sin emociones…”

sábado, 23 de julio de 2011

Países perfectos e imperfectos

A menudo, cuando le cuento a la gente que trabajo en Haití, me dicen: “Podías haberte buscado un país mejor para vivir…” Y supongo que mucha gente cree, opina y siente que posiblemente Noruega sea un país estupendo para vivir… De hecho, encabeza los rankings de Índices de Desarrollo Humano y su capital, Oslo, ha sido calificada como una de las más habitables y respetuosas con el entorno natural…

Por eso nos han impactado tanto los sangrientos acontecimientos del 22 de julio. Sobre todo porque han dinamitado nuestra convicción de que hay países “perfectos” y “seguros”. Todos aceptamos que haya “ciertas cosas” que pasen en “ciertos países; pues forma parte de su “normalidad”… Pero, al menos hasta ayer, creíamos que hay lugares “donde nunca pasa nada…”

Por otro lado, desde hace unos años, cuando ocurre algún atentado de apariencia irracional e indiscriminada, (suponiendo que pueda hablarse de atentados racionales…), inmediatamente se nos presenta la sombra amenazadora del “enemigo exterior”, cuando, como en este caso, “el mal” está entre nosotros… Nuestra sociedad es la que ha incubado “el huevo de la serpiente”…

Finalmente, el asesinato de más de 80 jóvenes noruegos es, sin duda, inadmisible; pero pareciera que la muerte diaria de cientos de personas anunciada por la FAO, la mayoría de ellos niños, en lugares como Somalia, forma parte de “su normalidad”, y apenas merece ocupar espacio en los periódicos, ni tiempo en los telediarios.


miércoles, 13 de julio de 2011

Realidad subliminal

Llevo dos semanas de vacaciones en España y estoy intentando todavía adaptarme a la “realidad” nacional.

No siempre es fácil en este verano en el que todos los medios de comunicación sólo hablan de “dinero” y de “mercados” y las únicas declaraciones dignas de ser retransmitidas parecen ser las de “polític@s” empeñad@s en transmitirnos la sensación constante de que estamos al borde del abismo.

La verdad es que desde hace unos días me he dado cuenta de que me relaja mucho más ver la publicidad en televisión que cualquier otro programa. Al fin y al cabo, creo que los anuncios son lo único claro y sincero que nos ofrece la programación. Sabemos que nos quieren vender algo, lo dicen claramente y, además, la mayor parte de las veces, “se lo curran”, pues buscan una manera original y/o bonita de convencernos.

Sin embargo, en el resto de los espacios, también nos quieren vender cosas, pero de una manera más o menos oculta y retorcida. Cada vez más, las películas y las series de televisión no son sino una exposición sucesiva y nada inocente de marcas ante nuestros ojos. Los escasos programas culturales, tengo la sensación de que solo buscan convencernos de que compremos determinados libros o asistamos a los espectáculos y enventos “de moda”. Y no digamos ya nada de los Telediarios… Propaganda electoral pro y anti gubernamental, comunicados de novedades bancarias e industriales, y convocatorias para eventos deportivos masivos… Poco espacio para noticias de interés humano y social. Hay que hacer un enorme esfuerzo para conocer algo de la "realidad subliminal" por debajo de tantos mensajes publicitarios

En un país como éste, no puede resultarme extraño enterarme de que tres compañer@s de mi hija, al acabar el instituto, han decidido apuntarse a un nuevo ciclo formativo que los preparará para ser ayudantes de forense… Una sociedad que no está preparada para hacer autocrítica, tal vez haga mejor en prepararse para una autopsia.


lunes, 27 de junio de 2011

Aeropuerto de Puerto Príncipe

El verano ya llegó; aunque en Jacmel no se notó mucho la diferencia realmente, ya que mucho más calor no podía hacer ya… De manera que, para celebrarlo, que mejor que pasar unos días en España, en busca del “fresquito”…

Así que el viernes, me levanté antes del alba para emprender, una vez más, el camino al aeropuerto de Puerto Príncipe. Tras un viaje sin incidentes dignos de mención, nos sumergimos en la vorágine matutina de la capital: miles de coches, motos, camiones y tap-tap atrapados en los atascos y miles de hombres y mujeres caminando hacia sus diarios quehaceres.

Esta vez, mi avión salía a las dos de la tarde, pero quienes me llevaron a la capital tenían reuniones a primera hora, de tal manera que a las ocho de la mañana, ya me dejaron en el aeropuerto… Cuando hice el check-in la chica del mostrador me miro con cara de pena, compasiva, por todas las horas que me quedaban en la terminal. Pero yo iba preparado, con buena literatura y ganas de observar…

Aunque observar, lo que se dice observar, al que observaron bien fue a mi; pues no solo tuve que pasar un control de equipajes y un cacheo sistemático de mis intimidades, sino dos: uno inmediatamente después de otro… No tengo muy claro el sentido de esto. Si no están seguros de que el primero sea “seguro”, ¿por qué no lo mejoran, el lugar de hacer otro idéntico veinte metros después…? ¿Mejoraría la “seguridad” por ponerse dos cascos en la moto, dos cinturones en el coche o dos preservativos… A estos americanos no hay quien les entienda. Cuando compras un billete de avión a o desde Puerto Príncipe, todavía continúa apareciendo una nota que te dice que el aeropuerto no reúne las “necesarias condiciones de seguridad” y que tú viajas allí “a tu cuenta y riesgo…”

La verdad es que el aeropuerto tenía movimiento ese día. Por un lado, varias decenas de soldados estadounidenses volvían a sus casas. Por otro, podían verse diversos grupos de lo que podrían llamarse “misioneros de verano”. Son bastante inconfundibles: están formados por una docena o dos de jóvenes de ambos sexos, de alrededor de dieciocho años, uniformados con camisetas iguales y dirigidos por una pareja o dos de adultos. Se los puede ver por todo Haití viajando siempre juntos, encaramados en la parte de atrás de camionetas, con los rostros iluminados por el convencimiento del apoyo divino a sus “proyectos solidarios”… Viendo estos grupos, junto con los otros grupos de marines y paracaidistas… cada uno con sus uniformes correspondientes, reflexioné sobre cómo los Estados Unidos juegan todas sus cartas para controlar el mundo: unas veces en el nombre de Dios y otras por la Patria…

Fueron varias horas en la terminal, pero exentas de entretenimiento. Por tener, hasta tuvimos un pequeño temblor de tierra… poco más que un suave cosquilleo en los pies… pero, evidentemente, no muy tranquilizador en un aeropuerto donde el edifico de llegadas todavía es un barracón provisional desde enero de 2010…

Desde luego, pude hacer cualquier cosa menos echar una cabezadita…, porque la única vez que estaba a punto de lograrlo, una misionera solidaria no dudo en despertarme, no fuera a ser que el avión que estaba a punto de salir fuera el mío… Muy amable la señora, por preocuparse por mi, pero todavía tenían que salir otros tres antes de que me correspondiera abordar aquel con el que había de comenzar mis vacaciones en España…


lunes, 20 de junio de 2011

Fiesta en Bainet

El sábado inauguramos el local de la Federación en la 7ª sección de Bainet. Me resulta un poco difícil explicar lo que esto significa a un compatriota. Pero vendría a ser como si se hubiera inaugurado el ayuntamiento, la casa de cultura, la oficina de turismo y el pabellón de fiestas, todo en uno. Un símbolo de la sociedad civil organizada, de sus proyectos y sus aspiraciones. Un primer paso en la construcción de un futuro diferente; más allá del tradicional abandono en el que los sucesivos gobiernos haitianos han mantenido a la población campesina de este país.

Y, como no podía ser menos, fue un motivo de alegría y celebración.

La verdad es que el programa de actos era largo y denso.

En primer lugar, como es tradicional en todas las reuniones aquí, oración e himno nacional; este último interpretado por una banda musical formada por escolares. Lo religioso y lo patriótico tienen mucho peso entre los hombres y las mujeres de Haití.

Después, el momento de los discursos. Por un lado, de las autoridades, y por otro de todas las instituciones que han participado en las actividades del proyecto. Especial importancia tuvo el de una representante de las mujeres, cuyo papel en la sociedad ha tratado de hacerse más visible y fortalecerse.

La parte más lúdica del programa la constituyó la representación de una pieza teatral que versaba sobre la importancia de la protección del medio ambiente y los peligros de la deforestación. Todo ello con un tono de comedia, aunque sin que por ello el tratamiento del tema perdiera su trascendencia. Fue un rato para reír, pero también para pensar y hacer pensar.

Finalmente, como puede ser menos en toda reunión haitiana, se ofreció una comida de hermandad. Pues, lo gastronómico creo que debe ser el tercer pilar de la identidad de este país, junto con, como ya se ha dicho, lo religioso y lo patriótico…

Los motivos de alegría no son demasiado frecuentes en Haití. Por eso, pasar una jornada entre sonrisas de pequeños y mayores, es especialmente agradable y reconfortante. Todos sabemos que al día siguiente tocará levantarse de nuevo temprano y enfrentarse a las incertidumbres; pero eso no ha de impedirnos disfrutar, aunque sea solo por unas horas, de la ilusión de que puede haber un futuro mejor para todos los niños y niñas que nos acompañaron.


Casas e ilusiones

El viernes estuve de visita a un nuevo proyecto que está empezando, en una zona distinta a las que trabajábamos hasta ahora.

Una de las primeras cosas que hay que hacer es encontrar una casa que sirva de oficina para los equipos en el terreno y que pueda permitir también pernoctar allí siempre que sea necesario.

Y la verdad es que no resulta fácil. La oferta inmobiliaria en Bainet es bastante limitada. Por un lado, porque en un país con una densidad de población tan alta como Haití, no es habitual encontrar casas vacías, sino más bien superpobladas. Con una media de seis hijos por familia y más de la mitad de la población con menos de 18 años, no suelen quedar muchas habitaciones libres…

Por otra parte, el terremoto de enero de 2010 también azotó la comuna de Bainet. Y, aunque no dejó las escenas de ruina y desolación que se vieron en Puerto Príncipe o en Jacmel, a cada paso, muros caídos nos recuerdan lo que sucedió.

Es curioso; en España también he visto muchas casas abandonadas, derruidas, en el área rural. Pero allí, las casas se hundieron después de irse sus habitantes. Se fueron agrietando y cayendo después de quedarse sin vida, sin alma.

Aquí, sin embargo, las casas se derrumbaron, en muchos casos, con sus habitantes dentro. Bajo los escombros quedaron miles de vidas, miles de almas, miles de ilusiones.

Cada casa es una historia. En Haití o en los puertos de Beceite. No es fácil volver atrás en la historia. Así como no es fácil resucitar un cuerpo, tampoco lo es devolver la Vida a una casa. Pero se puede intentar. No será la misma Vida, no será la misma historia. Pero puede servir de apoyo para crear nuevas ilusiones.

Y, como dijo, el poeta, ¿qué es la Vida sino una ilusión?


domingo, 12 de junio de 2011

Corazón de Fuego

Cuando se habla de una película romántica, se piensa en una trama de amores imposibles, bellos paisajes, escenas tiernas, miradas conmovedoras…

Para mí, ésta es una de las películas más románticas que he visto últimamente. Responde a todos los requisitos anteriormente expuestos. Aunque los protagonistas, los amantes, son una locomotora y un pequeño grupo de jubilados.

Y es que pocas cosas ha habido algo más romántico que los trenes. Los antiguos trenes. No hablo de esos artilugios de ahora, aves de vuelo rasante, dentro de las cuales cada pasajero se aísla de los demás con unos auriculares, un móvil o un ordenador portátil. Hablo de los trenes de antes, cuando los viajes eran largos, sobre todo los nocturnos, y los compañeros de viaje y las conversaciones podían llegar a ser inolvidables.

En mi vida, los trenes han jugado un papel muy importante. De hecho, dieron sentido a mi Vida. Fueron como mi segundo cordón umbilical.

Seguramente por eso, esta película me ha emocionado. Narra una historia tan improbable que solo puede ser un hecho real. Y está protagonizada por dos de mis actores favoritos: Federico Luppi y Héctor Alterio. ¿Qué más se puede pedir? Pues que, además, como es el caso, sea una historia bien desarrollada, bien narrada. Una historia de amor por el pasado y de ilusión por el futuro; de lucha contra el olvido, en todos los sentidos; de solidaridad.

Una historia de indignados, ahora que eso vuelve a estar de moda… Pero, sobre todo, una hermosa historia.