lunes, 11 de abril de 2011

Primavera

La primavera también ha llegado a Jacmel.

Aquí el cambio de estación no se siente tanto por un incremento de las temperaturas, como por un pequeños detalles que nos recuerdan que la Vida, que la Naturaleza tiene sus ritmos poderosos con los que se abre camino pese a todo.

Cosas como que una grácil mariposa revolotee a tu alrededor mientras estás en el comedor, o que un abejorro torpón ronde tu ordenador cuando te encuentras en la terraza de tu habitación…

Aquí también la primavera es la época de los mangos… no los de la sartén que conocemos en España (aunque nunca estemos seguros de quién lo tiene realmente…), sino de la fruta por excelencia del Caribe. En estos días, miles de grandes y frondosos árboles (¿mangueros? ¿mangueras?...), portan en sus ramas infinidad de frutos. Todo el mundo que tiene un jardín, grande o pequeño, te ofrece sus mangos. Durante el día, pero sobre todo en la noche, se oyen caer los mangos maduros al suelo. Algunos son realmente grandes, y no es que puedan ser causa de grandes accidentes, pero sí ocasionar algún que otro “dolor de cabeza” al sorprendido paseante.

Sin embargo, la primavera debería traer consigo también el inicio de la época de lluvias, pero este año, su benéfica influencia sobre la agricultura haitiana se está haciendo de rogar… las siembras se están retrasando y el fantasma de una escasez de alimentos dentro de unos meses empieza a condensar su ectoplasma en el horizonte.

Mientras tanto, el país que el nuevo presidente y su equipo de gobierno comience a concretar sus primeras medidas y proyectos de futuro. De momento, ya se han anunciado conciertos gratuitos de música popular con motivo de su toma de posesión.

Hace unos días leía que, si las últimas elecciones haitianas habían sido, desde su convocatoria, una gran comedia, no es extraño que las haya terminando ganando el mejor comediante…

En cualquier caso, esperemos que, sea como sea, este largo y triste “invierno” que dura ya más de un año en Haití, de paso a una floreciente “primavera”, en la que puedan expresarse y liberarse todas las energías y ganas de vivir de este pueblo.


sábado, 9 de abril de 2011

La vida sigue

Hay días que no pasa nada y otros días en que se acumulan las anécdotas.

Ayer, a primera hora de la tarde, acompañé a una colega cooperante a solicitar presupuesto para la compra de unas semillas. La acompañé porque se trataba de presentarle a uno de nuestros socios locales: una asociación que también se dedica a la venta de insumos agrícolas. Pero lo que iba a ser una siempre consulta comercial se convirtió, inesperadamente, en una conferencia sobre las distintas variedades de patata dulce, según su adaptación al clima, la disponibilidad o no de riego, su precocidad…, sin olvidar, por supuesto, su grado de aceptación en el mercado, en función de las sutiles exigencias del paladar de los haitianos.

Más tarde acompañé a otra colega a visitar lo que un americano que había conocido hacía unos días le definió como “unos apartamentos que estaba terminando de construir”… Ya conocer al tal americano fue toda una experiencia, pues era un personaje realmente esperpéntico; posiblemente fuera buena persona, pero más raro que un perro verde… El caso es que los tales “apartamentos” no eran aún sino un montón de bloques de hormigón. Eso sí, al menos había elegido un buen lugar para edificar, pues tenía unas vistas muy hermosas sobre la bahía de Jacmel.

Poco después habíamos quedado en un chiringuito de la playa para celebrar el cumpleaños de mi primera colega, “la de la patata dulce”. Mientras esperábamos (el tema de “la horita haitiana” es muy contagioso…), tuvimos ocasión de ver como un perro callejero atacaba, sin mediar provocación, a un grupo de niños de ocho o nueve años… Afortunadamente la cosa no fue muy grave, pero cuando atendimos a uno de los muchachos pudimos ver que, además del susto, llevaba un rasguño en un costado, que desinfectamos oportunamente.

Finalmente nos juntamos todos los invitados, (tampoco éramos muchos…) y llegó el momento de la ceremonia de soplar las velitas de la tarta… Sólo que no teníamos tarta, ni velitas ni nada, así que hubo que improvisar remedios de emergencia; nada menos que plantar cinco cerillas en cinco bombones y tratar de aprovechar ese momento fugaz para soplar, pedir deseo, hacer foto y cantar el “cumpleaños feliz”…

Todavía tuve tiempo, antes de irme a dormir de hacer una “visita profesional”: una de las gatas que una amiga tiene en su jardín había tenido gatitos; pero ella estaba preocupada porque llevaban unos días débiles y enfermizos. Fui a verlo aun sabiendo que poco podría hacer por ellos, pues no dispongo de ningún tipo de medicamento veterinario, ni es fácil conseguirlos aquí. El caso es que pasamos un rato buscándolos con una linterna por el jardín, pero no aparecían. La madre gata no parecía muy interesada en colaborar así que, al final, tuvimos que desistir. Esta mañana me llamó la afligida dueña para comunicarme que habían aparecido, pero, tristemente, ya muertos.

Hoy, la vida sigue en Jacmel.

martes, 5 de abril de 2011

Un nuevo presidente para Haití

La tarde ha estado extrañamente tranquila. Casi no había tráfico de ningún tipo. Las calles estaban en silencio. En algunos momentos tuvimos realmente la sensación de que todo el país estaba conteniendo la respiración.

Tras varias postergaciones, se había dicho que, finalmente, los resultados de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Haití, se harían públicos a las 5 de la tarde. Todos esperábamos impacientes, deseando acabar con una semana de rumores y chismes de todo tipo.

Con retraso, como siempre, el Consejo Electoral Provisional (¿por qué todo parece ser “provisional” en este país…?), ha comenzado con su ceremonial habitual. Aunque todo el mundo estaba ansioso por conocer quién sería el nuevo presidente, o presidenta, de este país, el portavoz ha comenzado por leer, uno por uno, los nombres, votos y porcentajes de la cincuentena de diputados y senadores que fueron también elegidos en el mismo proceso. Era una extraña mezcla entre las votaciones de Eurovisión y la letanía del sorteo de la Lotería de Navidad: “Fulanito de tal, partido cual, triquicientos votos, equis coma zeta por ciento…” Pero, como en la lotería, al final terminó saliendo el “premio Gordo”: Haití ya tiene nuevo presidente; y, aparentemente, por una clara diferencia de votos.

Al instante, el silencio se ha roto. El país ha vuelto a respirar y las calles de Jacmel se han llenado de los gritos y los cánticos de los seguidores de Michel Martelly.

Mientras volvía a mi hotel he podido sentir cómo un cierto sentimiento de alegría reinaba, aparentemente, entre todo aquel con quien me iba cruzando. Tal vez porque han depositado su esperanza en este candidato… o tal vez porque saben que los partidarios de la derrotada Mirlande Manigat parecen ser gente mucho más tranquila (¿y sensata?) y no es probable que causen tantos disturbios como, casi con toda seguridad, se hubieran producido en la situación contraria.

A corto plazo este resultado puede resultar “menos conflictivo” en las calles de Haití. Pero, mientras caminaba calle abajo, no podía evitar que dos frases hechas me vinieran sin cesar a la cabeza. Una, que “lo mejor es enemigo de lo bueno”… Y la otra que, lamentablemente, “poco dura la alegría en la casa del pobre…”

lunes, 4 de abril de 2011

Snorkeling


Esta mañana he sacado de la mochila las gafas de bucear. Las pobres llevaban más de cinco meses encerradas allí, sin ver la luz del sol… o el agua de mar, como sería más lógico.

Al venir para aquí las traje, convencido de que en el mar Caribe tendría muchas cosas que ver. Pero, casi desde el primer día, los “más viejos del lugar” entre la colonia de cooperantes, me fueron contando que, por desgracia, la costa haitiana no oculta demasiadas bellezas bajo las aguas.

Eso es debido, por un lado a los excesos de la pesca de arrastre, cometidos por las poblaciones de pescadores a los que la necesidad y la falta de técnicas menos agresivas ha llevado a esquilmar la costa más cercana de casi toda la flora y fauna marina.

Por otro lado, la práctica inexistencia de sistemas de saneamiento de aguas residuales y de recogida de basuras, hace que el sufrido mar tenga que hacerse cargo, él solo, de esas tareas; con lo que, sobre todo en la cercanía de los núcleos de población, entrar en el agua no siempre es agradable.

Pero hoy, sin embargo, he comprobado que no todo está perdido. Unos amigos me han llevado a la playa de Lázare. Un lugar bastante escondido, donde, sin embargo, hemos encontrado un grupo bastante numeroso , (y bullicioso...), de jóvenes y niños haitianos. Es curioso, pero, como me ha hecho ver una compañera, nunca se ven niñas en la playa…

La playa era pequeña y el mar estaba un poco agitado, pero el entorno parecía prometedor. Y, en efecto, en cuanto me he sumergido he descubierto un paisaje submarino rebosante de vida. Al menos una docena de especies de peces distintos, corales (entre ellos el llamado “cerebro”, por razones obvias), plantas acuáticas… y algunos erizos de mar de tamaño espectacular con los que conviene ser muy cuidadoso…

Bucear es lo más parecido a volar que puede hacer el ser humano sin ayuda de artefactos mecánicos. Flotar sobre el fondo marino es, además de hermoso, una actividad sumamente relajante.

Ha sido una especie de reconciliación con la costa de Jacmel. He comprobado que sigue viva, que, quizá como el resto de Haití, se resiste a desaparecer. Se defiende y lucha, día a día, por su propia supervivencia.

sábado, 2 de abril de 2011

Los pequeños placeres de la vida.

Hoy ha amanecido un mañana bastante británica. Cielo nublado y una suave llovizna me han acompañado durante el desayuno.

La tertulia matutina ha versado una vez más sobre la política local. A dos días del anuncio de los resultados de las elecciones presidenciales, mucho temen, una vez más, un nuevo “apocalipsis”. Ambos candidatos a la más alta magistratura del país se dan por ganadores. La diferencia es que uno de ellos ha afirmado públicamente que si no fuera él quien se diera oficialmente por vencedor, ordenará a sus partidarios “pegarle fuego al país”.

Sin duda es una peculiar interpretación de la democracia participativa y del sentido último del sufragio universal… Así que, una vez más, me veo viviendo en un país que no sabemos a ciencia cierta si existirá mañana…, o la semana que viene.

Mientras tanto, trato de aprovechar algunos de los pequeños placeres de la vida. Unos son gratuitos, como tumbarme un rato sobre la hierba a disfrutar de la sombra y la suave brisa que hoy nos regala el, otras veces más áspero, clima haitiano. A mi alrededor transita una abundante población avícola, compuestas por gallinas, pintadas, patos, pavos y un espectacular pavo real, que hoy parece presumir especialmente de su brillantes colores.

Otros placeres tienen un precio, pero normalmente asequible. Anoche compartí mesa y mantel y cervezas en un restaurante con dos compatriotas y paisanos. Dos ingenieros aragoneses contratados para participar en la reconstrucción de escuelas, hospitales y otros edificios públicos. Compartimos anécdotas e impresiones sobre este país que, estuvimos de acuerdo, nunca acabamos de conocer.

Algo más tarde acudí a la Alliance Française donde un veterano artista amenizaba una velada al aire libre, bajo un claro cielo estrellado con canciones en francés y en español.

De vuelta al hotel, me “regalé”, antes de dormir, con una porción de chocolate. Uno de mis escasos vicios, probablemente “confesable”, al que últimamente he vuelto, tras descubrir, al fin, una variedad de esta golosina, antes desconocida para mí, pero que espero poder disfrutar en más ocasiones.

Espero y deseo que la semana que viene no “arda el país”; pero, mientras tanto, trataremos de “no sufrir antes de tiempo”.


lunes, 28 de marzo de 2011

Número equivocado

Hoy me han llamado por teléfono a las cinco de la mañana. Viviendo como vivo tan lejos de mi familia, y teniendo en cuenta el horario distinto a uno y otro lado del océano, en esto casos, uno de levanta de inmediato a contestar, temiendo que sea alguna noticia urgente.

Pero no era nada de eso. Solo una equivocación. El asunto es que aquí he comprobado que es muy difícil convencer a la gente de que se ha equivocado. Siempre piensan que han marcado el número correcto, que tú no puedes ser otro sino la persona a la que buscan, y que si lo niegas es que les quieres engañar…

Tan es así, que a los cinco minutos volvieron a llamar, y tuve que recomenzar el proceso de nuevo… con el resultado de que ya no me volví a dormir.

En estos casos, uno trata de ser educado y no perder las formas, pero, dos veces y de madrugado ya ponen a prueba a cualquiera.

Me queda la duda de si esto no será una curiosa estrategia local para conocer gente y tratar de hacer nuevas amistades (¡?), porque siempre terminan preguntando, “pero, entonces, ¿quién es usted?, ¿cómo se llama?, ¿en qué trabaja?, ¿a qué dedica el tiempo libre?...”

Yo, francamente, esta mañana no está lo suficientemente lúcido como para hacer amigos por teléfono. Tal vez otro día, a mejor hora…


Playa de la Baguette


Esta mañana he ido de excursión a la playa de la Baguette. Se trata de una especie de cala, dentro de la bahía de Jacmel, a la que sólo se puede acceder en barca.

Había quedado temprano, pero como de costumbre, una serie de circunstancias han hecho que saliéramos casi una hora más tarde de lo previsto. Solo que esta vez no ha sido algo achacable a “la horita haitiana”, sino a que algunas de las europeas dedicadas también a la cooperación internacional tienen una vida social muy intensa, quizás incompatible con madrugar un domingo.

El lugar de cita era la playa de La Saline, donde gracias al buen hacer y a las enseñanzas de mi “vecino” canadiense, todo estaba ya listo, chalecos salvavidas incluidos, pues nunca se sabe.

De hecho, durante los cinco primeros minutos de travesía, yo no dejaba de plantearme si habría sido una buena idea la de la excursión… Yo no soy “hombre de mar”, sino más bien “de secano”, de manera que ver a nuestra pequeña barca enfrentarse a olas de un par de metros me parecía algo totalmente innecesario para una mañana de domingo… Afortunadamente, enseguida la travesía de tornó más calma y en poco menos de media hora llegamos a nuestro destino.

La playa de la Baguette no es muy grande, pero resulta ser considerablemente más tranquila que otras cercanas a Jacmel. En los alrededores vive una comunidad de pescadores, cuyo presidente se ofreció a mostrarnos los atractivos de la zona. Nos dio a elegir entre caminar hasta una pequeña cascada o subir a conocer las ruinas de un par de antiguos fuertes de la época colonial. Elegimos la primera opción, pues consideramos que el esfuerzo nos proporcionaría una recompensa mejor.

Y, en efecto, tras una media hora de caminata, llegamos a una zona bastante frondosa donde encontramos una serie de pequeñas cascadas y pozas aptas para el baño.

Al regreso nos ofrecieron, (a cambio de una contraprestación económica, por supuesto), un almuerzo local, a base de langostas recién pescadas y coco. Aunque habíamos llevado algunas provisiones más exóticas (para la zona) como jamón serrano y tortilla de patatas, aceptamos encantados el ofrecimiento, de manera que finalmente disfrutamos de una comida hispano-haitiana muy completa.

A la sombra de los cocoteros y con la temperatura suavizada por la brisa marina, la sobremesa fue bastante placentera. Pero había que volver. Nos habían avisado de que a partir de las cuatro de la tarde el mar suele ponerse más “bravo”, de manera que teníamos que salir antes.

Al regreso, lo que más claro tuvimos todos los participantes en la excursión era que ésto era algo que había que repetir.

sábado, 26 de marzo de 2011

Un hombre feliz


Esta mañana, durante el desayuno, he tenido una charla con un hombre feliz.

Somos vecinos de habitación desde hace cinco meses. Desayunamos casi siempre el uno frente al otro. Hemos hablado muchas veces, pero casi siempre de temas banales. Sin embargo, hoy, por alguna razón, creo que le he visto por primera vez.

Trabaja también en cooperación, en temas de pesca, y ha empezado contando su último viaje en barco. Ha descrito cómo las marsopas acompañaron su barca la mayor parte del camino y el momento sublime en el que coincide una puesta de sol con la llegada al puerto, donde decenas de personas esperan a los pescadores y al fruto de su trabajo.

Pero, sobre todo, se le veía emocionado al compartir conmigo cómo un viejo pescador le contaba que su único deseo era “morir en la mar”.

Hemos hablado de cómo no somos capaces de ver la mayor parte de las cosas que nos rodean. Por un lado, porque, cada vez más, vemos el mundo a través de pantallas., Por otro lado, porque en muchos trabajos, incluida la cooperación internacional, nos movemos presionados por la consecución de “resultados”. Centrados en el “avance” y el “progreso”; sin tiempo para fijarnos en el entorno, en los antecedentes, pero sobre todo, en las personas con las que trabajamos. Y no sólo en las personas como “socios” o “beneficiarios”, sino en personas con historias, con sentimientos, con corazón. Finalmente, también somos muchos los que no acabamos de “tener las dos piernas aquí”, y terminamos teniendo nuestra mente a ratos en Haití y a ratos en otro lugar…

Él me decía que su único objetivo en la Vida es poder ver “el corazón del ser humano”. Pero para eso hay que aprender, no solo a ver, sino a utilizar los cinco sentidos, a poner nuestro propio corazón en el trabajo, a exponerlo sin miedo. Solo así veremos realmente, aprenderemos, compartiremos y alcanzaremos la auténtica “fraternidad” que, me decía, es, para él, la palabra más bella del diccionario.

Le he felicitado, pues creo que él es un hombre feliz. Sobre todo, porque ha aprendido a serlo.


viernes, 25 de marzo de 2011

Fiesta nocturna

Ayer me invitaron a otra fiestecita. La verdad es que, por una parte me pilló por sorpresa, pero por otra no tuve que prepararme mucho, pues se celebraba en el hotel donde vivo.

Con motivo de unas jornadas de trabajo entre técnicos haitianos, dominicanos y europeos que se están celebrando estos días en Jacmel, anoche se celebró una cena de confraternización. Yo no asisto a las charlas, pero, como conozco a varios de los participantes, y “ya que estaba por ahí”, me invitaron.

La verdad es que las fiestas haitianas siempre me ha parecido que se organizan al revés que en Europa. Aquí primero se bebe, y no poco… (Cerveza, ron,…), y luego, ya si eso, se cena. Quizá lo hagan porque de esta manera hace falta menos comida, puesto que llegas al buffet con el estómago ya “bastante anestesiado”…

Durante toda la noche las conversaciones iban oscilando entre el francés, el inglés, el creole, el español, e incluso algunas gotas de italiano. Con el tiempo, y el incremento de botellas vacías encima de la mesa, las “facilidades para la comunicación” iban aumentando progresivamente… De todos modos, resultaban inevitables ciertas afinidades idiomáticas… Hasta que el anfitrión, un personaje con indudable carisma y autoridad natural, decidió “reorganizar” las mesas y las conversaciones: nos separó a todas los españoles y nos fue distribuyendo entre los distintos grupos de haitianos para que “confraternizáramos”. También dictaminó que, esa noche, serían las mujeres las que elegirían a los hombres con los que quisieran bailar.

Ambos decretos no podían sino traer consecuencias… De manera que, contra todas mis costumbres más acendradas, terminé bailando “kompa” con una muchacha que me invitó. Afortunadamente, la joven tenía paciencia y buena voluntad y la pista no estaba muy iluminada, con lo cual la mayoría de los asistentes no tuvieron que sufrir con la visión mis desafortunados pasos y movimientos al son de la música local.

La fiesta continuaba y continuaba, sin visos de acabar, hasta que decidí aprovechar que unas compañeras de otra organización se iban, para acompañarlas a la puerta… y desaparecer del radio de control de nuestro influyente anfitrión. Porque siempre he sido de la opinión de que, sobre todo en el caso de fiestas como ésta “una retirada a tiempo, es una victoria”


martes, 22 de marzo de 2011

Ilusiones

Este domingo tuvo lugar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Haití. El solo hecho ya es, de por sí, un acontecimiento histórico, pues nunca, en la historia de este país, se había llegado tan lejos en un proceso electoral. La “tradición” había sido hasta ahora que la segunda vuelta exigida por la constitución no celebrara, por algún tipo de incidente o “componenda política”. Si a esto se le suma que la jornada se celebró casi sin incidentes, el asunto comienza a tomar visos de excepcionalidad.

Y es que Haití todavía nos puede deparar sorpresas a los que vivimos aquí. De hecho, hoy me ha sorprendido que, tras hacer la compra en el “supermercado” habitual, me han entregado un papelito impreso con la cuenta detallada. Un documento como ese, al que en España no daríamos ni la menor importancia, ha supuesto para mi casi un antes y un después en mis relaciones comerciales en este país. Por primera vez puedo repasar la cuenta y comprobar qué me han cobrado, en incluso si las cantidades coinciden en los pocos artículos que tienen el precio marcado.

Tampoco es que piense que nos encontremos, todavía, ante “un acontecimiento histórico a escala planetaria”… Seguramente, gane quien gane las elecciones presidenciales en Haití, pocas cosas cambiarán en el corto plazo para la mayor parte de los haitianos y las haitianas. Y el hecho de que la señora del “super” me saque la cuenta impresa no cambiará la paradoja de que este país tiene sueldos del tercer mundo y precios europeos. Pero, tal vez, las cosas sí puedan empezar a cambiar, aunque sea lentamente.

La dueña del hotel donde resido, tiene un “protegido”, un adolescente del medio rural que ha venido a estudiar la secundaria a la ciudad y a quien ella mantiene. Hoy contaba que el muchacho no sabía hablar francés cuando llegó a Jacmel, solo creole, pero que ella le pagó tres meses de clases en la Alliance Française. Ahora ya lo habla muy bien, (seguramente mejor que yo), y, sobre todo, tiene mucho interés en mejorar, de manera que, cuando está con ella, le pide por favor que sólo le hable en francés.

Hoy he coincidido en la calle con la hora de la salida de los colegios y los institutos. Me he cruzado de frente con cientos de niños y niñas, contentos, sonrientes. A veces pienso que las palabras “sueños”, “esperanzas” o “ilusiones”, con incompatibles con la palabra “Haití”, pero hoy me dado cuenta de que, seguramente, todavía hay muchas cosas en esta isla que no soy capaz de ver. Algo que sí veían, sin duda, los ojos de esos escolares.


sábado, 19 de marzo de 2011

Que nos pille comidos

He estado los últimos tres días encerrado en un taller de procedimientos administrativos con nuestros socios locales en Haití. Algo realmente apasionante…. Mientras, a nuestro alrededor el mundo no cesaba de moverse: Japón, tras la terrible sucesión de terremotos y maremotos ve ahora como la sombra del desastre nuclear amenaza, de nuevo, a su pueblo. Los movimientos sociales en los países árabes no cesan. Los gobiernos europeos pretenden acabar con la prepotencia del dictador libio recurriendo a la prepotencia de la aviación militar de la OTAN, con lo que puede darse la circunstancia de que el presidente de España, que comenzó su mandato sacando las tropas un país invadido por Occidente, termine su mandato con tropas españolas en “misión de paz” en otro país…

En Haití, la historia tampoco se para. Hoy, a dos días de las elecciones presidenciales, otro ex presidente, Aristide, ha regresado. Los medios de comunicación y algunas poderosas embajadas llevaban semanas anunciando, de nuevo, “el fin del mundo” si esto ocurría. Curiosamente, en su primer discurso, Aristide ha llamado al “amor entre los haitianos”. Este país, sin duda, sigue siendo imprevisible.

Una escena me ha llamado mucho la atención esta mañana. A la hora del descanso para el café durante nuestra reunión, mientras la mayor parte de los haitianos estaban pendientes de la radio, escuchando las primeras palabras de Arisitide al bajar del avión, nuestro traductor, haitiano también, estaba siguiendo por internet el sorteo de la Champions League… Cuando le hemos comentado que nos parecía curioso el hecho, el nos ha resumido su actitud ante la vida: la política de Haití le resulta tan desagradable que prefiere dedicar su tiempo a seguir el fútbol y a pensar cómo conseguir un plato de comida para su familia.

El mundo sigue moviéndose, lo queremos o no. Quizá sea mejor que, pase lo que pase, al menos nos pille comidos.


sábado, 12 de marzo de 2011

Decisiones

En Haití estamos a una semana de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Una cita que debería ser decisiva para el futuro de este país.

Una anciana catedrática, Mirlande Manigat, se enfrenta a un joven cantante, Michel Martelly. Aunque, curiosamente, sus iniciales coinciden, M.M., los personajes no pueden ser más distintos. El ganador, o la ganadora, deberá ponerse inmediatamente manos a la obra para, no solamente reconstruir, sino también re-pensar este país.

Salgo a dar una vuelta por la ciudad para tantear el ambiente popular en estas jornadas clave y me encuentro con un Jacmel, muy, muy tranquilo. Solamente, ya en el camino de retorno, encuentro una aglomeración de gente delante de una casa. “¿Qué ocurre?”, me digo. “¿Un mitin de alguno de los candidatos?”. Me acerco un poco más y veo que están todos rodeando un televisor. “¿Retransmitirán algún debate entre los candidatos?”. Me asomo a ver y compruebo que no era ese el motivo de tanto interés popular, sino ¡la retransmisión de un partido de fútbol entre el Real Madrid y el Barcelona!

Las clases populares haitianas parecen más interesadas en la evolución de la liga española que en la de las elecciones presidenciales. Por otro lado, me viene a la cabeza una frase de alguien que venía a decir que “la política es algo demasiado importante para dejarla solo en manos de los políticos". Me pregunto entonces, en manos de quién estará realmente el futuro de este país.

En ese momento, mientras me encontraba sumido en estos pensamientos trascendentes, me cruzo con uno de los artísticamente decorados camiones de este país. Todos ellos, además de muchos colores, suelen llevar escrito un lema. En este ponía “Dieu qui decide”, (Es Dios quien decide)

¿Esa era la respuesta?


jueves, 10 de marzo de 2011

Volví de Bainet


Ayer volví a Bainet. Y, lo que es más importante todavía, ayer volví “de” Bainet.

La verdad es que organizar viajes en Haití parece muy complicado. Siempre surgen cosas inesperadas; imponderables.

Habíamos quedado a las seis de la mañana y, sorprendentemente, el chófer pasó a buscarme a las seis y cinco. Pero…, siempre hay un pero, antes de salir había que pasar por la oficina a cargar unas herramientas y recoger a un electricista que viajaría a la zona con nosotros.

Tras más de media hora, una vez cargadas las herramientas resultó que el electricista no iba a pasar por la oficina, sino que había que ir a buscarle a su casa. “¿Me importaba?” “No, por favor. Pero, ¿dónde vive?” Resultó que vivía dos pueblos más allá, a unos veinticinco kilómetros, en dirección contraria a la que debíamos tomar… Y para tratar de compensar el retraso, el chófer decidió sacarle todo el partido posible al vehículo… Nunca pensé que se pudieran alcanzar los ciento veinte kilómetros por hora en una carretera haitiana… En un momento dado, decidí plantearle al esforzado conductor que me parecía preferible ir con retraso que terminar teniendo un problema…

Mi observación pareció tranquilizarle… Al menos hasta el momento de emprender el camino de regreso.

Habíamos pasado una agradable jornada de campo que terminó con una sobremesa de lluvia. Realmente, la lluvia que marcó el inicio de la temporada húmeda, que tanto estaban esperando los campos y los agricultores.

Tuvimos que esperar a que el electricista terminara su trabajo para devolverle a su casa, por lo que se nos hizo un poco tarde. Pero, una vez más, el chófer decidió que podía compensar el retraso… De manera que emprendió la procelosa travesía por pistas de montaña que nos tenía que devolver a Jacmel a una velocidad pasmosa. Como apoyo psicológico, puso un disco de canciones evangélicas en creole… quizás con la doble intención de pedirle protección a su Dios… y de que los pecadores nos fuéramos arrepintiendo de todas las faltas cometidas… Además, mi chófer resultó ser una persona muy solicitada, y, en un momento dado, yo perdí la cuenta… porque, entre la mano que utilizaba para llevar el ritmo de la canción, la que utilizaba para contestar al teléfono y la que dedicaba constantemente a tocar la bocina… no me queda claro con cuál conducía…

Así, entre música religiosa, sinfonía de bocinazos y los acordes continuos del móvil, pese a todo, llegamos a Jacmel.

No besé al suelo al bajar del coche, solo porque estoy muy mayor ya para agacharme.


lunes, 7 de marzo de 2011

La capacidad de soñar



Uno de los temas de conversación en la tertulia del desayuno de hoy era la afirmación de la anfitriona de que los haitianos solo hablan de su pasado, pero son incapaces de sentarse a imaginar su futuro. Lo dice una persona que lleva más de cuarenta años compartiendo su vida con haitianos. Yo no puedo apoyar o contradecir esa afirmación, porque, como repito a menudo, me queda mucho camino todavía para llegar a comprender lo que pasa por la cabeza de la gente que me rodea en este país. Pero, en mi opinión, sería muy grave no ser capaz de imaginar un futuro; no solo por el componente de desesperanza, (o al menos de falta de esperanza), que eso conlleva, sino porque supondría una cierta incapacidad de soñar.

Para mí, soñar es una de las partes más importantes de nuestra Vida. Tanto soñar dormidos, como soñar despiertos. Pese a que la mayoría de las veces nuestros sueños no se hacen realidad, estoy convencido que el solo ejercicio de soñar, de imaginar, de crear nuevas realidades, es lo más sano que puede ocurrirle a nuestras mentes.

Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor. Supongo que esa es una de tantas mentiras que, a fuerza de ser repetidas, se convierten en verdad. Aunque reconozco que en países en una situación tan crítica como Haití, la tentación de creerlo puede ser irresistible. Pero, ¿cómo alcanzar un futuro mejor si no somos capaces ni de imaginarlo, ni siquiera de hablar de él? La mayoría de los planes para Haití hablan de reconstrucción, de rehabilitación, de volver a dejar el país como estaba antes del terremoto del 12 de enero de 2010. De alguna manera, parece ser la fecha en la que se acabó la historia.

Pero la historia es tenaz; se resiste a acabarse, como nos demuestran los titulares más recientes de las noticias de mundo. En algunos países, grupos de personas, jóvenes y no tan jóvenes, se han puesto, no solo a imaginar un futuro, sino también se han levantado para ir a buscarlo. ¿Por qué eso no puede ser posible también aquí?

¿Y por qué eso no puede ser posible también en España? Hace tiempo que me da la impresión de que mi país también vive un poco demasiado obsesionado con su pasado. En la literatura, en el cine, en la política… ¿Hemos perdido también los españoles la capacidad de soñar? Quiero pensar que no.

domingo, 6 de marzo de 2011

El discurso del rey

Como decía una canción de un viejo conocido, creo que a muchos nos ha pasado por la cabeza eso de “a veces me pregunto qué hago yo aquí”. Especialmente si estamos en una situación en la que tenemos que hablar o dar un pequeño discurso ante un grupo de personas.

Yo perdí “el miedo escénico” hace ya unos cuantos años, cuando la organización para la que entonces trabajaba me ofreció la oportunidad de participar en un curso para aprender a hablar en público. Desde entonces me ha tocado dar incluso discursos políticos; porque, como suelo decir “todos tenemos un pasado”.

Pero la vida no son sino desafíos, que nos hacen “rizar el rizo”. La primera vez que tuve que decir unas palabras a un pequeño grupo en Haití, me llevé el discurso preparado y escrito, para ir leyéndolo. Y es que uno piensa que sabe hablar un idioma en su casa, pero cuando tiene que enfrentarse a “un público”, la cosa puede no ser tan fácil.

Con el tiempo que llevo en Haití, he descubierto varias cosas. La primera, que puedo entender casi todo lo que me cuentan en francés. La segunda, que puedo comunicarme en francés, aunque solamente, me temo, al nivel de lenguaje de un niño de seis años. La tercera, y más importante, es que la gran mayoría de los haitianos no hablan ni entienden el francés, sino el creole.

La última vez que hice una visita de campo, tuve que dar un pequeño discurso, (lo que aquí llaman “palabras de circunstancias”) a un grupo de un centenar de campesinos y campesinas. Al terminar, yo creía que “airosamente”, la agrónoma que representaba a mis socios locales, me excusó ante los asistentes por “no hablar nada de creole, y, claramente, muy poco francés…”. La típica situación para preguntarme “qué hago yo aquí”…

Hoy he visto una película que hablaba de alguien que también se hacía esa pregunta, en parecidas circunstancias.

“El discurso del rey” cuenta la historia de alguien que no quería ser el soberano más importante de su tiempo, pero a quien circunstancias inesperadas llevaron al trono. Habla también de una amistad entre dos personas, muy distintas, que no estaban destinadas a conocerse nunca, pero a quienes el destino unió. Dos hombres que no eran lo que hubieran querido ser ninguno de los dos.

Una película, en mi opinión, muy elegante y muy humana, sobre la importancia de la comunicación en las relaciones humanas y sociales. Me he sentido bastante identificado, pues para mí, aquí, tampoco es fácil expresar todo lo que quisiera, y a menudo, todo lo que hay dentro de mi mente solo puede salir de ella expresado en forma de torpes balbuceos. Espero ser capaz, como el protagonista de la historia, de superar mis debilidades y poder transmitir mejor mis ideas y sentimientos en este país.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Geckos

No se puede decir que Haití sea un país con una fauna muy diversa ni abundante. Pero hay unos curiosos animales omnipresentes: los geckos. Son una especie de lagartijas, parecidas a nuestras salamanquesas, que uno puede encontrar en cualquier parte: la mayor parte de las veces es una visión fugaz de una pequeña criatura que corre a esconderse al sentir nuestra presencia. Todo el día de acá para allá en busca de sus medios de subsistencia, la verdad es que no sabemos mucho de ellos.

Solo hay una situación en la que podemos observarles con detenimiento: cuando se ponen a tomar el sol. En esos momentos se ve que disfrutan tanto que no se preocupan de nada de lo que les rodea.

Este animal es casi uno de los símbolos de Haití. Uno de los objetos artesanales más apreciados y más vendido son geckos de metal pintado. Elaborados a partir de trozos de chatarra, su decoración, en vivos colores es un derroche de imaginación artística.

Tras los desfiles de Carnaval, he llegado a pensar que los haitianos son, de alguna manera como esos geckos. Su vida diaria transcurre ajetreada, siempre en movimiento, siempre viajando; a pie, en tap-tap o en moto. Siempre buscando cómo subsistir.

Pero quizá el Carnaval haya sido para ellos como el Sol para los geckos; una energía necesaria que todos desean recibir. Para ello, han detenido sus cotidianos quehaceres y han lucido sus mejores galas para disfrutarlo.

Ha sido una buena ocasión para observarlos mejor. Aunque, como de los geckos, todavía me quedan muchas cosas que aprender de los haitianos.

lunes, 28 de febrero de 2011

Cordón umbilical


Mientras nos encontramos en el claustro materno hay un cordón umbilical nos une a nuestra madre, nos alimenta y nos transmite las defensas necesarias frente a posibles enfermedades. Al nacer, ese cordón se corta y debemos aprender, poco a poco, a alimentarnos y a defendernos por nosotros mismos.

Sin embargo, a lo largo de la vida vamos creando otros “cordones umbilicales” que nos ayudan a enfrentarnos mejor a las vicisitudes que nos vamos encontrando.

Ayer hubo un problema en el sistema eléctrico del hotel en el que resido y hemos estado casi dos días sin luz y, en consecuencia, sin internet. Para mí, esto ha significado que me había quedado sin el cordón umbilical que me une a las personas que más quiero. Por supuesto, no ha sido tan grave. Este cordón puede restablecerse, como de hecho ha sucedido. Pero la circunstancia me ha hecho plantearme una vez más lo dependientes que podemos llegar a ser de algunas cosas. En este caso son las herramientas tecnológicas que nos permiten mantenernos en contacto, comunicar, transmitir sentimientos y experiencias. Pero también recibir; recibir ánimo, alimento espiritual y protección contra enfermedades tan graves como el desánimo o la sensación de soledad.

No voy a decir que éste sea el cordón que me mantiene vivo, pero sí el que hace mi Vida mucho más agradable y llevadera.


Películas complementarias


Muchas veces, al acabar de leer un libro o de ver una película, nos quedamos un rato preguntándonos qué será de sus personajes tras el final de la historia que nos han contado. O cómo fue su vida anterior a los episodios que nos han contado.

Tal vez para eso se inventaron las trilogías, ese género tan explotado en la literatura y el cine. O, un paso más allá, las sagas y las series. Pero esta curiosidad nuestra puede ir más allá de lo establecido y extenderse a obras concebidas desde su inicio como individuales.

Hace unos días tuve la sensación de que acababa de ver una película que me ayudaba a comprender un poco mejor otra que había visto también recientemente. La verdad es que el hecho que la protagonista fuera la misma actriz ayudaba bastante. Pero lo curioso es que ambas películas, en principio, no tenían nada que ver.

“Amador” es una película española y “La teta asustada” es una película peruana. Sobre el papel cuentan historias diferentes, en ambientes diferentes. Sin embargo, tras ver la película peruana creo que entendí mucho mejor a la protagonista de la película española.

No quiero dar demasiados detalles de los argumentos de ninguna de las dos historias, porque en ambas hay tienen un cierto peso las “sorpresas”, el hecho de que las cosas no siempre sucedan del modo es que el espectador espera o sospecha.

Hace muchos años, recomendé a uno de mis mejores amigos una película que me había gustado mucho. Él, tras verla, me dijo que le había parecido malísima. Desde entonces, no quiero recomendar películas a nadie. Sé que cada uno tiene gustos y opiniones diferentes. Por eso, solo puedo opinar que, tanto “Amador” como “La teta asustada”, son películas que cuentan una historia, y ambas con una especial sensibilidad. Y señalar después que, para mí, tienen un valor adicional si se ven las dos, por ese orden.

domingo, 27 de febrero de 2011

Con las manos


Esta mañana he pasado junto a un par de jóvenes que estaban afanados en la dura tarea de desmontar un coche achatarrado a martillazos. No lo hacían por gamberrismo o por liberarse del stress, sino para ganarse la vida. Los trozos de metal que obtengan los venderán o, quien sabe, se convertirán en artesanías.

Por otro lado, el principal eje de Jacmel, la avenida Barranquilla, está siendo objeto de una curiosa “remodelación temporal”. Con motivo de los desfiles de carnaval, las fachadas de las casas son cubiertas con otras de madera, construidas y decoradas solo para estos días. Vendría a ser como “disfrazar” las casas. Todo esto, por supuesto, se hace a mano, por carpinteros y artesanos locales.

La polémica de estos días en Haití gira sobre si resulta “moral” o no dedicar varios millones de de dólares a las celebraciones de carnaval, cuando queda tanto por hacer en la reconstrucción del país. Pero más allá de eso, lo que me plantean estas dos imágenes es como los haitianos son capaces de hacer muchas cosas por sí mismos, con sus propias manos.

¿Qué soy yo capaz de hacer con mis manos? ¿Qué hago con ellas, de hecho, al cabo del día? Pues creo, sinceramente, que poca cosa. Mi trabajo me hace pasarme el día escribiendo, pero si alguna vez lo hago a mano, a duras penas soy capaz de entender mi letra al día siguiente. De hecho, pertenezco a un grupo cada vez más grande gente que, con sus manos, solo sabe apretar teclas… Y de hecho, para eso nos sobran dedos incluso.

En estos tiempos en los que apretar una tecla puede declarar una guerra mundial, hundir la economía de un país o provocar una subida generalizada del precio de los alimentos básicos, creo que deberíamos replantearnos el verdadero valor de los trabajos manuales. Reconocer la importancia de esas manos que crean cosas; sean artesanías, comidas, casas o huertos.

Aunque a algunos, como a mí, nos cueste creerlo, puede que haya vida más allá de un teclado…


jueves, 24 de febrero de 2011

¿Treinta años no es nada?

Esta semana a todo a mucha gente le ha dado por preguntar qué estábamos haciendo hace treinta años. Los medios de comunicación españoles se han puesto muy pesados “celebrando” el aniversario del intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981.

Yo no tenía nada heroico que celebrar. Pasé la noche estudiando un examen de matemáticas de 2º de BUP que tenía al día siguiente.

Pero la verdad es que resulta curioso recordarse a uno mismo treinta años atrás. ¿Es mucho tiempo? ¿Ha pasado volando? Quizá el tema no sea tanto recordar qué estábamos haciendo en ese momento, sino qué hemos hecho desde entonces. ¿Hemos cambiado? ¿Mucho? ¿Poco? ¿Realmente hemos cambiado? A menudo me planteo que ese muchacho de 1981 sigue viviendo dentro de mí. No sé si soy yo. No sé si sigo siendo él. Pero vive dentro de mí.

A este “juego del recuerdo” podríamos oponer el “juego del futuro”: ¿Qué estaremos haciendo dentro de diez, veinte o treinta años? Si nos lo hubieran preguntado ese 23 de febrero de 1981, ¿habríamos acertado? ¿Estamos ahora haciendo lo que imaginábamos que íbamos a hacer entonces? Estoy convencido de que nadie, o muy pocos, hubieran podido aproximarse siquiera. Yo desde luego, por mi parte, no hubiera podido imaginarme en Haití. Aunque la verdad es que tampoco estoy seguro de que me imaginara aquí hace un año…

A menudo digo que no puedo decir qué estaré haciendo el año que viene. No sé si estoy es un grave problema o una gran suerte. La Vida da muchas vueltas, es cierto. Solo que para algunos las da a mayor velocidad que para otros.

No sé qué será de mi Vida dentro de treinta años. Ni siquiera sé si estaré ya en ese tiovivo… Pero como también suelo decir, tan importante como saber si hay Vida después de la muerte, es intentar que haya Vida antes de la muerte.