miércoles, 15 de agosto de 2012

El timo de la estampita



Hoy estaba dando un paseo, aprovechando uno de los escasos respiros que nos está dando este agosto eterno, cuando un anuncio ha llamado poderosamente mi atención.
El BBVA, uno de los bancos más grandes de España, anuncia en la oficina de mi localidad que ¡regala cromos!.
¿Dónde quedaron esos tiempos en que regalaban sartenes, vajillas o cuberterías? ¡Tanto como hizo el sector bancario por renovar el ajuar de los hogares españoles y ahora, supongo que por la crisis, claro, se ven abocados a no poder regalar nada más que cromos!
Aunque, claro, como pasaba con las sartenes, regalar, lo que se dice regalar, tampoco los regalan... Para conseguir los cromos, tienes que hacer un ingreso de 300 euros, (50.000 pesetas, para los nostálgicos).
Se me dirá, tal vez, que es una promoción destinada solo a los clientes infantiles del BBVA. Es cierto, si eres adulto y, sobre todo si eres jubilado, hay otras ofertas mucho más atractivas... En ese caso, en lugar de cromos te ofrecen participaciones preferentes. ¿Qué para que sirven? Bueno, a la vista está que para lo mismo que los cromos, para coleccionarlas y, en todo caso, para cambiarlas con tus amigos en el parque. Para mucho más, no. Miles y miles de familias han sido estafadas por los bancos y cajas de ahorros españolas, ante la aquiescencia de nuestro gobierno, víctimas de un moderno "timo de la estampita".
Cromos, participaciones preferentes. ¿Cuál es la diferencia? Me temo que solo cambia el "público objetivo"...

sábado, 5 de mayo de 2012

"Por lo del gallego"

Me contaron la historia hace muchos años:
Había una vez un gallego que vivía en una cabaña aislada en el monte. su casa estaba situada justo en el límite entre las parroquias de San Serenín de Arriba y San Serenín de Abajo.
El hombre se pasaba la vida en los dos pueblos; iba a uno o a otro, indistintamente, para comprar, para charlar o para echar la partida. 
Cuando fue haciéndose mayor comenzó a decirle a todo el mundo: "Pues yo, si me muero en San Serenín de Arriba, quiero que me entierren en San Serenín de Abajo. Y si me muero en San Serenín de Abajo, quiero que me entierren en San Serenín de Arriba". 
Ante eso, sus vecinos le preguntaban: "pero hombre, ¿y eso por qué?. ¿Es por alguna promesa a la Virgen o algo". 
Y el gallego les contestaba, tranquilo: "No, por joder"
En esta historia tiene su origen una expresión que repito mucho a mis familiares y amigo, que es la de hacer las cosas "por lo del gallego"
Por alguna razón, estos últimos meses me acuerdo mucho de esta historia, y de esta expresión. Sobre todo, tras cada decisión del Consejo de Ministros, que, no en vano, está presidido por un gallego. 
El fundamento y los objetivos finales de la mayoría de sus medidas políticas, sociales, fiscales y financieras no tienen otra explicación, para mí al menos, que la de estar tomadas "por lo del gallego".




domingo, 26 de febrero de 2012

La sopa está fría

Una pareja tuvo un hijo sano y hermoso; pero, conforme fue creciendo se dieron cuenta de que el chico no hablaba. Lo llevaron a los mejores médicos del país, pero todos les dijeron que no encontraban ningún problema. Por lo demás, el niño, se desarrollaba con toda normalidad. Tan es así, que la familia se acostumbró a hacer vida normal, aceptando la situación. Un buen día, cuando el muchacho era ya adolescente, a la hora de comer, de repente, dijo a sus padres: "la sopa está fría". Los padres, locos de alegría lo abrazaron y el dijeron: "Hijo, ¿cómo es que no has hablado hasta ahora?", a lo que el joven respondió: "Es que, hasta ahora, todo había sido perfecto".
Es una historia muy vieja y un poco tonta, pero que me ha venido a la cabeza estos días de la "Primavera Valenciana"
Se dice a menudo que los jóvenes españoles no se mueven, no se movilizan. Tal vez, en gran medida, sea culpa nuestra. Culpa de toda una generación de padres que nos hemos esforzado en intentar que todo sea "perfecto" para nuestros hijos. 
Nuestros padres trabajaron por darnos a nosotros todo lo que ellos no tuvieron; por conseguir que nosotros fuéramos lo que ellos no habían podido ser. 
Nosotros hemos intentado que ese "estado del bienestar" por el que lucharon nuestros padres, no se desvaneciera; pero, tal vez, al intentar "corregirlo y aumentarlo", al tratar de dar a nuestros hijos "más y mejor", hemos "estirado el brazo más que la manga", creyéndonos las teorías del crecimiento sin fin... y algo comienza a "crujir" en el sistema...
Y ahora nos damos cuenta de que nuestros jóvenes, a los que creíamos "mudos", sí que saben salir a la calle a reclamar sus derechos, cuando se encuentran con la sopa, o con el instituto frío... 
Espero que sepamos aprovechar ocasiones como estas para encontrar juntos otros caminos. Otra senda alternativa a ese "único camino" por el que nos quieren llevar los políticos y "los mercados".


miércoles, 8 de febrero de 2012

La banda sonora de mi Vida


Estos días estoy inmerso en un experimento psico-sociológico.
He “heredado” de mi hija un chisme de esos “con manzanita”, que permite almacenar cientos de canciones y escucharlas en cualquier lugar. El aparato, desde el punto de vista de la generación de mis hijos es un poco arcaico, pues ellos ahora lo hacen ya todo con sus teléfonos móviles, pero yo lo he cogido con gusto.
Como además, en el disco duro de mi ordenador tenía almacenadas y casi olvidadas miles de canciones, ese aparato ahora me sirve para amenizar mis trabajos en el campo o mis viajes con mi propia “emisora de radio”.
¿Qué emite esa emisora? Pues lo que he dado en llamar “la banda sonora de mi Vida”.
Cada vez que alguien me pregunta qué música me gusta, no tengo ni idea de qué contestar. Pues nunca he tenido un estilo ni unos gustos muy definidos…, ni en la música ni en nada…
Entonces, ¿qué música guardaba en el ordenador? No sé muy bien. Toda aquella que ha ido significando algo para mi a lo largo de todos estos (bastantes ya) años…Algunas piezas “más clásicas” y otras mucho más “eclécticas”… Es curioso cómo la música es capaz de transportarnos con unas cuantas notas, diez, veinte, treinta años atrás… para recordarnos momentos de esa época. Momentos importantes o futiles; alegres o tristes; hermosos o ridículos; importantes o patéticos…
¿Qué queda de las personas que escucharon esa música? De nosotros y de los que la escucharon con nosotros. Algunas todavía nos acompañan o están cerca. De otras muchas, sin embargo, hace tiempo que no sabemos nada. Desaparecieron de nuestra vida; o incluso, a veces, de este mundo…
¿Y qué queda de ese ser que tenía nuestro mismo nombre y un cuerpo parecido cuando escuchaba esa música? ¿Sigue viviendo en nosotros o ha desaparecido también de este mundo…?
Hay que ver todas las preguntas que me hago ahora mientras trabajo o mientras conduzco… ¡Todo lo que puede evocar la música!


martes, 31 de enero de 2012

Mis hijos no lo tienen fácil.


La verdad es que no.  Además del lastre de tener que soportar a “el peor padre del mundo”, el mundo en que les ha tocado vivir, si se mira bien, tampoco es, precisamente, el mejor de los posibles..
Se suele decir que es una generación que lo tiene todo. Bueno, habría que plantearse de qué está lleno ese “todo”. O quizá, más bien, de que les hemos llenado ese “todo”. Tal vez es una enorme burbuja llena de bienes materiales, en las que no están aislados, sino que disponen de unas enormes ventanas para asomarse al mundo a través de internet y las redes sociales.
A través de esas ventanas están en contacto con jóvenes en su misma situación. Asomados a un mundo real que no han creado, un mundo que no les pide opinión, pero que no para de reclamarles que lo consuman.
Desde luego, muchas cosas de ese mundo real no les gustan; por eso, seguramente, tratan de crear una nueva realidad. Una realidad en gran parte virtual, pero que tal vez sea una especie de proyecto, de ensayo, para ese nuevo mundo real que ellos y ellas quisiera crear cuando les dejen un hueco…
Dicen que esta generación será la primera que vivirá peor de lo que lo han hecho sus padres. Les tocará vivir con los despojos de ese “estado del bienestar” que hemos comenzado a desmantelar antes siquiera de que supiéramos realmente de qué se trataba… No extraño pues que nuestros jóvenes comiencen a vivir, por anticipado, en ese “estado de malestar” que parece que van a recibir, inevitablemente, de herencia.
¿Inevitablemente? Esta generación se dice que es también la primera que puede enseñarle bastantes cosas a sus padres. Se habla de que es una generación de “nativos digitales”, con una manera totalmente distinta de entender la comunicación y las relaciones humanas. Una manera a la que los menos jóvenes, “migrantes digitales”, intentamos también adaptarnos; a menudo con poco éxito y notorias “meteduras de pata”…
Quizá esos nuevos modos de “navegar” por las procelosas aguas de un mundo globalizado, (para lo bueno y para lo malo…), consigan alejarnos de los cantos de las sirenas de la “inevitabilidad”.
Decimos que nuestros hijos e hijas no tienen ilusión, pero, seguramente, lo único cierto es que no comparten nuestras ilusiones. Esas ilusiones ya gastadas; suponiendo que aún existan en nuestro interior… En nuestro profundo interior, porque lo cierto es que los mensajes que transmitimos no son precisamente muy “ilusionantes”, ni para ellos ni para nosotros.
Escuché hace poco que la Vida hay que entenderla mirando hacia el pasado; pero que hay que vivirla con la vista puesta en el futuro. Mientras tanto, estamos todos juntos en este presente hostil. La experiencia nos dice que de todas las crisis se sale, pero también que se sale más rápido si se consigue cambiar los paradigmas.
Quiero creer mi generación puede aportar todavía algo de experiencia útil, que unida a las nuevas ilusiones y nuevos paradigmas de nuestros hijos, nos pueden permitir construir un futuro.
La Historia no ha terminado.

domingo, 29 de enero de 2012

El peor padre del mundo


Tengo dos hijos. Ambos fueron hijos deseados. No me pregunten por qué, pues no podría explicarlo, pero así fue.
A pesar de eso, nunca he estado muy seguro de ser un buen padre. Los hijos no vienen con manual de instrucciones, y, si algo aprendí sobre la marcha es que tampoco suelen ser muy útiles los consejos de otros padres, tengan la edad que tengan.
En estas últimas semanas, sin embargo, ya he alcanzado una seguridad. Mis dos hijos me han convencido que de que soy el peor padre del mundo.
Todo lo que hago está mal hecho. Todo lo que digo es una estupidez. No puedo aportarles nada, ni hay nada que pueda enseñarles. Me consideran ya “amortizado”.
Bueno, la verdad es que tampoco es exactamente así. Realmente consideran que todavía puedo aportarles algo: un plato de comida, un lugar donde dormir y conectarse a Internet y una asignación mensual.
Eso sí, no puedo pedirles que comamos todos juntos; no debo imponerles a qué hora tienen que venir a dormir ni pedirles que ordenen su habitación; no tengo que plantearles que quizá pasan demasiadas horas conectados a Internet; no puedo preguntarles en qué emplean su dinero, ni siquiera puedo acompañarles y/o aconsejarles en sus compras.
En general, si estoy callado no hay demasiados problemas. Pero la situación se torna inestable cuando pretendo “meterme en sus vidas”. Unas vidas que, según me cuentan, son en todo perfectas cuando están fuera de casa (eso incluye sus horas de “vida virtual” en internet…), pero que se tornan insoportables cuando entran por la puerta.
No sé, supongo que tal vez sea un poco de envidia de esas vidas tan maravillosas que ellos son capaces de encontrar en el exterior… ¡con la que está cayendo! Quizá hayan aprendido a conformarse con esas pequeñas alegrías y satisfacciones que se encuentran con amigos y compañeros… Lo cual no es malo, al contrario. Pero, entonces, ¿por qué es tan complicado verles alegres y satisfechos en casa? ¿Cómo es que se incrementa tanto su nivel de exigencia al volver a casa?
Parece ser que el único papel que me resta es el de fiel sirviente y puntual proveedor de recursos económicos, alimenticios e informáticos. Todo lo demás que haga o diga, lo haré solo “por fastidiarles”, o “les agobiará”.
Y si no soy capaz de ceñirme al escueto papel que se espera de mí, la amenaza, repetidamente expresada es que “se irán de casa”.
Hoy le he dicho a uno de ellos que, si toma esa decisión, antes de cerrar la puerta mire a ver si queda alguien en casa, no vaya a ser que me haya ido yo antes…

martes, 27 de diciembre de 2011

Cultura y "pirateria"


El nuevo ministro de Cultura del gobierno de España, en sus primeras declaraciones públicas ha afirmado que este país “no se respeta la Cultura” porque, según él se encabeza el ranking de la “piratería”…
Dejo aparte del tema de que, actualmente, se considere “piratas” a los que comparten música, películas y libros a través de Internet. A otros que, con la sola brújula de su avaricia y a embarcados en oscuras naves llamadas “mercados”, especulan con países enteros, los roban, violan y saquean para luego esconder sus ganancias en islas perdidas del Caribe, se les denomina “agentes financieros”.
Con esa salvedad, debo decir que estoy de acuerdo con el ministro. En España no se respeta la Cultura. Porque no creo que los “creadores” hayan deseado nunca que sus obras estuvieran inmersas en el “tsunami publicitario” en el que se nos suelen presentar.
Me gustaría saber qué opinan los músicos de que sus canciones se presenten como un breve intervalo musical entre la programación normal de las emisoras, que no viene a ser mucho más que anuncios y publirreportajes de grandes almacenes, bancos, y compañías de seguros o telefónicas. Y en las emisoras locales puede ser peor, pues la música aparece entre anuncios de fruterías o talleres de ruedas…
El cine no lo tiene mejor. Pocos directores creo que soportarían sin un ataque de nervios los cortes (despieces, más bien) publicitarios que sufren sus películas. ¿Qué trama, por muy bien hilada que esté, puede soportar diez minutos de anuncios cada cuarto de hora? ¿Y en qué ambiente especial puede conseguir introducirnos un director, si sus imágenes vienen “emparedadas” entre el Burguer King y Media Markt?
Y si vamos a ver la película en una sala de cine, tendremos que soportar también, como “penitencia previa”, anuncios publicitarios o avances de películas que no nos interesan lo más mínimo, pero eso sí, siempre a un volumen ensordecedor.
Los libros, de momento, vienen sin anuncios; pero escritores prestigiosos, algunos de los cuales claman también por el respeto a la cultura, escriben en revistas donde apenas podemos encontrar sus artículos, “hábilmente” envueltos en el celofán de anuncios de colonia y coches de lujo.
Por todo eso, estoy de acuerdo con el ministro, en España no se respeta, en general la Cultura. Por eso, los que queremos escuchar música sin anuncios y ver películas sin interrupciones, tenemos que recurrir, a menudo, a compartirlas con amigos y verlas tranquilamente, en un ambiente adecuado, sin ser asaltados sin piedad por mensajes indeseados que destrozan toda la magia del arte.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Mi viejo Atlas

Cuando era pequeño tenía un Atlas escolar en casa. Pasé muchos ratos de mi infancia dibujando sobre él con un lápiz viajes imaginarios por los cinco continentes.
Siempre me ha gustado viajar. Es un vicio que, de alguna manera, me transmitieron mis padres. Ellos, dentro de sus modestas posibilidades, trataban cada año de llevarnos a sitios nuevos de vacaciones a mi hermana y a mí. Con el tiempo, ese "vicio" se convirtió en pasión y, ya independizado, fui teniendo ocasión de comenzar a hacer realidad algunos de los viajes que diseñé en mi viejo Atlas. 
He tenido la suerte, además, de que muchos de esos viajes han sido por cuestiones de trabajo. Dicho de otra manera, me han pagado por hacerlos.
Desde luego, no he tenido ocasión de recorrer aún todas las rutas trazadas a lápiz en mi infancia; pero sí, quizá, muchas más de las que creía posibles en aquel entonces tumbado en el suelo de mi habitación mirando hojeando sin descanso las gastadas páginas de mi Atlas.
Espero todavía poder hacer realidad muchos de aquellos viajes soñados; pero, con el tiempo, he ido aprendiendo que, en muchas ocasiones, preparando un viaje se disfruta tanto o más que llevándolo a cabo.
Por otro lado, en la actualidad, las compañías aéreas y las medidas de seguridad aeroportuarias están consiguiendo que viajar deje de ser un placer para convertirse en un purgatorio. Para muchas personas, el tiempo que se pasa viajando es una molestia, una incomodidad que debe acabarse lo antes posible. Cuando, muy menudo, en mi opinión, el trayecto pude ser mucho más gozoso y satisfactorio que el destino a alcanzar.
Quizá es por eso que, mientras trato de encontrar, de una vez, un lugar donde echar raíces junto a mis seres queridos, estoy tratando de "sublimar" mi pasión por los viajes con un nuevo proyecto que he dado en llamar "El Gato Viajero". Vendría a ser algo así como tratar de seguir viajando por "personas interpuestas"... Seguir dibujando, ahora virtualmente, rutas a lápiz sobre mi viejo Atlas.


domingo, 11 de diciembre de 2011

El viajar es un placer



Sólo para nostálgicos... 
Amantes de los viajes. Incluso de los viajes al pasado


Domingos diferentes



Aunque el Madrid haya perdido "el clásico"... Aunque sea día de "Operación Retorno"...
Hay maneras diferentes de pasar el domingo. Por ejemplo, cogiendo olivas en una casa rural del Bajo Aragón. La casa de unos buenos amigos: http://www.lodebruno.com/




Nuevos proyectos

¿Por qué esperar al Año Nuevo para iniciar nuevos proyectos?
“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” nos enseñaron de pequeñitos.
Tras muchos años de desearlo y muchos años de “ir dejándolo”, esta semana hemos dado el paso: hemos comprado una casa en el campo.
No es un castillo, aunque por la llave que nos han entregado lo parece.
No es una ruina, aunque sin duda hay muchas cosas que rehabilitar y muchas mejoras posibles que hacer.
Es una casa con una historia pasada y un futuro por construir.
Es un entretenimiento para mucho tiempo.
Nos quedan muchas jornadas de trabajo; muchas dudas y muchos esfuerzos.
Estamos decididos a dedicarle muchas energías y toda nuestra ilusión.
Como otras muchas cosas de la Vida, sabemos cuándo empezamos pero no cuándo terminaremos.
Pero no nos importa. Seguramente, la Felicidad no está tanto en el objetivo final, sino en disfrutar durante el camino.

martes, 6 de diciembre de 2011

Recortes navideños


El nuevo gobierno que surgirá de las últimas elecciones generales celebradas en España tomará posesión justo antes de Navidad. Con ese motivo, aprovechará para tomar una serie de importantes medidas de carácter socio económico.
Me permitirán que no revele cómo, pero una fuente fidedigna me ha filtrado una de ellas; sin duda, de gran impacto en nuestras vidas.
La cúpula dirigente del partido actualmente hegemónico en España ha mantenido reuniones secretas con los sindicatos UGPN (Unión General de Papás Noeles) y CCMM (Comisiones Mágicas) con el fin de aplicar un severo plan de recortes y austeridad durante las fiestas navideñas, para tratar, de una vez por todas, de que dejen de ser un periodo de derroche sin sentido.
Las medidas, que han sido aceptadas en su totalidad por los sindicatos, se resumen en los siguientes puntos:
Aplicación de un ERE (Expediente de Regulación de Empleo) sobre los Reyes Magos con las siguientes consecuencias:
  • Rescisión de contrato a Baltasar por no poder presentar papeles que acrediten su residencia legal en España.
  • Melchor y Gaspar perderán sus contratos indefinidos y pasarán a ser considerados fijos discontinuos. Además, dejará de reconocérseles la antigüedad y el complemento de nocturnidad.
Renegociación del contrato con Papá Noel, especialmente en lo relativo al uso de un trineo volador tirado por renos, dado el sobrecoste que ello supone por el pago de horas extras a los controladores aéreos necesarios para tal fin. Así, en lo sucesivo, Papá Noel solo verá autorizado el uso de medios terrestres para realizar su trabajo; una medida que ha sido especialmente bien acogida por CCMM que llevaba décadas acusando a los miembros de UGPN de competencia desleal.
Los miembros de ambos sindicatos (UGPN y CCMM) se comprometen a dejar este año en cada domicilio una “factura informativa” del coste de cada porte, para que los ciudadanos y ciudadanas comiencen a ser conscientes del impacto de sus peticiones y deseos en el creciente déficit del Estado.
Estas medidas, serán de aplicación inmediata en las próximas fiestas navideñas. Aunque los portavoces del nuevo gobierno quieren dejar claro que su adopción no descarta en modo alguno que en años sucesivos sean adoptadas nuevas medidas de recorte presupuestario, entre las que podrían estar la fusión obligatoria de los dos sindicatos (UGPN y CCMM), con nuevas regulaciones de plantilla y la adopción de una única fecha para el reparto de regalos. Esta fecha aún no está decidida, pero se empieza a barajar la del 28 de diciembre.

El gobierno del miedo


En la historia de la Humanidad, los gobernantes han utilizado distintos tipos de miedo para controlar a la población. Básicamente, el miedo a sufrir toda una serie de castigos físicos, más o menos sofisticados, si se desobedecían los designios del señor de turno.
En muchas ocasiones, además, los poderes terrenales se han aliado con los poderes espirituales para controlar a los hombres y a las mujeres a través del miedo a los dioses, que podrían infligirnos toda una serie de penalidades en esta o en otras vidas.
Muy utilizado ha sido también el miedo a lo distinto, a lo diferente, al extranjero. Así, en nuestra historia, nuestros gobernantes nos han enseñado sucesivamente a temer a los bárbaros, a los moros, a los protestantes, a los revolucionarios, a los masones, a los comunistas o a los terroristas.
Pero, con ser diferentes, todos estos miedos que nos han sido inculcados para mantenernos “en orden”, no dejan de basarse en lo mismo, en que alguien vendrá, de manera inesperada y sorpresiva y nos harán daño, mucho daño, a nosotros o a nuestros seres queridos. Para impedirlo, para protegernos de todo mal, tenemos que obedecer al gobernante.
Sin embargo, parece que, progresivamente, nos hemos ido haciendo más descreídos, (o más inteligentes…) y cada vez tenemos menos miedo al enemigo exterior, por lo que, a mi modo de ver, nuestros gobernantes están tratando de controlarnos con un nuevo tipo de miedo; una especie de “enemigo interior”.
No está muy bien definido; ni siquiera tiene un nombre preciso. A veces se le da en llamar “los mercados” o “la economía”. Pero, en todo caso, parece ser tan terrible como cualquiera de los antiguos dioses y tan sanguinario como cualquiera de nuestros enemigos históricos anteriores, ya que no solo pueden acabar con nuestro presente, sino también con nuestro futuro y el de nuestros hijos.
Si no hacemos caso de todo lo que nos digan nuestros gobernantes, estos nuevos enemigos acabarán con nuestra vida tal y como la conocemos hasta ahora…
Bueno, tal vez no acabarán con nuestras vidas, sino con nuestro “estilo de vida”. Y, en mi opinión, ahí está el quid de la cuestión. ¿Queremos conservar más nuestro “estilo de vida” que nuestras Vidas y las de nuestros hijos? ¿Dejaremos de luchar por lo que creemos que es justo para esta generación y las siguientes porque tenemos que seguir pagando la hipoteca o porque no queremos renunciar a cambiar de coche cada cuatro años? ¿Son estos los nuevos miedos que nos gobiernan?

martes, 22 de noviembre de 2011

Terrorismo económico


Hace ocho años, justo unos días antes de unas elecciones generales, España sufrió el ataque terrorista más cruel de su historia, con el resultado trágico de casi dos centenares de muertos. Tras esos tensos y dolorosos días, los españoles tuvimos que ir a votar y decidimos quiénes serían nuestros gobernantes durante los siguientes cuatro años. Fueron unas elecciones legítimas, pese a que ciertos grupos políticos y mediáticos pusieron entonces en duda la validez del resultado, y han seguido haciéndolo incluso durante todos los años que han transcurrido desde entonces.
Hace unos días, los españoles fuimos convocados de nuevo a participar en unas elecciones generales. Y, nuevamente, la campaña electoral ha estado marcada por actos terroristas. Terrorismo económico, también llamado avaricia, especulación, latrocinio o “presiones de los mercados”. En esta ocasión, los terroristas, seguramente, tampoco estaban “en lejanas montañas”, sino más bien en “despachos cercanos”. Es lo que tiene el terrorismo económico, que para organizarlo y ejecutarlo no hay que esconderse en cuevas, sino que sus artífices pueden pasar su jornada laboral sentados en cómodos sillones de cuero y disfrutando de aire acondicionado. Sin embargo, su objetivo no deja de ser, como el de otros grupos terroristas, doblegar a los gobiernos y ocasionar sufrimiento a ciudadanos inocentes.
La principal diferencia entre estos dos ataques terroristas a la democracia española es que me temo que nadie va a investigar ni llevar a juicio a los responsables de este último atentado. Es más, son muy pocos los ciudadanos, y creo que ningún partido político, los que lo están reclamando.
No creo que debamos dudar de la legitimidad de los resultados de las últimas elecciones. Se han realizado de acuerdo con las reglas de juego que nosotros mismos nos hemos impuesto. Pero sí creo que es el momento de plantearnos comenzar a cambiar esas reglas. Pero eso es algo que, en mi opinión solo será posible si, como se hizo hace ocho años,  se investigan los últimos ataques de terrorismo económico que hemos sufrido, se desenmascara a los culpables, (a todos los culpables, estén donde estén) y éstos son llevados ante los tribunales y juzgados.
Por el bien de nuestra democracia.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Reiniciando mi Vida.


De nuevo en casa. Atrás ha quedado el Caribe. Atrás, pero no olvidado. Sé que va ha sido una etapa importante de mi Vida. Siento que he aprendido algunas cosas. Cosas importantes. Incluso si ahora mismo no soy totalmente consciente de cuáles. No soy capaz de expresarlas con palabras. Pero estoy seguro de que se ha marcado un antes y un después.
No he sentido pena de irme de Haití. Como le decía a una compañera “no he sucumbido al encanto” de la isla, de la “la Perla del Caribe”. Pero, desde luego, no me ha dejado indiferente. Salí de ahí, tranquilo, convencido, decidido a hacerlo. Con una pequeña mochila de recuerdos, pero con un gran equipaje de proyectos.
El último atardecer lo pasé en la Playa de La Saline. En el rincón que otra compañera me invitó a descubrir el primer fin de semana que pasé en Jacmel. Allí donde me aconsejó que fuera siempre que lo necesitara; a ver el mar; a buscar respuestas o a encontrar nuevas preguntas.
Ahora me toca empezar otra vez. REINICIAR. Está claro que muchas cosas no pueden ni deben seguir igual. En mí, en mi familia. En mi entorno cercano. En nuestro país. En nuestro mundo.
No tengo nada claro como hacerlo, pero siento que tengo el ánimo y las fuerzas de hacerlo. Y quiero aprovecharlas.

martes, 15 de noviembre de 2011

Realidad o ficción




Siempre se ha dicho que la realidad supera a la ficción. También se suele afirmar, con un punto de cinismo, que una de las principales normas del periodismo es, o de debería ser, "nunca dejes que la realidad te estropee una bonita historia".

El 11/11/11 el mundo no se acabó como afirmaban algunos. Al contrario, ese mismo días, o mejor dicho, esa misma noche, "La 2 Noticias", considerado por muchos el mejor programa informativo de España, nos anunció, en primicia, que un mundo nuevo estaba naciendo, que esta vez sí, otro mundo era posible, y ahora era el momento.
http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-2-noticias/2-noticias-11-11-11/1247384/

Vivimos días en que nuestros gobernantes afirman que nos cuentan, ahora sí, la verdad. En los que nos exigen que nos enfrentemos a la realidad, que dejemos de vivir en un sueño.

Lo único que yo quisiera es que nos dejaran a cada uno vivir nuestros propios sueños. Eso y un espacio, una ventanita, para compartirlos con los demás.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Zombis en el purgatorio


Este sábado fui conduciendo solo por primera vez de Jacmel a Puerto Príncipe.
En todo el tiempo que he estado aquí solo he ido a Puerto Príncipe por obligación. Hay quien dice que esa ciudad es el infierno. Yo no estoy de acuerdo.
No creo que pueda ser el infierno una ciudad donde viven cientos de miles de niños. Niños que van a la escuela con sus uniformes limpios y planchados y una sonrisa en los labios. Y donde viven otros miles de niños que no pueden ir a la escuela porque no tienen quién les pague ni les lave y les planche el uniforme, pero, con la misma sonrisa, tratan de ganarse el pan de cada día limpiando coches, por ejemplo.
Pero, sí que es cierto que, Puerto Príncipe es una especie de purgatorio. Un lugar donde millones de almas parecen expiar sus pecados. Pecados que tal vez ellos no han cometido. Pecados tal vez de otros. Tal vez, incluso nuestros propios pecados. Aunque esos pecados no sean los que nos enseñó la Santa Madre Iglesia; sino otros, pero tal vez igual de capitales como el Olvido, el Desinterés o la Apatía.
En cualquier caso, esta vez me dirigía a Puerto Príncipe por placer. Recorrí las procelosas curvas de la montaña de Jacmel al amanecer escuchando algunas de mis canciones favoritas. Puedo asegurar que escuchar “Zombie” de The Cranberries en esas circunstancias, adquiere un sentido especial.
El sábado acudí a Puerto Príncipe por primera vez por placer porque iba a buscar al aeropuerto a mi “sorpresa inesperada de última hora”: a mi hija, que viene a pasar conmigo mis últimos días en Jacmel.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Última luna llena en Jacmel


Esta noche hay luna llena. Y esta será mi última luna llena en Jacmel.
La próxima semana regresaré a España. Habrán sido, si llevo bien la cuenta, 14 lunas llenas en Jacmel.
Llenas de ilusiones y de desilusiones. De recuerdos agradables y de momentos desagradables. De encuentros inolvidables y de reuniones a olvidar. De noches de fiesta y tardes de hospital. De paseos por la playa y días interminables en la oficina.
En resumen, 14 lunas llenas de Vida.
Dejo un país por reconstruir todavía, para regresar a un país por reiniciar. No sé lo que haré a partir de ahora. No tengo la menor idea. Pero sé que lo quiero hacer junto a las personas que quiero. Esas personas que nunca me han dejado de acompañar durante estas 14 lunas llenas, a pesar de que un océano y muchos kilómetros nos separaran.
En Haití creo que ha aprendido algunas cosas. Aunque, tal vez, aún no sea consciente de la mayoría de ellas. Espero poder compartirlas allá donde vaya.
No estoy seguro de haber enseñado algo. Me conformo con no dejar tras de mí un mal recuerdo.
Para la última semana que me queda en Jacmel, el destino me ha deparado una sorpresa de última hora. Un reencuentro inesperado. Tal vez una asignatura pendiente. Un asunto íntimo y personal por solucionar.
Espero que este “Reino de este mundo”, esta “Isla bajo el mar”, este país que basa su cultura en el culto a los antepasados, sea un buen lugar para comenzar a soñar juntos un nuevo futuro.

martes, 1 de noviembre de 2011

De nuevo en Puerto Príncipe.


El lunes 31 había que volver a Inmigración a recoger nuestros permisos de residencia. Aprovecharemos el viaje para hacer otras gestiones en la capital.
No todo el mundo se “haitianiza” en Jacmel. La compañera que viene a buscarme, con la que había quedado a las 4.15 de la mañana, me manda un SMS a las 4.12 para anunciarme que ya me está esperando en la puerta.
Tras recoger al resto de la expedición emprendemos la carretera de Jacmel a Puerto Príncipe. El primer tramo, de carretera de montaña y aún nocturno, transcurren con calma y normalidad. Tanto que en los asientos traseros, el personal duerme ruidosamente.
Al comenzar a acercarnos a la capital el tráfico se hace más denso, hasta volverse decididamente espeso al entrar en Puerto Príncipe. No son ni las 7 de la mañana pero la ciudad bulle: tap tap, camiones, mercados, atascos…
Tras una primera parada en el aeropuerto para dejar a una de nuestras cada vez más habituales “visitas técnicas”, nos dirigimos a Inmigración a recoger nuestro permisos de residencia. Entretenemos la espera observando que el funcionario de turno, además de su rutilante uniforme de “Vacaciones en el mar” lleva cuidadosamente hecha la manicura, con uñas barnizadas incluidas.
Seguimos hasta Petion-ville, el “barrio bien”. Hay que ir de bancos, pero como yo no pinto nada en ese negociado, decido “no hacer bulto” y quedarme esperando en la puerta. A la sombra hace una temperatura estupenda, me siento en las escaleras del banco, cojo postura y me dispongo a recuperar parte del sueño perdido. Me despiertan mis compañeras cuando salen un rato después. Una de ellas me comenta que en esa misma circunstancia en España me habría echado unas monedillas. Pero aquí a nadie se le ocurriría dar limosna a un blanco.
En una de las avenidas vemos cómo dos policías de uniforme están parando a todos los coches. Al llegar a nuestro lado le preguntamos qué ocurre. Nos dice que algo muy importante: “Jesús va a venir, a traernos la Vida Eterna”. Mucho más reconfortados, seguimos nuestro camino.
Tras varias gestiones más, (que incluyen una visita a la oficina técnica de la cooperación española para recoger unos documentos y utilizar sus baños…), emprendemos el camino de regreso. El atasco en el centro de la ciudad comienza a adquirir características de “colosal”. Para pasar el rato decidimos hacer fotos de los tap tap y analizar sus mensajes: “La vida no se acaba”, “Voluntad de Dios”, “Sólo Dios es Todopoderoso”, “Los verdaderos amigos son raros”. Suelen ser bastante repetitivos, aunque algunos, desde luego son solo para iniciados: “Filipenses 3, V, 28” o “Juan 5, 22”
Por fin, logramos salir de Puerto Príncipe y alcanzar la carretera de Jacmel. Esta vez el tramo de carretera de montaña nos lo “amenizan” dos camiones de cascos azules ceilandeses que ascienden los puertos penosamente delante de nosotros y se esperan en las cumbres el uno al otro, suponemos que “por motivos de seguridad”.
A eso de las 5 de la tarde, por fin, estamos otra vez en Jacmel.

Navegación a La Brasilienne


Quedamos a las 6.45. A esa hora solo estoy yo. Los demás llegan a las 7.30. Está claro que esto de los horarios, los blancos se “haitianizan” rápidamente. En un rápido recuento de las provisiones disponibles comprobamos que solo otra pareja y yo hemos caído en traer agua. Se decide enviar una expedición para ir a comprarla. Vuelven media hora más tarde con una docena de botellas de agua y tres docenas de cervezas.
A las 8.15 emprendemos por fin la navegación. Casi hora y media costeando en dirección oeste para llegar a la playa de la Brasilienne. El lugar no es nada del otro mundo y está lleno de pescadores locales y niños jugando. Decidimos emprender otra expedición para buscar un lugar más discreto; pero esta vez tenemos que caminar cargados con la nevera de las cervezas.
Finalmente encontramos un lugar más o menos aceptable, incluso con un pequeño toldo hecho con hojas de palmera para protegernos del ardiente sol. Son poco más de las diez de la mañana, pero comenzamos a emprenderla con los bocadillos y las cervezas.
Pasamos una jornada de pereza total, con tímidas excursiones al agua, atravesando la arena que quema con furia volcánica. Comienzan a aparecer algunos niños que sonríen, entre curiosos y estupefactos ante la imagen de un grupo de blancos tumbados a la sombra y acumulando, cuidadosamente, a un ladito, botellas vacías de cerveza.
Al inicio de la tarde nos rodea un grupo formado por la mayor parte de la población de la zona entre 5 y 75 años. Conversamos en una mezcla de francés, inglés, español y creole, digna de la torre de Babel. Sin duda nuestra locuacidad y don de lenguas se incrementa de manera inversamente proporcional a la cantidad que queda de cerveza.
Sobre las 15 horas decidimos abandonar La Brasilienne. Nuestro embarque no resulta demasiado airoso. La mar ya comienza a estar movida y subimos a la barca casi totalmente empapados. Para quitarnos el susto, decidimos acabar con las cervezas.
El capitán de la embarcación decide hacer la ruta de regreso casi pegado a los acantilados. Pasamos algunos momentos de tensión cuando decide demostrarnos que es capaz de hacer pasar la barca entre un peñasco de diez metros de alto y un arrecife que asoma ligeramente dos metros a la derecha. Una enseñanza del día: con el patrón del barco que ha de traerte de regreso con mar picada, no es conveniente compartir las cervezas.