martes, 9 de marzo de 2010

Félix Rodríguez de la Fuente

Acabo de asomarme a la 2 de Televisión Española y me he encontrado con un capítulo de "El hombre y la Tierra", la inolvidable serie de Félix Rodríguez de la Fuente. Concretamente, uno de los dedicados al lobo ibérico.
Mientras veía esas imágenes que siguen cautivándome y escuchaba su característica banda sonora, me he puesto a calcular cuándo vi la serie por primera vez. Y he llegado a la conclusión de que debe hacer unos 35 años.
Todavía me estoy recuperando del shock.


Hace 35 años España era una dictadura espiritualmente autárquica, muy alejada de veleidades europeístas.


La tele era en blanco y negro. El "canal y medio" que teníamos emitía solo unas horas al día. Pero había momentos en que las pantallas congregaban a españoles y españolas de todas las edades. Uno de esos acontecimientos que nos unían era la emisión de los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente.


A través de ellos, mi generación descubrió que la Naturaleza era algo más que una asignatura de la EGB; era algo que podíamos vivir y por cuya defensa y mejora merecía la pena trabajar.


Han pasado muchos años. Dicen que eso no es malo de suyo. No lo es si hemos vivido realmente esos años.
Muchas cosas han cambiado. En España, que ya es Europa. En la tele, que ya no es única, sino un caleidoscopio extraño y colorido, con decenas de canales que pasamos rápidamente con un movimiento de dedo, sin encontrar nada que estimule nuestra mente, y, desde luego, sin que exista ya ningún programa que vean juntos a padres, hijos y nietos.


Pero, sobre todo, hemos cambiado nosotros. Ahora, somo europeos y demócratas de toda la vida. Nuestro estándar de documentales son los de la BBC, mucho más espectaculares y políticamente correctos. A la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente nos faltó tiempo para sacar a la luz que sus documentales se realizaban en fincas cerradas con lobos amaestrados.
Hemos vivido mucho; hemos visto muchas cosas; pero, ¿hemos aprendido algo?, ¿ya no nos engañan tan fácilmente? Y, sobre todo, ¿amamos algo?, ¿nos apasionamos por algo?
No sé si Félix Rodríguez de la Fuente fue el mejor naturalista, pero, sin duda, amó lo que hacía, se apasionó por ello, y trató durante toda su vida de transmitirnos ese amor y esa pasión.