sábado, 20 de marzo de 2010

Garantías

Las navidades pasadas le regalé una cámara fotográfica digital a mi hija. Era un regalo especial, por lo que traté de no buscar un modelo cualquiera, sino un modelo de un cierto nivel. Elegí finalmente una marca alemana. A los tres meses, la cámara se estropeó. La garantía se hizo cargo de la reparación, pero hubo que enviar el aparato a Alemania y durante varias semanas mi hija no pudo utilizar su cámara fotográfica, que tanta ilusión le hacía. El problema no terminó ahí, pues la avería se ha repetido dos veces más. En todas las ocasiones, la garantía del fabricante se ha hecho cargo de la reparación, pero creo poder asegurar que a mi hija ya no le hace tanta gracia el regalo que le hice con la mejor intención.

Hace unos dos años compramos un coche. El fabricante, uno de los "inventores" del automóvil, nos ofrecía tres años de garantía, lo cual nos pareció estupendo. En los últimos tres meses, el vehículo ha estado tres veces en el taller. Siempre con la misma avería. En todas las ocasiones la garantía del fabricante se ha hecho cargo de la reparación. No hemos tenido que pagar nada y, durante algunos días nos han ofrecido un vehículo de sustitución; curiosamente, de otra marca.

Hace unas semanas avisamos a un fontanero para que revisara la cisterna del retrete, que nunca se terminaba de llenar. Vino de inmediato, la arregló enseguida y se fue. Al día siguiente, la cisterna volvía a funcionar mal. Le avisamos de nuevo. Volvió y la revisó de nuevo. No nos cobró nada esta vez. Nos dijo que le había pasado en varias visitas; que le habían enviado piezas defectuosas, pero que nos lo reparaba de nuevo sin coste adicional.

A día de hoy, la cisterna vuelve a funcionar mal. Nuestro coche está de nuevo en el taller. Al menos, la cámara digital de mi hija creo que funciona.
Creo que nunca nos han ofrecido más garantías y nunca han funcionado peor las cosas. Pienso que antes se hacían las cosas bien, por el orgullo de la labor bien hecha.
Ahora existe algo denominado "obsolescencia controlada", también conocido en mi pueblo como "tente mientras cobro". Tanto bienes como servicios no están concebidos para durar, pues esto iría en contra de la idea del "desarrollo", del "crecimiento" y del "consumo". Todo, o casi todo, se hace para proporcionar una "satisfacción" momentánea, para responder a una pulsión del deseo. Pero una vez obtenido, el objeto o el servicio se vuelve desechable y está previsto que sea necesario sustituirlo, lo antes posible, por otro.
Lo que más me preocupa es que los ciudadanos suframos también de esa "obsolescencia controlada". Nos convirtamos, poco a poco, en "desechables".
Nuestros gobiernos nos dan también continuas garantías: Si nos ponemos enfermos, nos atenderán sus médicos y sus hospitales. Si sufrimos una injusticia, podemos reclamar ante los tribunales. Si perdemos el empleo, tendremos un subsidio para sobrevivir... y poder seguir consumiendo.

Pero quizá, pese a tantas garantías, nos estemos apartando del camino de construir una sociedad más sana, más justa y en la que cada uno pueda trabajar, aportando lo mejor de sí mismo. Con el objetivo quizá no tanto de un "desarrollo sostenible", sino de disfrutar, cada uno de nosotros, de la satisfacción de una labor bien hecha.