sábado, 19 de enero de 2013

El combustible del sistema

Cuenta la leyenda que un ministro español hizo amistad con su homólogo alemán en una de las muchas "cumbres europeas". Al finalizar ésta, el germano invitó a su colega a pasar un fin de semana en su casa de campo.
Una vez allí, el ministro español, abrumado por el lujo y la magnificencia de la vivienda del alemán, no pudo por menos que preguntarle: "Pero, ¿de dónde ha salido todo ésto?; porque, ni con el sueldo de ministro, te da para tanto...". El alemán, tranquilamente, lo llevó a la terraza superior del palacete y le señaló una autopista que se veía a lo lejos. "De ahí.", contestó escuetamente. El español se quedó unos instantes pensando y luego dijo: "¡Ah! ¡Claro!"
Un año más tarde, la cumbre europea de turno tuvo lugar en España, y el ministro español aprovechó la ocasión para devolverle la invitación al alemán. Éste, quedo boquiabierto desde el mismo momento en que atravesaron la puerta de la finca. Una inmensa extensión de jardines, piscinas y pistas de pádel, rodeaba una mansión descomunal. A su lado, la del ministro alemán parecería la caseta del perro... Cuando consiguió cerrar la boca y volver a articular palabras, el anonadado alemán balbuceó: "Pe-pero..., ¿cómo has podido llegar a tener algo así? ¿De dónde ha salido el dinero?" El ministro español, tranquilo y muy seguro de sí mismo, le llevó a la azotea, donde, desde la pista para helicópteros que allí había, la vista podía alcanzar decenas de kilómetros a la redonda. "De ahí ha salido todo", contestó.
El alemán miró, remiró, entrecerró los ojos intentando alcanzar a distinguir el horizonte, y luego dijo: "No veo nada. No hay ninguna autopista, ni tampoco ningún hospital, ninguna universidad..." El español, le dio una palmadita en el hombre de modo displicente y le dijo: "Claro, hombre, claro; por eso..."