martes, 8 de enero de 2013

Una vacante imprevista

Acabo de terminar de leer "Una vacante imprevista", la última obra de J.K. Rowling la escritora  inglesa creadora de la saga de Harry Potter.
En esta ocasión, Rowling abandona por completo el mundo mágico de Hogwarts para ofrecernos varios cientos de páginas de cruda realidad. Su libro nos va introduciendo, poco a poco, en los entresijos de un aparentemente idílico pueblecito del sur de Inglaterra.
Paso a paso vamos viendo cómo esa pequeña sociedad rural alberga en su interior bastantes más miserias humanas de las que podríamos deducir al contemplar sus pulcros jardines y floridas ventanas.
Conforme avanza la obra, se va imponiendo un cierto tono de tragedia griega. La autora va generando en nosotros el convencimiento de que algo grave va a suceder. Algo que trastocará definitivamente las vidas de los protagonistas y sacará a la luz sus secretos más inconfesables.
Al terminar de leer la novela, un sabor especial me vino a la boca. Un sabor muy inglés, tal vez. Mermelada de naranja amarga.
Para mí, este sería un concepto que definiría muy bien esta historia. Un producto amargo, sin duda, pero que no deja de ser una mermelada; es decir algo, en el fondo, con mucho, mucho azúcar... y con "poca chicha"...