martes, 1 de noviembre de 2011

De nuevo en Puerto Príncipe.


El lunes 31 había que volver a Inmigración a recoger nuestros permisos de residencia. Aprovecharemos el viaje para hacer otras gestiones en la capital.
No todo el mundo se “haitianiza” en Jacmel. La compañera que viene a buscarme, con la que había quedado a las 4.15 de la mañana, me manda un SMS a las 4.12 para anunciarme que ya me está esperando en la puerta.
Tras recoger al resto de la expedición emprendemos la carretera de Jacmel a Puerto Príncipe. El primer tramo, de carretera de montaña y aún nocturno, transcurren con calma y normalidad. Tanto que en los asientos traseros, el personal duerme ruidosamente.
Al comenzar a acercarnos a la capital el tráfico se hace más denso, hasta volverse decididamente espeso al entrar en Puerto Príncipe. No son ni las 7 de la mañana pero la ciudad bulle: tap tap, camiones, mercados, atascos…
Tras una primera parada en el aeropuerto para dejar a una de nuestras cada vez más habituales “visitas técnicas”, nos dirigimos a Inmigración a recoger nuestro permisos de residencia. Entretenemos la espera observando que el funcionario de turno, además de su rutilante uniforme de “Vacaciones en el mar” lleva cuidadosamente hecha la manicura, con uñas barnizadas incluidas.
Seguimos hasta Petion-ville, el “barrio bien”. Hay que ir de bancos, pero como yo no pinto nada en ese negociado, decido “no hacer bulto” y quedarme esperando en la puerta. A la sombra hace una temperatura estupenda, me siento en las escaleras del banco, cojo postura y me dispongo a recuperar parte del sueño perdido. Me despiertan mis compañeras cuando salen un rato después. Una de ellas me comenta que en esa misma circunstancia en España me habría echado unas monedillas. Pero aquí a nadie se le ocurriría dar limosna a un blanco.
En una de las avenidas vemos cómo dos policías de uniforme están parando a todos los coches. Al llegar a nuestro lado le preguntamos qué ocurre. Nos dice que algo muy importante: “Jesús va a venir, a traernos la Vida Eterna”. Mucho más reconfortados, seguimos nuestro camino.
Tras varias gestiones más, (que incluyen una visita a la oficina técnica de la cooperación española para recoger unos documentos y utilizar sus baños…), emprendemos el camino de regreso. El atasco en el centro de la ciudad comienza a adquirir características de “colosal”. Para pasar el rato decidimos hacer fotos de los tap tap y analizar sus mensajes: “La vida no se acaba”, “Voluntad de Dios”, “Sólo Dios es Todopoderoso”, “Los verdaderos amigos son raros”. Suelen ser bastante repetitivos, aunque algunos, desde luego son solo para iniciados: “Filipenses 3, V, 28” o “Juan 5, 22”
Por fin, logramos salir de Puerto Príncipe y alcanzar la carretera de Jacmel. Esta vez el tramo de carretera de montaña nos lo “amenizan” dos camiones de cascos azules ceilandeses que ascienden los puertos penosamente delante de nosotros y se esperan en las cumbres el uno al otro, suponemos que “por motivos de seguridad”.
A eso de las 5 de la tarde, por fin, estamos otra vez en Jacmel.