domingo, 13 de noviembre de 2011

Zombis en el purgatorio


Este sábado fui conduciendo solo por primera vez de Jacmel a Puerto Príncipe.
En todo el tiempo que he estado aquí solo he ido a Puerto Príncipe por obligación. Hay quien dice que esa ciudad es el infierno. Yo no estoy de acuerdo.
No creo que pueda ser el infierno una ciudad donde viven cientos de miles de niños. Niños que van a la escuela con sus uniformes limpios y planchados y una sonrisa en los labios. Y donde viven otros miles de niños que no pueden ir a la escuela porque no tienen quién les pague ni les lave y les planche el uniforme, pero, con la misma sonrisa, tratan de ganarse el pan de cada día limpiando coches, por ejemplo.
Pero, sí que es cierto que, Puerto Príncipe es una especie de purgatorio. Un lugar donde millones de almas parecen expiar sus pecados. Pecados que tal vez ellos no han cometido. Pecados tal vez de otros. Tal vez, incluso nuestros propios pecados. Aunque esos pecados no sean los que nos enseñó la Santa Madre Iglesia; sino otros, pero tal vez igual de capitales como el Olvido, el Desinterés o la Apatía.
En cualquier caso, esta vez me dirigía a Puerto Príncipe por placer. Recorrí las procelosas curvas de la montaña de Jacmel al amanecer escuchando algunas de mis canciones favoritas. Puedo asegurar que escuchar “Zombie” de The Cranberries en esas circunstancias, adquiere un sentido especial.
El sábado acudí a Puerto Príncipe por primera vez por placer porque iba a buscar al aeropuerto a mi “sorpresa inesperada de última hora”: a mi hija, que viene a pasar conmigo mis últimos días en Jacmel.