martes, 13 de octubre de 2009

Al "buen tiempo", mala cara.

No puedo entender que el hecho de que tengamos 30 grados de temperatura a mediados de octubre pueda llamarse "buen tiempo".
Esta mañana amaneció fresquita. Daba la impresión de que, ahora si, el verano se acabó. ¡Vana ilusión!. A mediodía ya estábamos otra vez con la chaqueta en el brazo...
Lo grave es que el Instituto Nacional de Meteorología siga resumiendo sus predicciones con frases como "esta semana, continuará el buen tiempo en toda la península..." ¿No se supone que ellos son los "listos relistos" del clima? ¿Es que no ven que esto puede ser cualquier cosa menos bueno?
A mi lo que me parece es preocupante. Ya sé que no podemos percibir el cambio climático con la vara de medir de la corta duración de nuestras vidas. Pero esto no es normal.
Ya hace tiempo que albergo en mi retorcido interior una teoría de la conspiración, (¡otra más!), sobre el cambio climático y los países ricos.
A poco que sepamos de geopolítica, podemos darnos cuenta de que un clima benigno no suele ser sinónimo de un país rico. Todas las economías avanzadas del planeta, las naciones con mayor renta per cápita, están en zonas de clima templado. Esto no quiere decir que haga 25 grados todo el año, sino que sus poblaciones "sufren" o "disfrutan", según se mire, de inviernos fríos y rigurosos y de veranos cálidos. A veces, incluso, algunos países reciben la bendición de dos estaciones más, conocidas como primavera y otoño, muy apreciadas por los poetas y por el pueblo llano en general. Esta sucesión de estaciones ha obligado a los habitantes de la denominada zona templada a elaborar, desde hace miles de años, sofisticadas estrategias de supervivencia; por ejemplo, acumulando reservas de comida, comerciando con ellas, intercambiando distintos productos... En suma, el capitalismo no apareció en Europa por causalidad, sino como consecuencia de su clima.

En las zonas tropicales, la naturaleza, generosa, proporciona alimento a lo largo de todo el año y permite una edénica supervivencia sin demasiadas preocupaciones respecto a ropa o vivienda. Pero, pareciera que, en contrapartida, ha ido alejando a los seres humanos que habitan allí de mundanos intereses respecto a la acumulación de capitales...
Así pues, un cambio climático que supusiera algo así como una "tropicalización del paralelo 40", podría suponer el fin de la civilización occidental, tal y como la conocemos actualmente. ¿Quién iba a ponerse a cultivar cebada si puede coger mangos del árbol cada mañana.? ¿Quién iría a trabajar a su oficina, si antes de llegar al centro ya se ha podido aprovisionar de plátanos?
Lo malo es que el futuro podría no ser tan paradisiaco. Si nos asomamos otra vez al mapamundi, podremos ver que lo que podría avanzar hacia la cuenca mediterránea con un cambio climático no sería el jardín del Edén, sino más bien el desierto del Sahara...
Pero, y aquí entra la "teoría de la conspiración", ¿por qué las naciones más ricas y avanzadas tecnológicamente no se ponen a trabajar en serio contra el calentamiento global? ¿No será que les está apeteciendo en realidad, un cambio climático?
Llegaremos a conocer el jamón de bellota siberiano, las corridas de toros en Chicago o la feria del vino de Noruega?
De momento, el deshielo del ártico puede hacer posibles nuevas rutas de navegación entre USA, Rusia y Japón y hacer posible la explotación de yacimientos petrolíferos ahora inaccesibles...