viernes, 23 de septiembre de 2011

La oficina de Correos


He descubierto que ha vuelto a funcionar la oficina de Correos de Jacmel. Una de las primeras cosas que pregunté al llegar aquí fue si se podían enviar cartas desde aquí.
Las cartas han sido muy importantes en mi Vida. No las del Tarot, que no he consultado nunca, sino esas cosas, que ahora parecen tan exóticas, compuestas de un folio escrito, un sobre donde se mete lo anterior plegado y un sello que se pega encima del conjunto…
Se me dijo que no, que aquí no había servicio de Correos. Y, en efecto, en una de mis primeras excursiones por el centro de Jacmel, encontré lo que había sido la oficina de Correos, pero cerrada y en una de las zonas cuyos edificios fueron más dañados por el terremoto del 12 de enero de 2010.
Sin embargo, en la puerta de ese mismo edificio, ahora hay un minúsculo cartelito que la oficina de Correos se ha trasladado a un edificio cercano. Pregunté a un vecino y enseguida me indicó. Ahí estaba; atravesando una avenida, tras la verja de una de las grandes mansiones con jardín venidas a menos, testimonio de un pasado lejano y ¿glorioso?
En la misma verja de entrada me atendieron casi al unísono dos funcionarias, vestidas con trajes de chaqueta oscuros; pulcras, formales, tan idénticas en todo que costaba distinguirlas. Cuando les dije que quería enviar una carta me dio la sensación de que se alegraban. Cogieron mi carta, la sopesaron en la mano y calcularon el precio con seguridad de expertas. Después, me acompañaron a su oficina.
La oficina de Correos de Jacmel es ahora una tienda de campaña con una minúscula vieja mesa de madera por mostrador. Las funcionarias fueron sacando de pequeñas y ajadas carpetas los sellos necesarios. Sellos que tuvieron que pegar con cola. Cola que tuvieron que raspar del fondo de un viejo bote casi agotado. Con sumo cuidado colocaron los sellos. Después, de una pequeña bolsa de plástico sacaron el aparato para “matar” los sellos... Tras culminar el ritual, nos despedimos los tres con vivas muestras de simpatía. En el fondo, creo que nos reconocimos como miembros de una antigua secta, casi extinguida, en los tiempos de internet, los mails y los “smartphones”…
Me dio la impresión de que mi carta era la única que se recogería ese día. No tengo ni idea de cuánto tardará en llegar. Pero debo confesar que el paso por la oficina de Correos de Jacmel me resultó lo más enternecedor que me ha ocurrido en mucho tiempo en esta ciudad.