domingo, 6 de marzo de 2011

El discurso del rey

Como decía una canción de un viejo conocido, creo que a muchos nos ha pasado por la cabeza eso de “a veces me pregunto qué hago yo aquí”. Especialmente si estamos en una situación en la que tenemos que hablar o dar un pequeño discurso ante un grupo de personas.

Yo perdí “el miedo escénico” hace ya unos cuantos años, cuando la organización para la que entonces trabajaba me ofreció la oportunidad de participar en un curso para aprender a hablar en público. Desde entonces me ha tocado dar incluso discursos políticos; porque, como suelo decir “todos tenemos un pasado”.

Pero la vida no son sino desafíos, que nos hacen “rizar el rizo”. La primera vez que tuve que decir unas palabras a un pequeño grupo en Haití, me llevé el discurso preparado y escrito, para ir leyéndolo. Y es que uno piensa que sabe hablar un idioma en su casa, pero cuando tiene que enfrentarse a “un público”, la cosa puede no ser tan fácil.

Con el tiempo que llevo en Haití, he descubierto varias cosas. La primera, que puedo entender casi todo lo que me cuentan en francés. La segunda, que puedo comunicarme en francés, aunque solamente, me temo, al nivel de lenguaje de un niño de seis años. La tercera, y más importante, es que la gran mayoría de los haitianos no hablan ni entienden el francés, sino el creole.

La última vez que hice una visita de campo, tuve que dar un pequeño discurso, (lo que aquí llaman “palabras de circunstancias”) a un grupo de un centenar de campesinos y campesinas. Al terminar, yo creía que “airosamente”, la agrónoma que representaba a mis socios locales, me excusó ante los asistentes por “no hablar nada de creole, y, claramente, muy poco francés…”. La típica situación para preguntarme “qué hago yo aquí”…

Hoy he visto una película que hablaba de alguien que también se hacía esa pregunta, en parecidas circunstancias.

“El discurso del rey” cuenta la historia de alguien que no quería ser el soberano más importante de su tiempo, pero a quien circunstancias inesperadas llevaron al trono. Habla también de una amistad entre dos personas, muy distintas, que no estaban destinadas a conocerse nunca, pero a quienes el destino unió. Dos hombres que no eran lo que hubieran querido ser ninguno de los dos.

Una película, en mi opinión, muy elegante y muy humana, sobre la importancia de la comunicación en las relaciones humanas y sociales. Me he sentido bastante identificado, pues para mí, aquí, tampoco es fácil expresar todo lo que quisiera, y a menudo, todo lo que hay dentro de mi mente solo puede salir de ella expresado en forma de torpes balbuceos. Espero ser capaz, como el protagonista de la historia, de superar mis debilidades y poder transmitir mejor mis ideas y sentimientos en este país.