viernes, 25 de marzo de 2011

Fiesta nocturna

Ayer me invitaron a otra fiestecita. La verdad es que, por una parte me pilló por sorpresa, pero por otra no tuve que prepararme mucho, pues se celebraba en el hotel donde vivo.

Con motivo de unas jornadas de trabajo entre técnicos haitianos, dominicanos y europeos que se están celebrando estos días en Jacmel, anoche se celebró una cena de confraternización. Yo no asisto a las charlas, pero, como conozco a varios de los participantes, y “ya que estaba por ahí”, me invitaron.

La verdad es que las fiestas haitianas siempre me ha parecido que se organizan al revés que en Europa. Aquí primero se bebe, y no poco… (Cerveza, ron,…), y luego, ya si eso, se cena. Quizá lo hagan porque de esta manera hace falta menos comida, puesto que llegas al buffet con el estómago ya “bastante anestesiado”…

Durante toda la noche las conversaciones iban oscilando entre el francés, el inglés, el creole, el español, e incluso algunas gotas de italiano. Con el tiempo, y el incremento de botellas vacías encima de la mesa, las “facilidades para la comunicación” iban aumentando progresivamente… De todos modos, resultaban inevitables ciertas afinidades idiomáticas… Hasta que el anfitrión, un personaje con indudable carisma y autoridad natural, decidió “reorganizar” las mesas y las conversaciones: nos separó a todas los españoles y nos fue distribuyendo entre los distintos grupos de haitianos para que “confraternizáramos”. También dictaminó que, esa noche, serían las mujeres las que elegirían a los hombres con los que quisieran bailar.

Ambos decretos no podían sino traer consecuencias… De manera que, contra todas mis costumbres más acendradas, terminé bailando “kompa” con una muchacha que me invitó. Afortunadamente, la joven tenía paciencia y buena voluntad y la pista no estaba muy iluminada, con lo cual la mayoría de los asistentes no tuvieron que sufrir con la visión mis desafortunados pasos y movimientos al son de la música local.

La fiesta continuaba y continuaba, sin visos de acabar, hasta que decidí aprovechar que unas compañeras de otra organización se iban, para acompañarlas a la puerta… y desaparecer del radio de control de nuestro influyente anfitrión. Porque siempre he sido de la opinión de que, sobre todo en el caso de fiestas como ésta “una retirada a tiempo, es una victoria”