domingo, 31 de julio de 2011

Concierto político

Hoy he tenido ocasión de asistir a un concierto de Manno Charlemagne en Jacmel. A mí, como imagino a la inmensa mayoría de mis compatriotas, este nombre no les dirá nada. Pero en Haití es una figura casi mítica. Es difícil hacer comparaciones, pero sería una especie de Paco Ibáñez haitiano… Un cantautor muy comprometido políticamente, con varios exilios a sus espaldas.

El evento estaba organizado por una de nuestras contrapartes, CROSE, y tenía como objetivo, básicamente, la formación de su base social, hombres, mujeres, jóvenes y mayores, campesinos y ciudadanos. Durante el acto, el coordinador de CROSE, un personaje también con bastante peso político en la región habló de la necesidad de elaborar un nuevo proyecto de sociedad basado, sobre todo, en la educación, en la creación de capacidades para construir un futuro para este país.

Lamentablemente, mi conocimiento del creole todavía es muy limitado y no fui capaz de comprender y apreciar adecuadamente todo el contenido y los mensajes de las canciones de Manno Charlemagne. Pero puedo decir que, sin duda, es un gran artista que sabe transmitir, con una gran sensibilidad, importantes mensajes de esperanza y de cambio social.

Mientras volvía, los relámpagos iluminaban el cielo anunciando la próxima tormenta, y yo pensaba en España, en sus “tormentas políticas”. En cómo, al igual que sucede con las tormentas de verano, los truenos y relámpagos de los “indignados”, parece que no acaban de cuajar en la fuerte lluvia que el país necesita para limpiar y refrescar la atmósfera política… En lugar de eso, me da la impresión de que, como ocurre en esas pesadas tardes de verano, todo se va quedando en ruido y parece que solo nos deja más calor, más pesadez, más resignación…

También pensaba ¿quién habla en España, en serio, de cambiar el país a través de la Educación?


Mañana de Mercado

Por razones todavía por esclarecer, ha desaparecido mi máquina de afeitar. Los que me conocen un poco saben que no la uso mucho…, pero es un utensilio que me ayuda a mantener una cierta estética.

El caso es que esta mañana me he echado a las calles de Jacmel a tratar de encontrar otra. Era consciente de que no es una tarea fácil.

Las aceras de la ciudad (en los casos en que estas existen, claro) están llenas de hombres y mujeres con mercancías a la venta. En la mayor parte de los casos, ofrecen todo lo que cabe en una pequeña palangana: condimentos, medicinas, champús, cerillas, chucherías…

En otros casos, pequeños locales exponen extrañas mezcolanzas de artículos en la puerta: baldes, equipos de música de segunda mano, ropa usada... Es curioso pero los únicos pequeños comercios especializados que uno puede encontrar en Jacmel parecen ser los de repuestos de automóviles y motos (“autoparts”) y los de ferretería y materiales de construcción (“quincallerie”).

Finalmente, existe otra variedad del pequeño comercio que son una especie de pequeños tenderetes, entre los cuales solo parece haber dos variedades: los de teléfonos móviles y accesorios (cargadores, fundas, baterías…, pero a cientos…) y los tipo “batiburrillo”, donde lo mismo encuentras una plancha, que sandalias, linternas, juguetes, sillas de oficina…, hasta una guitarra eléctrica he visto…

Como novedad, (nunca lo había visto), en una esquina estaba parado un camión, abierto, mostrando su contenido al público interesado: era como una “tienda de chinos” rodante…

Otra peculiaridad del comercio en Jacmel es que los productos, tanto alimenticios como de otro tipo, aparecen por oleadas; tan pronto abundan mucho como desaparecen. Hoy parecía haber una gran oferta en radios y secadores de pelo… Pero no era eso lo que yo buscaba, precisamente…

Cuando ya llevaba varias horas dando vueltas, me encontré con unos amigos; una pareja de ecuatorianos que llevan aquí más tiempo que yo. Tras consultarles, me acompañaron a una tienda que no conocía y donde parecía haber casi de todo… incluyendo un modelo de afeitadora que correspondía exactamente a lo que yo buscaba. El único problema es que no había más que una y estaba, precisamente, en las manos de una señora que se disponía a pagarla en ese mismo momento… ¡No podía ser! ¡Encontrar al fin lo que buscas y que se te lo lleven delante de las narices…! Pregunté a la encargada si recibirían alguna otra en breve y me dijo que sí. El problema es que ya conozco que la base de la cortesía haitiana no es decirte la verdad, sino lo que ellos creen que quieres escuchar…

Bastante frustrado, regresé a mi hotel. A la hora de comer, comenté la situación con la dueña y, ¡oh, maravilla!, ella me ofreció otra solución: su marido tenía un aparato como el que yo buscaba, regalo de su hijo, pero nunca lo utilizaba, de manera que me lo ofrecía en préstamo. Está claro que, lo que uno no quiere, otro lo está deseando…

En cualquier caso, la mañana fue productiva, pues me ha permitido ser mejor conocedor de la oferta comercial de Jacmel.


sábado, 30 de julio de 2011

Tarde de tormenta

Hoy, por fin, ha empezado la tormenta que llevaba días preparándose. El cielo se ha cubierto de nubes negras y pesadas, y la lluvia ha comenzado a caer.

El repiqueteo de las gotas sobre las hojas se ha convertido en la música de fondo. Algún relámpago fractura el horizonte.

Emprendo el camino antes de que la cosa vaya a más. Nunca le he tenido miedo a la lluvia, como parece que sí es el caso de los haitianos. Las calles están vacías. En mi trayecto de todos los días, el bullicio de costumbre se ha transformado en silencio y soledad. Sobre todo porque el medio de transporte habitual, las motos, han desaparecido.

Solo me cruzo con un niño. Tendrá unos 6 o 7 años y alguien le ha encargado que vaya a llenar un par de garrafas la fuente. Lo hace alegre, contento, sin importarle la lluvia. Como un juego.

¿Cuándo empezamos a no querer mojarnos con la lluvia? ¿Cuándo nos olvidamos de jugar?


viernes, 29 de julio de 2011

La Vida en la calle

Hemos cambiado de oficina. Como todo en la Vida, esto tiene sus cosas buenas y sus cosas menos buenas. Pero sin duda, lo mejor, es haber cambiado de vecinos. Ahora, en lugar del omnipresente ruido del enorme generador eléctrico de la Cruz Roja Canadiense, tenemos, como fondo musical, las alegres risas de los niños que asisten a un campamento urbano de verano en la finca de al lado. Aunque solo sea por eso, merece la pena el cambio.

Por lo demás, pocas cosas han cambiado en Jacmel. Aunque hoy me ha llamado poderosamente la atención una imagen. Dos mujeres jóvenes sentadas en sillas de madera a la sombra de una acacia. Una de ellas amamantaba a su bebé de pocos meses, mientras la otra cosía con una máquina como la que tenía mi abuela… Y es que aquí todo se hace en la calle. Cuando tu “hogar” es una tienda de campaña o una vivienda precaria casi sin ventilación, ¿cómo no vas a preferir vivir en la calle? Y así, la peluquería está en la calle; el carpintero trabaja en la calle; el joven músico ensaya con su trompeta en la calle; cuatro hombres juegan al dominó en la calle…

Hace calor. Estamos en época de lluvias. Pero a veces me arrepiento de desear que se eche a llover “para que refresque”. ¿Qué pasará cuando, dentro de un rato, empiece la tormenta? Supongo que todos mis vecinos abandonarán su Vida en la calle y se refugiarán en sus casas. Para la mayoría de nosotros, eso no es un problema, pues en nuestras viviendas disponemos de todo tipo de comodidades y entretenimientos. Aparatos electrónicos que nos hacen la vida más fácil… o a los que entregamos nuestras Vidas… Nuestros hijos, nietos, sobrinos, nuestros pequeños vecinos, ya no juegan en la calle. ¿No quieren? En sus hogares encuentran ¿todo lo que necesitan?...

Tal vez por eso, entre otras cosas, nuestros pueblos y ciudades parezcan, en ocasiones “tomados” por los inmigrantes… La mayoría viven también en casas precarias (en las que ya no querríamos vivir nosotros…), sin muchas comodidades y sin “entretenimientos electrónicos”. Además, su cultura no incluye pasar la mañana y la tarde en el bar, “echando la partida”, o “su presupuesto” no se lo permite…

Diferentes maneras de vivir. Lo importante, en cualquier caso, debería ser conseguir que haya realmente Vida en nuestro diario quehacer.


miércoles, 27 de julio de 2011

Propiedades del tráfico en Haití

Parece ser que las carreteras y las grandes avenidas haitianas no tienen muy definidos ni el número de carriles ni el sentido de los mismos. Eso lleva a que, en muchas ocasiones, veas venir hacia ti, de frente, a camiones, autobuses y todo tipo de vehículos automotrices, en actitud un tanto amenazadora… Esta situación puede ser muy preocupante para un conductor extranjero, pero no afecta para nada a los chóferes haitianos… Supongo que porque ellos confían en algún tipo de propiedad extraña del tráfico en el país, que permite que las carreteras se ensanchen en el momento preciso… o que los vehículos se estrechen en el momento de cruzarse…
Sin embargo, a pesar de ser consciente de eso, no he podido evitar, durante el largo viaje entre el aeropuerto de Puerto Príncipe y Jacmel, dudar de la efectividad de esa creencia en algunas ocasiones… Entre ellas destaca, sin duda, el momento en el que a la vuelta de una esquina casi nos “comemos” a un flamante camión de bomberos con todas sus luces encendidas. Sin desmerecer tampoco el encuentro con un autobús que adelantaba a un camión que estaba adelantando a una furgoneta… “encuentro” que se ha evitado pasando por el arcén… sin, por supuesto, disminuir lo más mínimo nuestra velocidad… Como colofón, ya a punto de llegar a destino, saliendo de una calle hemos prácticamente rozado a un coche de la Policía Nacional que venía a toda velocidad y ha conseguido esquivarnos en el último instante. Los agentes, en lugar de detenernos de inmediato y hacernos dormir en el calabozo, han continuado su camino entre grandes risas…
Como decía otra española, recién llegada a Haití, que nos acompañaba, “los haitianos le echan emoción a la Vida… pero yo me habría conformado con un viaje normalito, sin emociones…”

sábado, 23 de julio de 2011

Países perfectos e imperfectos

A menudo, cuando le cuento a la gente que trabajo en Haití, me dicen: “Podías haberte buscado un país mejor para vivir…” Y supongo que mucha gente cree, opina y siente que posiblemente Noruega sea un país estupendo para vivir… De hecho, encabeza los rankings de Índices de Desarrollo Humano y su capital, Oslo, ha sido calificada como una de las más habitables y respetuosas con el entorno natural…

Por eso nos han impactado tanto los sangrientos acontecimientos del 22 de julio. Sobre todo porque han dinamitado nuestra convicción de que hay países “perfectos” y “seguros”. Todos aceptamos que haya “ciertas cosas” que pasen en “ciertos países; pues forma parte de su “normalidad”… Pero, al menos hasta ayer, creíamos que hay lugares “donde nunca pasa nada…”

Por otro lado, desde hace unos años, cuando ocurre algún atentado de apariencia irracional e indiscriminada, (suponiendo que pueda hablarse de atentados racionales…), inmediatamente se nos presenta la sombra amenazadora del “enemigo exterior”, cuando, como en este caso, “el mal” está entre nosotros… Nuestra sociedad es la que ha incubado “el huevo de la serpiente”…

Finalmente, el asesinato de más de 80 jóvenes noruegos es, sin duda, inadmisible; pero pareciera que la muerte diaria de cientos de personas anunciada por la FAO, la mayoría de ellos niños, en lugares como Somalia, forma parte de “su normalidad”, y apenas merece ocupar espacio en los periódicos, ni tiempo en los telediarios.


miércoles, 13 de julio de 2011

Realidad subliminal

Llevo dos semanas de vacaciones en España y estoy intentando todavía adaptarme a la “realidad” nacional.

No siempre es fácil en este verano en el que todos los medios de comunicación sólo hablan de “dinero” y de “mercados” y las únicas declaraciones dignas de ser retransmitidas parecen ser las de “polític@s” empeñad@s en transmitirnos la sensación constante de que estamos al borde del abismo.

La verdad es que desde hace unos días me he dado cuenta de que me relaja mucho más ver la publicidad en televisión que cualquier otro programa. Al fin y al cabo, creo que los anuncios son lo único claro y sincero que nos ofrece la programación. Sabemos que nos quieren vender algo, lo dicen claramente y, además, la mayor parte de las veces, “se lo curran”, pues buscan una manera original y/o bonita de convencernos.

Sin embargo, en el resto de los espacios, también nos quieren vender cosas, pero de una manera más o menos oculta y retorcida. Cada vez más, las películas y las series de televisión no son sino una exposición sucesiva y nada inocente de marcas ante nuestros ojos. Los escasos programas culturales, tengo la sensación de que solo buscan convencernos de que compremos determinados libros o asistamos a los espectáculos y enventos “de moda”. Y no digamos ya nada de los Telediarios… Propaganda electoral pro y anti gubernamental, comunicados de novedades bancarias e industriales, y convocatorias para eventos deportivos masivos… Poco espacio para noticias de interés humano y social. Hay que hacer un enorme esfuerzo para conocer algo de la "realidad subliminal" por debajo de tantos mensajes publicitarios

En un país como éste, no puede resultarme extraño enterarme de que tres compañer@s de mi hija, al acabar el instituto, han decidido apuntarse a un nuevo ciclo formativo que los preparará para ser ayudantes de forense… Una sociedad que no está preparada para hacer autocrítica, tal vez haga mejor en prepararse para una autopsia.


lunes, 27 de junio de 2011

Aeropuerto de Puerto Príncipe

El verano ya llegó; aunque en Jacmel no se notó mucho la diferencia realmente, ya que mucho más calor no podía hacer ya… De manera que, para celebrarlo, que mejor que pasar unos días en España, en busca del “fresquito”…

Así que el viernes, me levanté antes del alba para emprender, una vez más, el camino al aeropuerto de Puerto Príncipe. Tras un viaje sin incidentes dignos de mención, nos sumergimos en la vorágine matutina de la capital: miles de coches, motos, camiones y tap-tap atrapados en los atascos y miles de hombres y mujeres caminando hacia sus diarios quehaceres.

Esta vez, mi avión salía a las dos de la tarde, pero quienes me llevaron a la capital tenían reuniones a primera hora, de tal manera que a las ocho de la mañana, ya me dejaron en el aeropuerto… Cuando hice el check-in la chica del mostrador me miro con cara de pena, compasiva, por todas las horas que me quedaban en la terminal. Pero yo iba preparado, con buena literatura y ganas de observar…

Aunque observar, lo que se dice observar, al que observaron bien fue a mi; pues no solo tuve que pasar un control de equipajes y un cacheo sistemático de mis intimidades, sino dos: uno inmediatamente después de otro… No tengo muy claro el sentido de esto. Si no están seguros de que el primero sea “seguro”, ¿por qué no lo mejoran, el lugar de hacer otro idéntico veinte metros después…? ¿Mejoraría la “seguridad” por ponerse dos cascos en la moto, dos cinturones en el coche o dos preservativos… A estos americanos no hay quien les entienda. Cuando compras un billete de avión a o desde Puerto Príncipe, todavía continúa apareciendo una nota que te dice que el aeropuerto no reúne las “necesarias condiciones de seguridad” y que tú viajas allí “a tu cuenta y riesgo…”

La verdad es que el aeropuerto tenía movimiento ese día. Por un lado, varias decenas de soldados estadounidenses volvían a sus casas. Por otro, podían verse diversos grupos de lo que podrían llamarse “misioneros de verano”. Son bastante inconfundibles: están formados por una docena o dos de jóvenes de ambos sexos, de alrededor de dieciocho años, uniformados con camisetas iguales y dirigidos por una pareja o dos de adultos. Se los puede ver por todo Haití viajando siempre juntos, encaramados en la parte de atrás de camionetas, con los rostros iluminados por el convencimiento del apoyo divino a sus “proyectos solidarios”… Viendo estos grupos, junto con los otros grupos de marines y paracaidistas… cada uno con sus uniformes correspondientes, reflexioné sobre cómo los Estados Unidos juegan todas sus cartas para controlar el mundo: unas veces en el nombre de Dios y otras por la Patria…

Fueron varias horas en la terminal, pero exentas de entretenimiento. Por tener, hasta tuvimos un pequeño temblor de tierra… poco más que un suave cosquilleo en los pies… pero, evidentemente, no muy tranquilizador en un aeropuerto donde el edifico de llegadas todavía es un barracón provisional desde enero de 2010…

Desde luego, pude hacer cualquier cosa menos echar una cabezadita…, porque la única vez que estaba a punto de lograrlo, una misionera solidaria no dudo en despertarme, no fuera a ser que el avión que estaba a punto de salir fuera el mío… Muy amable la señora, por preocuparse por mi, pero todavía tenían que salir otros tres antes de que me correspondiera abordar aquel con el que había de comenzar mis vacaciones en España…


lunes, 20 de junio de 2011

Fiesta en Bainet

El sábado inauguramos el local de la Federación en la 7ª sección de Bainet. Me resulta un poco difícil explicar lo que esto significa a un compatriota. Pero vendría a ser como si se hubiera inaugurado el ayuntamiento, la casa de cultura, la oficina de turismo y el pabellón de fiestas, todo en uno. Un símbolo de la sociedad civil organizada, de sus proyectos y sus aspiraciones. Un primer paso en la construcción de un futuro diferente; más allá del tradicional abandono en el que los sucesivos gobiernos haitianos han mantenido a la población campesina de este país.

Y, como no podía ser menos, fue un motivo de alegría y celebración.

La verdad es que el programa de actos era largo y denso.

En primer lugar, como es tradicional en todas las reuniones aquí, oración e himno nacional; este último interpretado por una banda musical formada por escolares. Lo religioso y lo patriótico tienen mucho peso entre los hombres y las mujeres de Haití.

Después, el momento de los discursos. Por un lado, de las autoridades, y por otro de todas las instituciones que han participado en las actividades del proyecto. Especial importancia tuvo el de una representante de las mujeres, cuyo papel en la sociedad ha tratado de hacerse más visible y fortalecerse.

La parte más lúdica del programa la constituyó la representación de una pieza teatral que versaba sobre la importancia de la protección del medio ambiente y los peligros de la deforestación. Todo ello con un tono de comedia, aunque sin que por ello el tratamiento del tema perdiera su trascendencia. Fue un rato para reír, pero también para pensar y hacer pensar.

Finalmente, como puede ser menos en toda reunión haitiana, se ofreció una comida de hermandad. Pues, lo gastronómico creo que debe ser el tercer pilar de la identidad de este país, junto con, como ya se ha dicho, lo religioso y lo patriótico…

Los motivos de alegría no son demasiado frecuentes en Haití. Por eso, pasar una jornada entre sonrisas de pequeños y mayores, es especialmente agradable y reconfortante. Todos sabemos que al día siguiente tocará levantarse de nuevo temprano y enfrentarse a las incertidumbres; pero eso no ha de impedirnos disfrutar, aunque sea solo por unas horas, de la ilusión de que puede haber un futuro mejor para todos los niños y niñas que nos acompañaron.


Casas e ilusiones

El viernes estuve de visita a un nuevo proyecto que está empezando, en una zona distinta a las que trabajábamos hasta ahora.

Una de las primeras cosas que hay que hacer es encontrar una casa que sirva de oficina para los equipos en el terreno y que pueda permitir también pernoctar allí siempre que sea necesario.

Y la verdad es que no resulta fácil. La oferta inmobiliaria en Bainet es bastante limitada. Por un lado, porque en un país con una densidad de población tan alta como Haití, no es habitual encontrar casas vacías, sino más bien superpobladas. Con una media de seis hijos por familia y más de la mitad de la población con menos de 18 años, no suelen quedar muchas habitaciones libres…

Por otra parte, el terremoto de enero de 2010 también azotó la comuna de Bainet. Y, aunque no dejó las escenas de ruina y desolación que se vieron en Puerto Príncipe o en Jacmel, a cada paso, muros caídos nos recuerdan lo que sucedió.

Es curioso; en España también he visto muchas casas abandonadas, derruidas, en el área rural. Pero allí, las casas se hundieron después de irse sus habitantes. Se fueron agrietando y cayendo después de quedarse sin vida, sin alma.

Aquí, sin embargo, las casas se derrumbaron, en muchos casos, con sus habitantes dentro. Bajo los escombros quedaron miles de vidas, miles de almas, miles de ilusiones.

Cada casa es una historia. En Haití o en los puertos de Beceite. No es fácil volver atrás en la historia. Así como no es fácil resucitar un cuerpo, tampoco lo es devolver la Vida a una casa. Pero se puede intentar. No será la misma Vida, no será la misma historia. Pero puede servir de apoyo para crear nuevas ilusiones.

Y, como dijo, el poeta, ¿qué es la Vida sino una ilusión?


domingo, 12 de junio de 2011

Corazón de Fuego

Cuando se habla de una película romántica, se piensa en una trama de amores imposibles, bellos paisajes, escenas tiernas, miradas conmovedoras…

Para mí, ésta es una de las películas más románticas que he visto últimamente. Responde a todos los requisitos anteriormente expuestos. Aunque los protagonistas, los amantes, son una locomotora y un pequeño grupo de jubilados.

Y es que pocas cosas ha habido algo más romántico que los trenes. Los antiguos trenes. No hablo de esos artilugios de ahora, aves de vuelo rasante, dentro de las cuales cada pasajero se aísla de los demás con unos auriculares, un móvil o un ordenador portátil. Hablo de los trenes de antes, cuando los viajes eran largos, sobre todo los nocturnos, y los compañeros de viaje y las conversaciones podían llegar a ser inolvidables.

En mi vida, los trenes han jugado un papel muy importante. De hecho, dieron sentido a mi Vida. Fueron como mi segundo cordón umbilical.

Seguramente por eso, esta película me ha emocionado. Narra una historia tan improbable que solo puede ser un hecho real. Y está protagonizada por dos de mis actores favoritos: Federico Luppi y Héctor Alterio. ¿Qué más se puede pedir? Pues que, además, como es el caso, sea una historia bien desarrollada, bien narrada. Una historia de amor por el pasado y de ilusión por el futuro; de lucha contra el olvido, en todos los sentidos; de solidaridad.

Una historia de indignados, ahora que eso vuelve a estar de moda… Pero, sobre todo, una hermosa historia.


jueves, 9 de junio de 2011

Realidad matutina

Llevo unos siete meses viviendo en una habitación de hotel. A algunas personas eso les puede sonar muy frío, a otras quizá muy “chic”… Para mí, realmente es una simple cuestión de comodidad. No tengo que preocuparme de una serie de cuestiones logísticas, como hacer la compra, la limpieza o lavar la ropa…

Realmente mi habitación tampoco es una maravilla, ni en prestaciones, ni en decoración… Pero me permite cubrir mis necesidades básicas, que no son muchas, realmente.

Podría decirse que es casi una celda monástica; aunque, eso sí, una celda asomada a la modernidad. El acceso a internet no me permite, como sería el caso en un monasterio, acceder a la divinidad, pero sí que me ofrece un acceso a la Humanidad. Mantener el contacto con los seres queridos y seguir las noticias de lo que ocurre por el resto del mundo. Aunque la verdad es que la “realidad” que ofrecen los medios de comunicación aparece casi siempre teñida de gris, de amarillo o de negro…

No es que yo piense que la Vida sea, ni deba ser siempre, de color de rosa. Pero sí que hay muchas maneras de enfrentarse a ella.

Una de las suertes que yo tengo con mi habitación, es que cuando salgo de ella no me encuentro con un pasillo lleno de puertas, o a una calle llena de tráfico. Lo primero que veo por la mañana no es un semáforo, una señal de tráfico o un puesto de periódicos, sino un árbol lleno de flores.

Cosas como estas, me demuestran que tal vez no hay una sola realidad. Esto y otras cosas que me encontré esta mañana por la calle:

Un mototaxista vestido de rojo y con un gorro de Papá Noel

Una niña pequeña en otra moto, camino de colegio, que cuando me vio gritó “¡Blanc!”, y se me quedó mirando con la misma cara ilusionada con la que se quedaría un niño español si se cruzara con el rey Baltasar camino de la escuela.

¿Será Navidad ya en el Caribe?


martes, 7 de junio de 2011

Por la calle:

¿Qué veo por la calle todos los días camino de la oficina?:

Mototaxistas, llevando cada uno a dos o tres niños pequeños a la escuela.

Otra niña pequeña que, en lugar de ir a la escuela, lleva el agua a su casa desde una fuente.

Una cabra dentro de los restos de un coche, alimentándose de la basura que hay acumulada dentro.

Más restos de coches, abandonados desde enero de 2010, pero estos sin cabra dentro.

Una señora tostando cacahuetes.

El puesto de la lotería: te dan un papelito con unos números que deben coincidir con los de la lotería de Nueva York, cuyos resultados se emiten cada día por la radio de Haití.

Señoras vendiendo pan recién hecho.

Un carpintero haciendo su trabajo con los mismos medios que debía utilizar Jesús en la Palestina del siglo I.

Si es sábado, un carnicero destazando un buey junto a la carretera, para vender luego “ricos chuletones” a los paseantes.

El reparador de pinchazos, siempre con un pequeño hornillo de carbón para derretir el caucho, al servicio de todos los motoristas.

Charcos, charcos, charcos.


miércoles, 1 de junio de 2011

El coche viejo

La conversación del desayuno de esta mañana iba de dolores.

La dueña del hotel, y anfitriona de la “tertulia del desayuno”, cumplió setenta años hace poco. Aunque se maneja relativamente bien, no deja de tener sus achaques y todas las mañana toma unas cuantas pastillitas para aliviar sus males.

Estuvimos hablando un rato de cómo enfrentarse al dolor. Hay personas que podría decirse que gustan de “regodearse” en sus dolores, “disfrutarlos”, “saborearlos” y, sobre todo, “compartirlos” con todos los que les rodean; diríamos que “se hacen propaganda” de lo mucho que les duele todo…

Otras personas, sin embargo, se diría que “no hacen caso” a sus dolores. Tratan de “pensar en otra cosa” y de “hacer como si nada”… No es que por eso, seguramente, les duela menos, pero, intentan, en todo momento, hacer una vida “normal”.

Yo, sobre la marcha, elaboré una teoría según la cual nuestro cuerpo vendría a ser como un automóvil, como el vehículo que se nos entrega al nacer para movernos por la Vida. Lo primero que tenemos que hacer es aprender a conducirlo…; y, como conductores novatos, a veces cometemos errores y sufrimos accidentes. Pero, poco a poco, nos vamos haciendo con los mandos y comenzamos a disfrutar del viaje de la Vida.

Con el tiempo, este vehículo va sufriendo desgastes, va haciendo ruiditos, comprobamos que ya no corre tanto como antes, que se recalienta mucho si hacemos largos viajes sin descansar, que ya no resulta conveniente sacarlo mucho por las noches…

Claro que, porque el coche ya no sea tan nuevo ni tan bonito como la principio, no vamos a quedarnos en casa… No vamos a abandonar el viaje de Vida porque ya no viajemos en el “último modelo”. Creo que debemos, poco a poco, seguir aprendiendo a conducirlo, descubriendo, esos “truquillos” que hay que utilizar en todo vehículo “usado”, para sacarle, en todo momento, el máximo partido posible.

Siempre, sin olvidar, eso sí, que debemos cuidarlo muy bien, sin olvidar alguna que otra “revisión técnica”, porque, al contrario de lo que ocurre con los automóviles de verdad, en el caso de nuestro cuerpo, por mucho dinero que tengamos, por mucho que ahorremos, no vamos a poder conseguir comprar uno nuevo.

Ni siquiera otro de “segunda mano”…


domingo, 29 de mayo de 2011

Si tú me dices ven, lo dejo todo... pero dime ven

Hacía tiempo que no leía un libro de un tirón.

Este no es no un libro largo. Incluso puede decirse que “se lee fácil”. Pero es un libro lleno.

Quizá no tanto lleno de contenidos, como lleno de sentimientos. Y no de sentimientos complejos, sino de las emociones simples, (que no sencillas), que mueven, o deberían mover, nuestra Vida.

Creo que es un libro escrito más desde el corazón que desde el cerebro. Tierno e íntimo.

Con reflexiones sobre la infancia. Sobre cuándo dejamos de ser niños. Sobre si dejamos alguna vez de ser niños. Sobre si queremos realmente dejar de ser niños. Sobre si debemos querer dejar de ser niños…

Pero también un libro sobre la Amistad y el Amor. Sobre esas personas que tenemos la suerte de encontrar en la Vida y que nos dan la energía necesaria para vivirla. Esas personas, sin las que, probablemente podríamos vivir; pero sin las que no queremos vivir…

Y también es un libro sobre la Vida. Sobre qué hacer con ella. Cómo enfrentarla. Cómo dirigir nuestros pasos hacia esos lugares mágicos que nos esperan. Allí donde encontraremos las respuestas a preguntas que aún no nos hemos hecho, y a las personas sin las que no querríamos vivir…

Es difícil que apenas cien páginas contengan tanta pasión por la Vida; pero puede hacerse.


jueves, 26 de mayo de 2011

Tea Bag

De un tiempo a esta parte, parece que a todos los suecos les ha dado por escribir novelas policiacas. Henning Mankell, sin embargo, empezó hace muchos años.

En 1991, nos presentó al inspector Wallander, el más humano de todos los investigadores policiales que conozco en la literatura. Un personaje que sus seguidores conocíamos incluso en sus detalles más íntimos, incluyendo su historial médico, hasta que hace unos años su figura se fue difuminando en las nieblas de Escania. Su presencia, sin embargo, nunca podrá abandonarnos.

En “Tea Bag”, la que hasta ahora es la última novela de Henning Mankell, el autor se caricaturiza a sí mismo, a la vez que deposita su mirada cínica sobre el panorama literario sueco. “Tea Bag”, en principio, es la historia de un poeta de mediana edad en decadencia, al que su editor intenta convencer de que es escriba, (¿por qué no él también?...), novelas policiacas. Pero, sobre todo, es la historia de unos seres cuya existencia ni sospechaba: los inmigrantes ilegales, unos seres invisibles para la mayor parte de la población, pero con los que nos cruzamos día a día en nuestras calles.

En el libro, tres muchachas inmigrantes, de diferentes lugares, van desgranando poco a poco su historia ante los atónitos oídos del poeta. Él descubre que cualquier ficción que él sea capaz de escribir palidecerá ante los relatos de estas jóvenes. En ellos hay poesía y oscuras tramas de novela negra; pero, sobre todo, el deseo de ser escuchadas y de ser reconocidas como seres humanos, de salir de su “invisibilidad”, de convertirse en seres de carne y hueso, con sueños y anhelos.

Ante todo eso, el resto de los personajes “visibles” que rodean al poeta, “alter ego” de Mankell, (su pareja, su madre, su corredor de bolsa…) nos parece esperpentos; mucho menos reales que las “muchachas fantasma” que deben pasar la mayor parte de su vida escondiéndose del resto de la población “con papeles”.

Desde luego, “Tea Bag” no responde a los cánones actuales de la novela negra escandinava, como Henning Mankell no es fácil de encajar en el arquetipo del escritor de novelas policiacas. Quizá por eso, desde hace varios años reside en Mozambique, donde dirige una compañía de teatro que ofrece ilusión y posibilidades de futuro a ex niños-soldado y niños de la calle.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Resumen crono-ilógico de un viaje a Bainet.

24 de mayo de 2011.

4.30. Hora a la que habíamos quedado para salir hacia Bainet.

5.15. Hora a la que, finalmente, vinieron a buscarme.

5.20-5.45. Hay que recoger unas cuantas cosas para llevar al terreno.

5.45. Salida de Jacmel

5.49-5.58. Parada en gasolinera para aprovisionarnos de combustible y cosas para desayunar.

6.05-6.12. Cruzamos el primer río y paramos a desayunar.

6.19. Parada para acomodar la carga.

7.01. Nueva parada para reacomodar la carga.

7.44. Cruzamos el segundo río.

8.01. Cruzamos el tercer río.

8.12-8.16. Circulamos un tramo por el lecho del cuarto río antes de cruzarlo.

8.25. Parada para saludar a unos amigos del conductor.

8.45-8.52. Parada “fisiológica”. Descubrimos que hemos perdido parte de la carga.

8.56. Cruzamos el quinto río.

9.15. Llegamos al destino.

Kilómetros recorridos desde Jacmel: 80.

domingo, 22 de mayo de 2011

Nueva excursión a La Baguette

Esta mañana hemos ido de excursión, otra vez, a la Playa de La Baguette.

El Centro Meteorológico de Haití había anunciado fuertes lluvias para todo este fin de semana. Sin embargo, parece que su “bola de cristal” debía estar un poco empañada, pues apenas cayeron cuatro gotas la tarde del sábado…

Hay un dicho francés que afirma que “la vida pertenece a los que se levantan muy temprano”, tal vez por eso también, nuestra jornada de domingo, que empezó muy temprano, transcurrió, finalmente, sin incidentes meteorológicos y nos cundió bastante.

El mar en la bahía de Jacmel estaba incluso, pese a las predicciones oficiales, más tranquilo que nunca.

El objetivo de esta excursión, además de dar a conocer el lugar a otros y otras colegas cooperantes, era visitar las ruinas de un antiguo fuerte francés. Como había que caminar un ratillo, decidimos que el madrugón nos favorecería, pues las andadas a mediodía comienzan a ser penosas en esta época.

El fuerte francés en cuestión, no es que estuviera en ruinas, es que casi había que adivinarlo… Los muros estaban completamente derruidos, e incluso los imponentes cañones estaban semienterrados. De todos modos, la vista sobre la bahía de Jacmel, era, además de “estratégica”, impresionantemente bella.

La segunda parte de la excursión estaba dedicada a volver a la zona de pequeñas cascadas que ya conocíamos, y que ahora, con la época de lluvias, presentaban un poco más de caudal.

Para hacer de “guía-acompañante” en este tramo, tuvimos a un curioso personaje que había trabajado unos años en República Dominicana y hablaba una curiosa mezcla de castellano y creole. Merced a esa circunstancia, y a sus incansables ganas de conversar, disfrutamos de una serie de curiosas anécdotas.

Cuando llegamos a la “zona de baños”, decidió establecer un sistema de “turnos”, porque, como dijo “un cristiano debe respetar a las mujeres, y dejarlas solas cuando se van a bañar…”

Para el camino de vuelta, decidió enseñarnos un “atajo”… Un atajo que duraba el doble que el camino normal, pero que le permitió dos cosas. Por un lado, irnos pasando por las casas de todos sus parientes y amigos, como el que dice “mira lo que me he encontrado hoy…” y por otro lado, le permitió rellenar su cantimplora, no de agua precisamente… Cuando lo hizo, no dudó en invitarnos, amablemente, a beber, pero solo a los hombres… supongo que en este caso, “un cristiano debe respetar también a las mujeres…”

Un poco antes de comer, tuvimos él y yo una interesante conversación sobre el tráfico de drogas. Según sus palabras, “eso es algo que, en todo país, no gusta al jefe”, pero también es algo que se vende “en todo lado”, y, sobre todo, en Miami, donde es muy difícil entrarla en avión, pero “ya tu sabes, en barco es más fácil”… Creo que, al ser ellos hombres de mar, quizá sepan de lo que hablan…

La jornada finalizó, como ya es de rigor, con sesión de baño en el mar y “un frugal almuerzo” a base de langostas a la parrilla, antes de regresar a Jacmel.


viernes, 20 de mayo de 2011

jueves, 19 de mayo de 2011

El Día de la Bandera

El 18 de mayo Haití celebra el Día de la Bandera. La leyenda dice que, cuando los esclavos negros que se rebelaron contra los franceses decidieron que necesitaban una bandera, tomaron la que tenían más a mano, es decir, la francesa, le arrancaron la franja blanca (un color del que no querían saber nada…), y, al coser los dos pedazos restantes nació la bandera haitiana.

La bandera de Haití ha sufrido, como el país, varios cambios de orientación en su historia. Incluso, en el periodo oscuro de la dictadura de los Duvalier, el color azul se cambio por negro. Hay además otra anécdota curiosa: en el desfile inaugural de los juegos olímpicos de 1936 se vio que la bandera de Haití era idéntica que la de Liechtenstein. Algo que no debió gustar del todo a un país tan “chic”, que decidió añadir, desde entonces una pequeña corona en su estandarte, para “distinguirse”…

En cualquier caso, el Día de la Bandera en Haití es un día de desfiles cívico-patrióticos. Todos los colegios desfilan por las con sus uniformes distintivos acompañados de bandas de música que tocan, sin cesar, el himno nacional. Además grupos de jóvenes, chicos y chicas, presentan diferentes coreografías y canciones alusivas, en lo que resulta, a los ojos de un desorientado observador europeo, una extraña mezcla de desfile militar y espectáculo de animadoras de la NBA…

Sea cual sea la motivación, resulta innegable la pasión puesta por todos los participantes en la celebración, y el brillante colorido del resultado.

Otra cosa, como me contaba un compañero de una de nuestras contrapartes, es si realmente puede considerarse que hay algo celebrar en un país ocupado militarmente desde hace sitio años y cuya “soberanía nacional” resulta cuando menos discutible…

Y también resultaba significativo que, en muchos tramos, los desfiles de escolares y estudiantes con sus mejores galas, debían ir esquivando, todavía, montones de escombros y de basura en las calles…

Pero bueno, si, como decía el lema de miles de camisetas repartidas ese día, “la bandera es el símbolo de la reconciliación nacional”, bienvenida sea su fiesta.

Quizá esa sea una asignatura pendiente para los que venimos de un país donde “la bandera nacional”, todavía causa “suspicacias”, quizá producto de heridas históricas mal curada, y donde todavía no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo para ponerle letra al himno nacional…

¿Se podría hacer en España un “Día de la Bandera”? “¿De qué bandera?”, seguro que sería lo primero que preguntáramos… Porque tenemos un montón para elegir…