martes, 21 de julio de 2009

Todos somos Bart Simpson

Uno de los grandes enigmas filosóficos de nuestro tiempo es si es la televisión la que imita a la realidad, o es la realidad la que se va construyendo por imitación de algunos programas de televisión.

Una de la series de más éxito en lus últimos años es "Los Simpson". Cuando yo era pequeño, los dibujos animados eran cosa de niños; estaban concebidos para un público exclusivamente infantil. Más de un/a psicólogo/a podrá decir que eran argumentos violentos, racistas y/o sexistas. Pero no por eso dejaban de estar diseñados para niños como yo. Claro, por eso ahora el mundo está como está, dirán esos/as, u otros/as, psicólogos/as.

Y ese mundo de ahora es el que se ve reflejado en la serie "Los Simpson": un padre con un trabajo frustrante, que cuando vuleve a casa solo quiere poder estar tirado viendo la tele y bebiendo cerveza. Una madre que quiere ser "superwoman, tener la casa perfecta, y atender a sus hijos y a su marido, pero sin perder otras oportunidades de realizarse como mujer fuera de casa. Un preadolescente gamberro, dentro y fuera de clase...; ¡oh, perdón psicólogos/as!... "un alumno disfuncional, con necesidad de adaptaciones curriculares y atención a la diversidad"... Una hermana buena estudiante, precocupada por la diversidad cultural y la protección del medio ambiente...

¿Los Simpson son como nosotros o nosotros estamos haciéndonos como ellos? ¿Estamos adaptando nuestro comportamiento a lo que se esperaría de nosotros como habitantes de Springfield?

A este respecto, cada vez me caben menos dudas después de mi última visita a Zaragoza.
En uno de los episodios más recordados de Los Simpson, todos los habitantes de la ciudad de Springfield se reunen con el alcalde para priorizar las mejoras más necesarias para su ciudad. Se habla de la conservación de calles y zonas verdes, de las escuelas y bibliotecas públicas... Pero finalmente, un estafador les convence de que lo que realmente necesita la ciudad es un ferrocarril monorrail... que vaya de ningún sitio a ninguna parte... Exactamente eso es lo que tiene ahora Zaragoza, unidad ya para siempre al club de ciudades con monorrail... como la de los Simpson...


De todos modos, si un modelo de comportamiento ha calado en nuestra sociedad, es el de Bart Simpson. En algún momento de la serie, él resume en tres frases su estrategia si alguien le pilla tras alguna mala acción:

1º "Yo no fui".

2º "Nadie me vió"

3º "No puedes probar nada"

Si analizamos la actualidad social y política de nuestro entorno podremos comprobar como todos, ciudadanos, empresarios, concejales, alcaldes, presidentes de comunidad (autónoma o de vecinos),..., todos, o una gran mayoría, tendemos a utilizar la estrategia Bart Simpson para eludir responsabilidades.