jueves, 30 de julio de 2009

Teoría de la conspiración


Entre mis muchos vicios y defectos está(ba) el haber sido un fiel seguidor de "Expediente X". Durante varios años seguí las andanzas de los agentes Mudler y Scully´, desentrañando oscuras conspiraciones.
La pareja, según la última, (y lamentable), película basada en la serie ahora vive felizmente casada en una casita en el campo.
Pero las conspiraciones no han terminado. De hecho, cada vez es más difícil creernos eso de que "la verdad está ahí fuera".
Empezó como una broma: "ay, mira, los mexicanos han cogido la gripe porcina". Pero en estos momentos la OMS y los gobiernos de todos los países "serios" ya tienen en marcha campañas masivas de vacunación durante el próximo otoño para la enfermedad más mediática que se ha conocido en la Historia. Porque está claro que, en el mundo actual, la importancia de una enfermedad no se basa en su gravedad o en su mortalidad real o potencial, sino más bien en que se hable mucho de ella en las noticias y, sobre todo, que alguna gran empresa farmacéutica disponga del "remedio" y pueda hacer un buen negocio "ofreciéndolo generosamente" a los previamente aterrados ciudadanos a través de sus correspondientes ministerios de Sanidad.
Por el bien de los administrados se saltarán todos los protocolos científicos y se les administrará una vacuna cuya inocuidad no estará suficientemente probada clínicamente. Ya se irá controlando las reacciones que aparezcan. La famosa teoría del "ya si eso, pues eso...".
Si hay que encargar chiquicientos millones de dósis de un producto a una sóla empresa, no hay problema. Pero se nos recuerda que, en tiempos de crisis no cabe plantearse utopías como investigar vacunas contra la malaria, o proporcionar sistemas de agua potable que eviten millones de muertos por diarrea.
Que aumente el hambre y la desnutrición no es importante. Lo fundamental es que el mundo civilizado no moquee este invierno.
Para más información:
Y un vídeo desde Argentina, uno de los países "ensayo" de la enfermedad:


En la variedad está el gusto

Esta foto la hice mientras trabajaba en Bolivia.
Nunca he entendido mucho de campo, pero yo estaba convencido de que las mazorcas de maíz eran todas igualitas; que los granos eran siempre amarillos y del mismo tamaño, como los que salían de las latas de ese gigante verde tan simpático...
De hecho, en la Facultad me enseñaron las bondades de las semillas mejoradas y uniformes.
Entonces, ¿qué el tenía que decir yo a la señora que, orgullosa, me mostraba su cosecha de maíz?
¿Debía animarla a mantener esa riqueza en diversidad genética en su finca? ¿O era mi deber tratar de convencerla de obtendría mejores rendimientos económicos utilizando sólo semillas certificadas?
Lo que hicimos finalmente fue dar las gracias a la familia por compartir con nosotros su sencillo almuerzo, a base de maíz hervido y queso fresco.
Tras la caída del comunismo y la crisis del capitalismo, parece que el único regimen político imperante ahora mismo puede ser la globalización. Como los anteriores, nos promete un paraíso en la tierra, alberga también un lado oscuro. La uniformización y el pensamiento único. La información accesible a todos y desde cualquier rincón del planeta, pero controlada por muy pocos. La omnipresencia de las mismas marcas y productos en cualquier rincón del planeta.
Nunca hemos podido viajar tanto y conocer tantos lugares diversos. Pero cuando uno recorre el centro de las grandes ciudades del mundo, cada vez más llega a tener la sensación de no haberse movido de su casa.

miércoles, 29 de julio de 2009

Mariposas


¿Ahora se ven menos mariposas que antes? Tengo la impresión de que cuando era pequeño había muchas más revoloteando a nuestro alrededor.
Tal vez sea que unos seres tan frágiles no soportan bien el cambio climático o el aumento de sustancias químicas extrañas vertidas en nuestro campos.
O quizás algo tan etéreo no resulta adecuado para tiempos de crisis. No es que las mariposas no estén ahí, sino que preocupaciones, agobios y angustias bloquean nuestros sentidos y nos impiden disfrutar de su belleza.
Ayer estuve recorriendo un camino por el bosque. Una suave pista que remontaba un río transparente. Durante el recorrido, casi fuimos atropellados por un macho de cabra montesa que bajaba corriendo pendiente abajo. Más discreta, una ardilla curiosa nos observaba sin abandonar sus afanes recolectores. La Naturaleza nos acompañaba, pero el entorno era también un reflejo de la actividad humana. Masías en ruinas, rodeadas de bancales trabajosamente construidos y ahora abandonados, eran el reflejo de otras épocas. Testigos de un modo de vida mucho más duro, pero quizás más sencillo.
El camino era hermoso, el paisaje montañoso que lo rodeaba, impresionante. La compañía era la mejor que podría desear. Sin embargo, sentía mi andar pesado. No llevaba mochila, pero cargaba con un gran fardo de preocupaciones, de dudas y de miedos, que lastraban mi avance hacia el final de nuestra ruta. Allí, un viejo roble centenario cobijaba un pequeño trozo de paraíso, con una fuente cristalina, una higuera y una antigua casa, ahora abandonada.
Quizá no es quen haya ahora menos mariposas que antes, sino que vamos perdiendo esos ojos de niño ilusionado por verlas.

lunes, 27 de julio de 2009

Benedetti

Mario Benedetti es uno de mis escritores favoritos. Creo que es el mejor contador de cuentos que conozco. Sus historias no tratan, sin embargo, de princesas ni de valientes caballeros. No hablan de arriesgadas expediciones a países lejanos ni de mágicos tesoros. Ni siquiera nos relatan complicadas conspiraciones para cambiar la faz de la Tierra.

Me gusta porque sus cuentos son retazos de la vida de hombres y mujeres como tú y como yo. Pero esa existencia nuestra, tan normal que ha veces tiende a parecernos gris, en manos de Benedetti se ilumina. Por unos instantes, pone el foco sobre un anónimo viandante y lo transforma en el protagonista de una corta historia, de unas pocas páginas. Es posible que durante ese intervalo no le ocurra nada especial, pero la manera del autor de describir ese trozo de vida nos puede hacer pensar durante horas.

No es un amante de apabullar con las palabras, sino que las emplea con gran sencillez, con extraordinaria precisión, pero, sobre todo, destilando belleza y cariño hacia el lector.

Ese cariño y esa belleza que quiere compartir con nosotros, no pretende convencernos de que el mundo es algo perfecto y la vida algo maravilloso. Pocos como él han sabido denunciar las injusticias políticas y sociales tan certeramente. Pero pocos también han dedicado tantas páginas a convencernos de la necesidad de vivir, de amar y de dejarnos ser amados. Aun octogenario, sus textos destilaban una pasión por la Vida y por el Amor que cuesta encontrar muchas veces entre los jóvenes y adolescentes que nos rodean.

"Vivir adrede" se titula uno de sus últimos libros. Mezcla de poesía, ensayo y cuentos, creo que trata de hacernos reflexionar sobre el por qué y el para qué vivimos; qué aportamos a los que nos rodean. Temas profundos y, a menudo, inquietantes. Pero Mario Benedetti no pontifica sobre ellos desde un púlpito, sino que emplea, como siempre, palabras sencillas. Juega con lo que conocemos para que nos atrevamos a asomarnos más allá. Sus reflexiones no tienen olor a incienso; sino más bien el aroma de un café compartido con un amigo o un familiar muy querido.
Uno de los nuestros.


jueves, 23 de julio de 2009

¿Casualidad?


Mientras España estaba ardiendo casi por los cuatro costados, una empresa estadounidense presentaba en Ciudad Real el avión apagafuegos más grande del mundo.




La solución a todos nuestros problemas por sólo 20 millones de dólares.

Por cierto, la empresa se llama Evergreen (Siempre Verde, en inglés). ¡Qué bonito!

Lucha antiterrorista


Es curioso que en la España laica y descreída todavía creamos en maldiciones divinas y en castigos de Dios.

Cómo se explica si no que, ante la catastrófica ola de incendios que están devastando la naturaleza peninsular, la mayor parte de nuestras autoridades declaren que poco se puede hacer. Según ellos, la responsabilidad es de las condiciones climáticas. Y ya sabemos, lo han dicho repetidas veces en foros internacionales, que los políticos no son resposables del clima ni de sus cambios... Incluso lo que se ha dado en llamar "el clima político" parece ser algo aleatorio, en el que se dan continuamente chaparrones, y, nadie sabe cómo, aparecen tormentas o incluso huracanes de repente.

Más o menos es como afirmar que los accidentes de tráfico se dan porque hay curvas y cambios de rasante en las carreteras... Ya. Claro. Indudable. Pero, entre todos, estamos consiguiendo que haya menos accidentes: mejoras en las carreteras, educación vial y castigos más duros para irresponsables y reincidentes.

Cada día soy menos optimista. Es el problema de la sociedad de la información, pues ya dicen que un pesimista no es sino un optimista bien informado... Pero, a pesar de todo, creo que los humanos, si nos ponemos, somos capaces de solucionar problemas.

Pienso que no exagero si opino que hay que comenzar a mirar los incendios forestales no como una maldición inevitable, sino como un problema de terrorismo. Y, como en otros conflictos terroristas, tiene apoyos por acción y por omisión. Muchos recordamos los años en los que, mientras unos ponían bombas, otros hablaban casi cariñosamente de "los chicos de la gasolina".

Creo que tan acto terrorista debería ser considerado quemar un cajero automático como hacer arder un monte, aunque no sea propiedad del BBVA...

Asímismo, deberían comenzarse a imputar, (esa palabra tan de moda), como culpables de los incendios, no sólo a los escasos pirómanos que existen y son detenidos, sino también a quienes, con sus actividades irresponsables en el monte, los provocan "accidentalmente", pero nunca son acusados de nada, porque la culpa era de de "las condiciones climáticas desfavorables".

Pero aquí también existe el "pecado" de omisión. La gestión y limpieza de los montes ha dejado de interesar a particulares, municipios y a gobiernos si no supone una rentabilidad económica. Nuestra "Educación para la Ciudadanía" no se complementa, que yo sepa, con una "Educación para la Naturaleza". Nos enseñan a recoger cacas de perro en las ciudades, pero no los peligros de hacer fuego en el monte...

Al final, todo lo confiamos a que, si algo pasa, nos saquen las castañas del fuego, nunca mejor dicho... Nuestra resposabilidad termina en llamar rápidamente al 112... y quejarnos si tardaron en acudir...

Vivo muy cerca de un parque de bomberos. Muchas veces he oído comentarios como: "Jo, que bien viven éstos; todo el día ahí, sin hacer nada." Yo, personalmente, preferiría que estuvieran siempre sin hacer nada. Hace unos días que, en unos montes cercanos, cuatro de sus compañeros perdieron la vida en un incendio. Para mí, merecerían los mismos homenajes y reconocimiento que otros hombres y mujeres que lucharon contra el terrorismo.

martes, 21 de julio de 2009

Todos somos Bart Simpson

Uno de los grandes enigmas filosóficos de nuestro tiempo es si es la televisión la que imita a la realidad, o es la realidad la que se va construyendo por imitación de algunos programas de televisión.

Una de la series de más éxito en lus últimos años es "Los Simpson". Cuando yo era pequeño, los dibujos animados eran cosa de niños; estaban concebidos para un público exclusivamente infantil. Más de un/a psicólogo/a podrá decir que eran argumentos violentos, racistas y/o sexistas. Pero no por eso dejaban de estar diseñados para niños como yo. Claro, por eso ahora el mundo está como está, dirán esos/as, u otros/as, psicólogos/as.

Y ese mundo de ahora es el que se ve reflejado en la serie "Los Simpson": un padre con un trabajo frustrante, que cuando vuleve a casa solo quiere poder estar tirado viendo la tele y bebiendo cerveza. Una madre que quiere ser "superwoman, tener la casa perfecta, y atender a sus hijos y a su marido, pero sin perder otras oportunidades de realizarse como mujer fuera de casa. Un preadolescente gamberro, dentro y fuera de clase...; ¡oh, perdón psicólogos/as!... "un alumno disfuncional, con necesidad de adaptaciones curriculares y atención a la diversidad"... Una hermana buena estudiante, precocupada por la diversidad cultural y la protección del medio ambiente...

¿Los Simpson son como nosotros o nosotros estamos haciéndonos como ellos? ¿Estamos adaptando nuestro comportamiento a lo que se esperaría de nosotros como habitantes de Springfield?

A este respecto, cada vez me caben menos dudas después de mi última visita a Zaragoza.
En uno de los episodios más recordados de Los Simpson, todos los habitantes de la ciudad de Springfield se reunen con el alcalde para priorizar las mejoras más necesarias para su ciudad. Se habla de la conservación de calles y zonas verdes, de las escuelas y bibliotecas públicas... Pero finalmente, un estafador les convence de que lo que realmente necesita la ciudad es un ferrocarril monorrail... que vaya de ningún sitio a ninguna parte... Exactamente eso es lo que tiene ahora Zaragoza, unidad ya para siempre al club de ciudades con monorrail... como la de los Simpson...


De todos modos, si un modelo de comportamiento ha calado en nuestra sociedad, es el de Bart Simpson. En algún momento de la serie, él resume en tres frases su estrategia si alguien le pilla tras alguna mala acción:

1º "Yo no fui".

2º "Nadie me vió"

3º "No puedes probar nada"

Si analizamos la actualidad social y política de nuestro entorno podremos comprobar como todos, ciudadanos, empresarios, concejales, alcaldes, presidentes de comunidad (autónoma o de vecinos),..., todos, o una gran mayoría, tendemos a utilizar la estrategia Bart Simpson para eludir responsabilidades.

jueves, 16 de julio de 2009

¡Joé, qué caló!

"Y Dios dijo: ganarás el pan con el sudor de tu frente". (Génesis, 3:19)

Pero yo me pregunto: Vale, bien. De acuerdo en lo de tener que sudar mientras trabajamos. ¿Pero es necesario que estemos todas la vacaciones también sudando?

Yo es que nunca he tenido claro lo de sudar por gusto. Será por eso que nunca me he apuntado a un gimnasio... ¿Lo necesitaría? Dejo a mis admiradores/as que opinen al respecto.

Pero sobre todo, nunca he comprendido a los millones y millones de turistas, sobre todo del norte de Europa, que vienen a España a pasar sus vacaciones; es decir, a sudar. Por gusto. Pagando. No mucho, pero pagando. Con el clima tan estupendo que tienen ellos en verano... Yo pasé hace unos años un verano en Inglaterra y oiga, tan ricamente.

De acuerdo, alguno me dirá que ellos están hartos todo el año de nublados y de frío, y vienen aquí buscando el sol... Pero es que huyen todos en tropel justo cuando en su pueblo se arregla el tiempo...

No los entiendo. Son raritos. Si no, cómo calificar a una amiga alemana que me contaba que se vino a vivir a España porque aquí "se veía la tierra". En su pueblo, con tanta hierba, tan prado y tanto árbol, no tenían un contacto directo con la tierra como aquí. Claro, qué mejor que nuestros secarrales para tomar conciencia de que "polvo somos y polvo seremos".

Claro que nosotros también somos especialitos. Decidimos celebrar la mayor parte de las fiestas patronales de los pueblos en pleno verano... Qué bonitas esas procesiones a las doce del mediodía... Esas vaquillas a las cuatro de la tarde, levantando polvo... Tradiciones ancestrales.

Aunque ya nada es lo que era. Ahora, con el aire acondicionado, nos podemos incluso echar la siesta tapados con una sabanita... Pero, ¿nos hemos planteado alguna vez si nuestros miles y miles de acondicionadores de aire, expulsando calor por la terraza todo el verano no son el principal causante de que no podamos salir a la calle?

miércoles, 15 de julio de 2009

Viaje al interior

Estoy en una casa. No la reconozco, pero no se puede decir que sea desconocida para mí.
Recorro sus pasillos y voy abriendo muchas de las puertas que encuentro. Al hacerlo, la mayor parte de las veces solo me asomo a las habitaciones; no entro.
Hay cuartos de todo tipo. Dormitorios donde veo acostados a desconocidos a los que no quiero despertar. Salitas con muebles viejos y pasados de moda. Grandes salones con ventanales a un exterior al que no quiero asomarme. Televisores encendidos ante sillones vacíos, emitiendo imágenes que no soy capaz de entender.

En ocasiones me encuentro con otras personas. A algunas puedo reconocerlas. Han sido importantes para mí en algún momento de mi vida. Otras son perfectos desconocidos o gente a la que ya había olvidado. Algunos de ellos me acompañan en mi constante deambular.

Porque esta es una de las caracteristicas de mi sueño, la sensación de no poder quedarme en ninguna de las habitaciones que descubro; la necesidad de seguir recorriendo incesantemente esa casa, esos pasillos. Sin parar y sin salir nunca al exterior. Lo que haya fuera de la casa no me interesa, solo siento la necesidad de conocer mejor su interior.

Este sueño se repite muy a menudo en mis noches. No suele causarme inquietud ni angustia; aunque sí, a veces, cansancio y hastío.

Creo que la psicología clásica lo interpretaría como un proceso de (re)conocimiento interior, de repaso de nuestro yo. La casa representaría nuestro propio cuerpo y nuestra mente, muchas veces desconocidos para nosotros mismos. De ahi las sorpresas que nos podemos encontrar en el camino...

El Taoísmo propone dedicar un rato al día a recorrer mentalmente el interior de nuestro cuerpo, pero como una especie de terapia preventiva. Se trata del ejercicio de la Sonrisa Interior, que dedica una sonrisa a cada uno de los órganos de nuestro cuerpo, para relajarlos y mejorar así el fluir de la energía vital.

Puede ser un método para desempolvar algunas de las habitaciones, ordenarlas, tirar esos mueblos viejos que ya no sabemos por qué están allí, y hacer que corra aire fresco por esos intrincados pasillos de nuestro complejo interior.


Pequeñas grandes historias

Se dice que una imagen vale más que mil palabras. En consecuencia, un cortometraje puede contar mucho más que largos discursos, aunque sean los de nuestros líderes políticos o religiosos mundiales.
Rodeado de premios y de polémicas, desde su presentación en 1989, me permito recomendar dedicar diez minutos a contemplar la historia de "La Isla de las Flores".



Para quitarnos el sabor de boca que nos han podido dejar los tomates de la Isla de las Flores, sugiero ahora dejarse llevar, fluir, por "La maison en petits cubes"; una profundización en un mundo sin palabras, pero lleno de sentimientos y emociones.




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martes, 14 de julio de 2009

Meditaciones acuáticas

Hace unos diez años trabajaba como delegado comercial de una empresa para toda la zona norte de España. Me pasaba gran parte de los días cruzando el país de este a oeste, por carreteras y autovías. Mientras conducía tenía mucho tiempo para pensar.
Un día me dí cuenta de que, a menudo, me cruzaba con grandes camiones que transportaban agua mineral. Me fui fijando y me sorprendió mucho darme cuenta de cómo se trasladaban toneladas y toneladas de agua mineral de famosos manantiales de Galicia a ciudades de Cataluña, y viceversa. Como en tiempos hice un máster en marketing pude comprender que lo que se estaba trasladando no era tanto veinticinco mil litros de agua y cinco mil kilos de envases de plástico, sino que, más bien, se transportaba una marca, una imagen de producto. Pero el comprender el por qué no hacía que me pareciera menos absurdo.


No siempre es fácil ver lo que tenemos delante de nuestros ojos. Uno de los orgullos de España es el haberse convertido en el principal abastecedor de frutas y verduras para el resto de Europa. Según datos de la FEPEX (Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas Vivas), en 2008 se exportaron 9.175.000 toneladas. Los principales destinos fueron Alemania, Francia, Reino Unido y Holanda.


Estos alimentos contienen entre un 80 y un 95% de agua. Se da así la curiosa circunstancia, a mi modo de ver, de que uno de los países más secos de la Unión Europea está exportando anualmente unos 9 millones de toneladas de agua a países que la tienen por castigo. El hecho se torna aún más curioso cuando nos fijamos en que, dentro de España, las zonas más productoras y exportadoras de frutas y verduras son las del sur y el levante, lo que en el colegio llamaban, "la España Seca". Allí, los empresarios agrícolas se esfuerzan muchas veces en sacar el agua de donde no la hay, con costosas instalaciones, como canales y pozos cada vez más profundos. Pero siempre necesitarán más, para mantener el negocio, y reclaman sin cesar inversiones obras públicas, como grandes trasvases entre cuencas hidrológicas, siempre polémicos y, a menudo, poco meditados.


Por supuesto, este negocio funciona porque las "exportaciones de agua" del sur al norte son bien pagadas, nos dicen. Pero, en la perspectiva de una cuenca mediterránea en constante proceso de desertización, ¿estos déficit hídricos comenzarán a tener relevancia?; ¿podrán renovarse los acuíferos con los euros obtenidos por las exportaciones?.


Claro que, si tenemos en cuenta que la mayor parte de la mano de obra que trabaja en el sector es inmigrante, quizá los acuíferos se vayan rellenando de nuevo, poco a poco, con ese sudor importado.



domingo, 12 de julio de 2009

Vías Verdes

El ferrocarril ha dado lugar a mucha literatura y a mucho cine. Incluso ha servido para crear algunos estereotipos regionales.




Sus inicios fueron de la mano de la revolución industrial y supusieron el principio de una nueva época. Los pueblos y las naciones, dejaron de estar aislados, para lo bueno y para lo malo. Los horizontes se ensancharon y el nundo se hizo, paradójicamente, más pequeño.


Las humeantes locomotoras cruzaron países trayendo nuevos aires, nuevas ideas; pero también se llevaron a muchos jóvenes, ilusionados o resignados a otras tierras, buscando el pan.

Ahora, algunos apóstoles de la modernidad nos quieren convencer de que el tren es un medio de transporte obsoleto, a no ser que lleve un apellido "de alta velocidad".

Así, miles de grandes obras de ingeniería, túneles, viaductos, estaciones y apeaderos, son abandonados; han quedado atrás en nuestra ¿loca? carrera hacia el progreso y el futuro.

Aunque en España, y en otros países, grupos de ¿románticos? comenzaron a soñar, y a hacer realidad, nuevos unos para esas vías, que están pasando a convertirse en "Vías Verdes", en las que, curiosamente, la ingeniería civil de siglos pasados nos ayuda en reencontrarnos con la Naturaleza.


Son caminos suaves, sin demasiada pendiente, como exigían las viejas locomotoras. De manera que resultan aptos para recorrer en familia, sin prisas, saboreando el paisaje.

Seguro que todos podemos descubrir una "Vía Verde" cerca de nuestra casa.

¿Por qué no probar este verano a seguir nuevos caminos?

sábado, 11 de julio de 2009

Un planeta para compartir

Una amiga me acaba de mandar este video:

video

y este mensaje:

"Bonitas imágenes, bonita música, horrible realidad."

Gracias Noemí.

2012

Creo que ya voy teniendo claro por qué todos nuestros políticos, a nivel local, regional, nacional e internacional, cada vez tienen menos rubor en hacer grandes promesas para el futuro:
El G8 fija reducir un 80% los gases de efecto invernadero para el 2050.
La pobreza será erradicada del mundo en el año 2015.
El Gobierno anuncia el cierre de Garoña para el 5 de julio de 2013.
El macroproyecto de casinos en los Monegros, conocido como Gran Scala, abrirá en 2012.
Lo mismo, hasta las obras de restauración del castillo de Caspe estarán terminadas para el 2012.

Por prometer, que no quede. Total:






Creo que los ciudadanos de a pie, todo aquello que tengamos intención hacer, nuestros proyectos e ilusiones,deberíamos emprenderlos hoy mismo. No los vayamos dejando para mañana, para otro día, para el futuro. No vaya a ser que los mayas, Nostradamus o Hollywood tengan razón.
Hoy es el principio del resto de nuestra vida.

La Z como seña de identidad


El Instituto Cervantes tiene como Objetivo "la promoción y la enseñanza de la lengua española".
Su logotipo, su seña de identidad, es la letra Ñ; se supone, que por ser esta una letra que no aparece en el alfabeto de ningún otro idioma del mundo...
Parece ser que nadie que trabaje para el Instituto Cervantes, conoce el aragonés, el bable, el aymara, el bubi, el chamorro, el gallego, el guaraní, el euskera, el mapuche, el mixteco, el quechua, el tagalo, el tetum, el wolof o el zapoteco. (Fuente: Wikipedia)
De todos modos, basado en mi experiencia, quiero defender otro hecho diferencial de nuestra lengua, al que no le damos la debida importancia: las zetas.
Aterrice usted en cualquier aeropuerto de centro o sudamérica y no será necesario que muestre su pasaporte. En cuanto abra la boca y se dirija a cualquier agente de policía, ya sabrán que es usted español. Ese sonido nos distingue a lo largo y ancho de toda hispanoamérica. Seremos reconocidos desde la cabeza a los zapatos. Y como uno, además, ande por ahí explicando que es de Zaragoza...
Con nuestros hermanos latinoamericanos nos unen muchas cosas, pero nos separa la Z. En ocasiones intenté compartir con algunos de ellos la riqueza de este sonido y enseñarles a pronunciarla, pero debo confesar que no lo conseguí. Con el tiempo, comencé a darme cuenta que nuestra rotundidad al pronunciar las Z es interpretada por algunos como un signo de la típica prepotencia de la Madre Patria, y pasé por una época durante la que traté de suavizarlas: "tomemos un cafesito..." Pero me daba a mi mismo la sensación de querer pasar de la prepotencia a la condescendencia y deje de fingir lo que no era.
Paseé orgulloso varios años mis Z por diversos países américanos y, debo reconocer que ese defecto mío fue, en general, bien aceptado. Nuestros hermanos de allende el Atlántico nos acogen bien y se interesan mucho por nuestro país y, sobre todo, por la historia de nuestra Transición, que algunos de ellos consideran un ejemplo a seguir.
Claro que es un ejemplo difícil de seguir para ellos cuando les empiezas a explicar las decisiones políticas tomadas por Suarez, González, Aznar y Zapatero...
Bueno, lo voy a tener que dejar, que me está entrando sueño: Z, Z, Z, z, z ...

viernes, 10 de julio de 2009

Fauna callejera

El verano y la globalización van cambiando sin duda el aspecto de nuestra "fauna callejera".
En Barcelona, los empresarios de comercio y turismo están pidiendo una ordenanza que prohíba ir en bikini por las calles. Mientras, en otros muchos lugares, las "gentes de bien" están preocupadas porque las mujeres inmigrantes llevan demasiada ropa: tanto velo, chador, chilabas y otras "indecencias".
Pero este libro, no trata de eso.
El encuentro del ser humano con la Naturaleza no tiene por qué darse sólo en los Parques Nacionales.
La vida salvaje no conoce límites; penetra también en nuestros pueblos y ciudades.
Está ahí si sabemos observarla; y libros como éste nos ayudan a descubrirla y a reconocerla.
Luis Miguel Domínguez es un gran contador de historias. Puede conseguir que un relato sobre las pequeñas cosas que nos rodean parezca el de una gran aventura; pero también que el relato de un gran viaje parezca una historia sencilla.
Sabe de lo que habla. Ha recorrido casi todo el planeta, y ha entrado en contacto con todo tipo de ecosistemas. Incluso sufrió cautiverio, y peligró su integridad física, al convivir con una de las tribus salvajes más peligrosas y hostiles, como relata él mismo en esta entrevista:

http://www.cadenaser.com/internacional/articulo/naturalista-luis-miguel-dominguez-fue/csrcsrpor/20080626csrcsrint_8/Tes

A su lado. podemos conocer mejor, como él dice, "La Tierra que nos parió".

jueves, 9 de julio de 2009

¿Un buen empleo?


Como otras muchas personas en este país, estoy buscando empleo.

A tal fin, todos los días consulto varias bases de datos de ofertas de empleo en internet.

Una de las más curiosas ofertas que he encontrado esta semana es la siguiente:

Datos de la oferta número: 162009002632
Fecha de inicio: 06/07/2009 Provincia: GUIPÚZCOA
Descripción:
COLOCADOR DE LOSETAS EN INTERIOR DE PISCINA
Datos:
Localidad de Ubicación del Puesto: AZKOITIA (GUIPÚZCOA)
Duración del contrato: 50 días

TRABAJO A REALIZAR: Tras el cierre, inspeccionar cubetas de piscinas. Si se ha caído alguna loseta, sumergirse y colocarla.

REQUISTOS: Saber nadar, residencia en la localidad, disponibilidad durante el verano.

SE OFRECE: Contrato temporal hasta septiembre. Trabajo todos los días, de lunes a domingo, en horario a partir de las 20.00 horas.

DURACIÓN DEL TRABAJO: De 10 minutos en adelante (el tiempo que se tarde).

CONDICIONES: A pactar con al empresa.

REQUERIMIENTOS DESEABLES: 2 meses de experiencia en el campo.

miércoles, 8 de julio de 2009

Símbolo solar


Es difícil encontrar algo que realmente una a todos los españoles.
Se ha intentado con himnos y banderas sin demasiado éxito. Ni con el seguimiento a la selección de fútbol somos unánimes.
En mi experiencia, si hay algo que es capaz de concitar una unánime sensación de identidad entre nosotros, sin distinción de edades, nacionalidad histórica, credo político, religión u orientación sexual, es la tortilla de patatas.
En mis años de exilio voluntario lejos del Estado de las Autonomías, he vivido varias veces estos momentos de unión mística.
El por qué creo que debemos buscarlo en su clara condición de símbolo solar.
No temamos reconocerlo en estos tiempos descreídos. De entrada, su forma circular, considerada la más perfecta ya por los pitagóricos, y su color dorado, nos incitan a elevar los ojos hacia el cielo buscando al astro rey.
Sus componentes son todos profundamente solares: la patata, robada, (bueno, "tomada prestada"...) al Imperio del Sol, los incas. El huevo, origen concentrado de la Vida, cósmico Big Bang del Universo. Y el aceite...; si de oliva, regalo del cielo a las secas tierras del Mediterraneo; y qué decir si es de girasol.
Su elaboración es sencilla, pero alberga un innegable proceso de transmutación alquímica.
Finalmente, su consumo suele ser en una ceremonia de comunión alrededor de una mesa, duranta la que será dividida de modo que alcance a ser repartida entre todos los asistentes.
¿Qué comían los españoles que iban de excursión antes de que el descubrimiento de América supusiera también el descubrimiento de la patata? No lo sé, es un gran misterio para mí.
Quiero terminar comentando que en Bolivia, cuna de la patata, con más de novecientas variedades registradas de este noble tubérculo, y con millones de gallinas recorriendo el país, nadie hace tortillas de patata; pero me cabe el honor de haber iniciado a docenas de familias, ricas y pobres, urbanas y rurales, en este culto ancestral.
Larga vida a la tortilla de patata.

Cooperación y prepotencia

Hurgando en el baúl de los recuerdos, (o más bien en el disco duro de mi ordenador), he encontrado esta foto.

Recuerdo bastante bien cuándo fue tomada. Durante mi etapa como cooperante en Bolivia tuve ocasión de realizar bastantes viajes por el país, de la mano de instituciones que solicitaban nuestro apoyo para obtener financiación de proyectos de desarrollo rural.

Siempre consideré esas visitas como un privilegio, pues me permitieron conocer, de forma directa, muchos aspectos de la compleja realidad de ese país.

Pero, muy a menudo, me sentía también incómodo. Principalmente porque yo era recibido en todos los lugares como "el tío de la plata", el que iba a traer a ese pueblo el dinero que necesitaban para solucionar todos sus problemas.

Así viví muchos momentos que me recordaban verdaderamente a "Bienvenido Mr. Marshall".

Cuando más vergüenza, propia y ajena, pasé, fue cuando acompañé a unos representantes de la embajada de España a un pueblo perdido del altiplano, donde fuimos recibidos por la comunidad en pleno, al frente de sus autoridades en traje de gala.

Con lo que todos ellos hubieran comido una semana, nos agasajaron a la media docena de "financiadores" que les visitaban. Lo malo fue cuando, en mitad de los discursos de rigor, se recibió una llamada del embajador requiriendo la presencia inmediata de sus representantes en la capital. A los pocos minutos, los funcionarios, presurosos, emprendieron el camino de retorno, dejando, tras de sus potentes vehículos 4x4, una nube de polvo.

Yo me quedé ahí, con algún otro compañero, terminando de recibir el homenaje de las sorprendidad autoridades, que tal vez vieron reflejada, en esa nube de polvo que se iba difuminando rápidamente, una metáfora de sus ilusiones.

martes, 7 de julio de 2009

Thriller

He estado un rato viendo la retransmisión del "acontecimiento histórico" que hemos vivido esta jornada. ¿El encierro de los sanfermines? No, el entierro de Michael Jackson.

No soy dado a los mitos, ni recuerdo haber sido nunca "fan" de nadie.

Reconozco que fui de los que se quedó con la boca abierta la primera vez que vi el vídeo de "Thriller" y que canciones como "Billie Jean" forman parte de la banda sonora de mi juventud. Pero hace muchos años que las noticias sobre Jacko solo me producían algo parecido a la pena. Nunca he envidiado nada de lo que rodeaba a uno de los hombres más ricos y famosos del mundo, pero que daba la sensación de estar bastante sólo.

El homenaje del que ha sido objeto me ha parecido frío y falso. Especialmente, el escuchar las loas de los afroamericanos sobre quién se supone que tanto hizo por el reconocimiento de los valores de su raza. ¿En serio alguien recuerda que Michael Jackson era negro?

Los más famosos artistas cantaron en su entierro, con un ataud de oro, como si fuera un faraón, conteniendo lo que quedara de sus restos mortales tras dos autopsias. Danzando hasta el final, aunque fuera en los hospitales y ya no en los escenarios.

¿Resucitará de entre los muertos? ¿Era "Thriller" una premonición de su regreso?

Wallander


¿En la perfecta, fría y socialdemocráta Suecia nunca pasa nada?
Tras la aparición de las novelas de Stieg Larsson, la mayoría de los europeos han empezado a sospechar que Suecia no es tan perfecta.
Pero, mucho antes, otro escritor sueco, Henning Mankell, empezó a dar a conocer la cara más oscura de su país.

Lo hizo a través de su personaje, el inspector Kurt Wallander, a quien descubrí no hace mucho.
Wallander no es el típico héroe de novela negra, apuesto y valeroso. El conisario de la pequeña ciudad de Ystad es humano e imperfecto. Alguien a quien es fácil sentir cercano.
En sus novelas, las tramas siempre se van complicando progresivamente; pero el autor se manifiesta respetuoso con el lector y nunca “saca conejos de la chistera”. Wallander avanza lento en sus investigaciones, a trompicones, como un oso caminando por el bosque. Vamos siendo partícipes de todos sus razonamientos, sus dudas y sus errores, así como de sus problemas personales y familiares y de sus inquietudes respecto al futuro de la sociedad. Vivimos la vida de Kurt Wallander.

El autor, Henning Mankell, también es un personaje humanamente interesante. No sólo es escritor de novela negra, sino que también ha publicado cuentos infantiles y obras de teatro. Desde hace 20 años vive la mayor parte del tiempo en Mozambique, donde ha fundado una compañía de teatro y desde donde se ha manifestado repetidamente como un activista en la denuncia de la situación de los niños de la calle en África.

Me gusta conducir.


Sí, me gusta conducir.

Anoche lo recordé mientras volvía a casa, conduciendo hacia la luna llena, con los resplandores de una tormenta lejana iluminando la noche.

Nunca he conseguido avanzar mucho en la meditación, pero creo lo más cerca que he estado del nirvana ha sido conduciendo.

En algunas épocas de mi vida he tenido que hacerlo mucho, pero he llegado a disfrutarlo. Llegaron momentos en que, despierto y concentrado, he sentido alcanzar un estado de comunión mística entre el coche, la carretera y yo. Tus pensamientos, las líneas de la carretera y la música de fondo forman un todo. No deseas que el viaje acabe. Te molesta que se encienda la luz roja del depósito y tengas que parar a echar combustible. No notas el cansancio porque estás disfrutando ese momento, ese estado.

Por supuesto, no siempre consigo alcanzar ese "nirvana". Si fuera así, me habría hecho camionero o habría trabajado para los anuncios de BMW.

También me he encontrado con otras sensaciones conduciendo. Cuando trabajaba en Bolivia, tuve que hacer varias veces un trayecto que atravesaba la cordillera de los Andes a lo largo de casi 700 kilómetros. Era duro, pero casi siempre lo hice sólo. En ese caso no se puede decir que lo disfrutara, pero lo sentía como una especie de competencia entre el camino y yo. Cada curva era como una brazada nadando solitario en un océano de piedra. Cuando llegaba a mi destino tenía el sentimiento de haber vencido a la carretera una vez más.
Claro que este vicio mío tiene como contrapartida lo muchísimo que me aburro yendo de copiloto o de pasajero. Entonces ya no sé dónde poner las piernas ni qué hacer con las manos. No paro de cambiar la radio y me siento como el burro de Shrek: "¿Cuándo llegamos, cuándo llegamos?"
Pero si estoy conduciendo, con buena música, (The Cranberries, por ejemplo), un bonito pisaje a mi alrededor, un largo camino por delante y, oh maravilla de las maravillas, mi acompañante plácidamente dormida, es muy probable que alcance "la postura" y sienta que lo más importante no es llegar, sino disfrutar del viaje.

lunes, 6 de julio de 2009

La prensa de Honduras

Con la que está cayendo en Honduras, es muy curiosa la información que nos ofrece su prensa en internet:


"Diario independiente de información general con noticias de última hora y los mejores columnistas."

Los libros y el póker


Me gusta jugar al póker. Es una mis actividades clandestinas, y soy de los que opinan que no hay como jugar al póker y perder... ¿Perder? Sí, porque ganar debe ser ya la bomba...

El póker me gusta porque es de los pocos juegos en que el azar no es lo más importante. Y, sobre todo, porque en él uno puede incluso ganar teniendo las peores cartas sobre la mesa.

Otra de mis actividades clandestinas es la escribir. Escribir aunque nadie te lea ni te publiquen. Sí, porque que te lean y te paguen por ello ya debe ser el colmo...

Siempre le he tenido mucho respeto a la actividad de escribir. Creo que, con todo lo que hay escrito, es muy difícil aportar algo original al mundo de la literatura. Hace poco leí un texto de García Márquez en el que afirmaba que, desde los antiguos griegos, no se han desarollado más que unos veinte posibles argumentos.

Una de los aspectos que me parecen más complicados para escribir, tras encontrar algo interesante que aportar, es hallar el tono adecuado de contar una historia.

Sin embargo, estoy descubriendo que mis dos pasiones clandestinas pueden estar muy relacionadas. Cómo en el póker, en la literatura también se puede ir de farol. Está claro que uno puede conseguir ganar, que le publiquen, sin tener las mejores cartas en la mano; incluso sin tener nada en absoluto.

Acabo de terminar un libro, incluido en la moda de la novela pseudohistórica, pseudocientífica y pseudoesotérica. Está compuesto por recortes de arquitectura medieval, sectas alquímicas perseguidas por los nazis y conspiraciones vaticanas. El hilo conductor pretende ser la investigación de esos arcanos misterios por una pareja de catedráticos de Historia, jóvenes, guapos y ricos. Los protagonistas, mientras viajan sin cesar entre las grandes capitales europeas, mantienen sesudas conversaciones sobre Newton, Faurel y Ramón Llul, mientras se comportan como cánidos en celo y el autor nos da detalles sobre la ropa interior de la exuberante catedrática.

No he conseguido encontrar el tono del libro, ni encontrar nada original en el argumento. Seguro que el autor sabe de lo que está hablando, pues dicen que él también es catedrático de Historia. No le negaré, por tanto, cierta autoridad para relatar cómo deben llevarse a cabo este tipo de investigaciones entre sus colegas.

No voy a citar el nombre del libro ni su autor. me molesta hablar mal de paisanos. Lo que tengo claro de este señor es que tal vez no sea lo que yo considero un buen escritor; pero es, sin duda, un buen jugador de póker. Esta vez no llevaba buenas cartas en la mano, pero ha conseguido ganar la partida, que le publiquen, con un buen farol.

El cielo y la Tierra

¿Cuántas posibilidades hay de que conozcas a una persona que haya nacido el mismo día, del mismo mes y del mismo año que tú?

¿Y cuántas probabilidades existen de que te traslades a vivir a otro continente y tu vecino de enfrente sea esa persona?

Pues eso me ocurrió a mí hace cuatro años cuando vivía en La Paz (Bolivia).

Tras la sorpresa inicial, traté de encontrar en qué nos parecíamos. Según la astrología, algo deberíamos tener en común al compartir la misma posición de las estrellas en el cielo en el momento de nuestro nacimiento. Por compartir, incluso compartíamos las iniciales de nombre y apellido y ambos teníamos una prfesión relacionado con la ciencias del Vida.

Pero, ¿éramos almas gemelas? Si lo éramos, lo disimulamos muy bien, pues en tres años de vecinos, debimos de hablar media docena de veces. No nos acabábamos de caer simpáticos el uno al otro. Sin embargo, nuestras esposas, curiosamente, se llevaban muy bien entre sí.

Supongo que en el horóscopo, como en otras muchas cosas de este mundo, pesa más tu posición sobre la Tierra, el lugar en el que has nacido, el pasaporte que presentas en el aeropuerto, que cómo se movían los astros sobre tu paritorio hace ya tantos años.

domingo, 5 de julio de 2009

Vencejos


Esta semana encontramos un vencejo en el suelo.

Estos pájaros son máquinas perfectas para el vuelo. Tanto, que si caen al suelo son incapaces de volver a despegar, pues sus patas están prácticamente atrofiadas.
Los vencejos comen, duermen e incluso hacen el amor volando. Se alimentan prácticamente del aire; del denominado plancton aéreo. Cada año pueden recorrer miles de kilómetros entre África y Europa en busca de las mejores condiciones de vida.
Sin embargo, estos “superhéroes” del mundo animal suelen pasar inadvertidos en nuestro diario caminar por las calles de las ciudades o pueblos. Como nuestra mirada no suele elevarse mucho sobre el horizonte, sólo somos conscientes de la existencia de los vencejos cuando encontramos uno caído ante nosotros.


De alguna manera, eso también ocurre con los emigrantes que comparten el espacio con nosotros.
Muchos de ellos parecieran ser “superhéroes” que se alimentan del aire y que vinieron de muy lejos, buscando mejores condiciones de vida.
Como los vencejos, a veces caen al suelo y necesitarán ayuda; que alguien les eleve y les dé un fuerte impulso para continuar su vida errante.


Algunos, sin sentirnos "superhéroes", ni ser inmigrantes, también nos identificamos con los vencejos. Sentimos la necesidad de estar siempre en movimiento, viajando, cambiando de actividad y de horizontes. No estamos cómodos en ese "estar con los pies en el suelo" con el que la mayoría de nuestros congéneres se sienten seguros.

Pero no sabemos, o no podemos, despegar sólos. Debemos lanzarnos al vacío desde un lugar alto para poder volar. Y a veces, como el vencejo que nos encontramos, necesitamos que alguien nos recoja del suelo y nos albergue cariñosamente entre sus manos mientras nos eleva hasta una altura adecuada.
Yo doy gracias por tener siempre cerca esas manos que me acompañan, paciente y amorosamente, mientras encuentro la manera de remontar de nuevo mi vida.

La crisis del turismo


Con el principio del verano, agostados ya los "brotes verdes" por las más que altas temperaturas, se ha comenzado a hablar de "la crisis del turismo".

A ese respecto fue muy curioso el reportaje de "Informe Semanal" del sábado 4 de julio titulado "Crisis al sol", en el que iban intercalando imágenes actuales con otras del mismo programa, pero de 1974.

Se pudieron escuchar declaraciones que, ya entonces, se planteaban que quizá "nos habíamos excedido construyendo..."

Pues sí, tal vez ya entonces deberíamos habernos empezado a replantear el modelo turístico que ofrecíamos, reflejado, en toda su crudeza tal vez en estas imágenes:



http://www.zappinternet.com/video/lokHxaVqiM/-El-PrAAncipe-Gitano-ob-la-di-ob-la-da

Pero, "no hay que temer, el miedo es ignorancia", nos dicen los padres de la patria, que ya nos tienen preparada la solución a la crisis:

http://www.elpais.com/articulo/espana/Gran/Scala/gran/estafa/elpepiesp/20090705elpepinac_11/Tes

Si hay que constituir una nueva forma de gobierno, pues se constituye.

Una posible opción sería instaurar en Ontiñena, la República Pilarista de Aragón (R.P.A.), más conocida por sus siglas en inglés: Pilarist Aragon Republic (P.A.R.).

La soledad de los números primos



No es un libro divertido, pero tampoco es un libro difícil.

Todos los que nos hemos sentido alguna vez como "bichos raros", podemos encontrar un nuevo sentido a las matemáticas a partir de reconocernos como "números primos".

Como nos enseñaron en el colegio, son aquellos que sólo son divisibles por sí mismos y por uno. Es decir, que, en el mejor de los casos, sólo nosotros nos entendemos. Bueno, sólo nosotros y, tal vez, otro número primo.

Lo que ocurre es que no siempre es fácil encontrar otro, aunque sean infinitos. Ni tampoco es sencillo reconocerse a uno mismo como un número primo. Sí, 13 lo es; 17 también, ¿pero 2,760.889.966.651? ¿Y cuál es el más cercano a él?

El primer choque de civilizaciones



Desde que regresamos a España el año pasado, hemos estado recorriendo muchos de los yacimientos incluidos en la ruta "Íberos en el Bajo Aragón".

Nos ha sorprendido agradablemente lo bien señalizados que están, en general, los accesos a los yacimientos, así como la claridad de los paneles explicativos instalados.

La ruta se complementa con diferentes centros de visitantes que amplían la información y contextualizan los yacimientos.

La historia de los íberos es todavía bastante desconocida, pero sabemos que terminó con uno de los primeros "choques de civilizaciones", tras la llegada del imperio romano a la península.

Esta ruta, que recomendamos ir descubriendo poco a poco, relata estos hechos, y es, además, un ejemplo de que la colaboración entre administraciones públicas es posible y puede dar buenos frutos sin un gasto extraordinario de dinero.

http://www.iberosenaragon.net/

Ventanas y escaleras


Una de las imágenes más repetidas en mis sueños creo que ha sido la de mi capacidad para salir de casa de mis padres por la ventana.
Era un tercer piso. No era algo como una sensación sublime de libertad al salir volando. Simplemente era una manera de salir sin ser visto. Yo sabía que por esa ventana, la de mi habitación en casa de mis padres, yo podía salir y alcanzar la calle sin problemas.
Bajaba como flotando suavemente. Nadie de los que pasaban por la calle se extrañaba de verme; o quizás nadie me veía realmente. No era algo de lo que yo quisiera presumir o me sintiera orgulloso. Era una habilidad mía particular que utilizaba cuando quería salir de casa sin que nadie se enterara.
Aunque, sin embargo, nunca fui capaz en mis sueños de realizar el trayecto contrario. No podía subir por las paredes o saltar hasta la ventana del tercer piso. Tenía, necesariamente, que subir por la escalera. Y entonces me encontraba con otra imagen repetida. Subía la vieja escalera, pero tras el segundo piso, encontraba el cuarto. Y al descender del cuarto, sólo encontraba el rellano del segundo. El tercer piso, la casa de mis padres, había desaparecido, sin que yo me diera cuenta; quizás en venganza por mi escapada subrepticia.
A veces yo pensaba que se trataría de una broma, que alguien, simplemente había cambiado el número del piso. Leía el nombre que figura en la puerta del cuarto izquierda, pero no era el de mis padres, sino el de unos desconocidos. A menudo me decidía a entrar (en sueños siempre he podido abrir todas las puertas que he querido…) y la casa se parecía a la que yo conocía, pero no era la misma. En alguna parte había una habitación a oscuras en la que cuando yo le daba al interruptor para encender la luz, sólo se iluminaba una bombilla muy pequeña y mortecina. Una luz tan débil y lúgubre que, para mí era mucho más atemorizante que la más completa oscuridad.

El sabor de unos melocotones


El sabor de unos melocotones.

Creo que el recuerdo más vivo, agradable y placentero que tengo de tres años de cooperante en Bolivia es el sabor de unos melocotones.

Duraznos le llaman allí y en otras partes de Sudamérica a los que los españoles llamamos melocotones.

Fue durante mi primer viaje a la zona de los Valles Cruceños, en abril de 2006. Como representante de los financiadores españoles, me iban llevando a conocer el terreno, las acciones implementadas y los lugares donde íbamos a comenzar un nuevo proyecto.

Una calurosa tarde paramos a charlar en el patio de la casa de un probable futuro beneficiario de nuestros módulos pecuarios. Casi sin darme cuenta tenía delante una canasta con unos treinta o cuarenta hermosísimos melocotones. Grandes y luminosos, como pequeños soles. Pero, sobre todo, sabrosos. Con ese sabor, ya olvidado y desconocido en España, retrocedí muchos años, hasta algún recoveco de mi infancia y disfruté como un niño inocente, pelando y saboreando ese placer jugoso y aterciopelado.

Ese momento lo compartí con Primitivo, un veterinario boliviano con el que aprendí muchas cosas. Sobre todo durante horas y horas de camino, conduciendo por rutas imposibles e interminables, que aprovechábamos ambos para charlar. Hablábamos, sobre todo, de trabajo, pero también de política, de música, de mujeres, de familia…

Nunca tuve un hermano mayor, pero durante esos años, lo tuve a él.

Tassili. Lugar de encuentro.


En lo más profundo del desierto del Sahara, existe un lugar llamado Tassili.

Es un laberinto de rocas y cuevas cubiertas de pinturas rupestres.

Durante miles de años, cuando la zona era húmeda y fértil, las diversas civilizaciones que pasaron por allí fueron expresando, a través de su arte, todo aquello en lo que creían, lo que necesitaban, lo que deseaban.

Todo el que llegaba por primera vez al lugar, respetaba lo que habían plasmado los anteriores. En ocasiones, lo asimilaban y lo enriquecían con nuevos aportes.

Este nuevo Tassili aspira constituirse también en un lugar de encuentro para todos aquellos que, voluntaria o casualmente pasen por aquí.